Día 10


Diario cuarenténico

Día 10

Diario cuarenténico anoche nos acostamos pasadas las 02.00 h de la madrugada, como siempre. El despertar, también como siempre, ha sido tardío. Esto es lo que les pasa a los bohemios maduros que llevan el horario cambiado. Bueno… ¿y por qué? Cada persona tiene unos hábitos y necesidades ni mejores ni peores. El nuestro es un horario nocturno.

Después de asearme fui directa al salón pensando escuchar a la lechuza nigromante de horrores, pero las sirenas se comieron su ulular. Una… dos… a la tercera encendí el móvil y cliqueé Spotify five versus free. Kaleo sonó por toda la casa. Me agrada el timbre de su voz y su ritmo es un recuerdo lejano de algún mítico del blue...

Estábamos desayunando cuando un WhatsApp nos avisó del fallecimiento de la mamá de un amigo. Nunca la conocí, pero sentí el dolor en mis carnes y, el mero hecho de no poder abrazar a J, lo acrecentó. Ambos teníamos lágrimas en los ojos. ¡Mundo! ¿Qué hemos hecho? Los mayores se nos marchan, ya no hace falta que se apruebe la eutanasia porque a este paso los mayores y los enfermos, y quizá, los sanos, nos vayamos al otro barrio. Entraremos en un hangar enorme con los pies por delante; las funerarias están desbordadas y no pueden enterrarnos o incinerarnos o simplemente darnos la paz.

¿Qué hago? Me hundo en mi propia miseria o tiro ‘palante’ aunque mi cuerpo se curve a cada instante y mis ojos se llenen de arrugas más y más. ¿Y qué más da? Suena la alarma del Huawei y ni caso. La cabrona insiste y al final la miro: PELU. ¡Ya te digo! Tenía hora para la peluquería, y, ciertamente, lo necesito. A este paso voy a parecer uno de los personajes de Poe después de sufrir catalepsia. Pediré a Amazon o compraré en Consum algún tinte; miraré un vídeo de YouTube para ver cómo se pone el pringue. Salga naranja o Piolín, por lo menos ocultaré un poquillo las canas.

¡Mierda! En el parque hay algunos canes y un sintecho meando en la palmera. Jajajajaaa…. ¿Cómo voy a llamar al 112 o al número que corresponda? El pobre ya tiene bastante… En FB he encontrado amigos perdidos que se prestan para ayudar telemáticamente a quienes los necesiten: maestros unidos. Me alegra la iniciativa. También he saludado a dos caballeros a los que les tengo mucha estima. A ver si me contestan. A veces no quiero preguntar porque temo que me den una mala noticia.

Bocanadas de aire estancado inundan la casa lavada con lejía y el olfato hecha de menos el olor a azahar del friegasuelos normal. No me agrada la lejía porque me recuerda a esa niñez perdida en el túnel del tiempo. Un tiempo que no deseo recorrer porque fue menos agradable de lo esperado… y porque, en estos momentos, estoy más sensible de lo habitual.

He hecho una clase de gimnasia a mi aire y después de la ducha me he comido un platazo de lentejas caseras. ¡Qué fáciles de preparar y qué buenas! Me he relamido de lo lindo con estas legumbres y los trocillos de chorizo, ajos, verduritas y patatas… que les he puesto. ¡Ricas! ¡Ricas! ¡Ricas! No hace falta caviar.

En el parque hay media docena de perros con sus amos y sin correas, acampan a sus anchas, corretean y juegan. Una estampa que se difumina minutos después y deja solos a los árboles que vuelan y a las fincas que los ven. Bajo la basura enguantada con guantes de lavar platos, se me acabaron los desechables y estos son de nitrilo que aguantan lejía así que cuando vuelva los lavaré con friegaplatos y desinfectante. Mi cabello no ha volado porque lo llevaba dentro del plumas, pero el aire era puro como el agua bendita y el viento bailaba con las ramas de las palmeras.

En el armario he visto un abrigo que me compré en Aliexpress hace unos meses… Lo que me ha recordado que en 2019 hice bastantes pedidos a China. He pensado más allá… el primer contagio registrado en Wuhan fue a finales de diciembre, lo que significa que el bicho andaba camuflado en gripes, neumonías y etc… antes. Tuve un constipado extraño y muy, muy fuerte –de esos que empapas las sábanas dos y tres veces por las noches. O sea, fiebre—, a finales de diciembre. Y sí… Este invierno he escuchado demasiadas toses y he visto demasiados mocos… A veces mi madre me llamaba Perico fantasías y tenía razón.  Me ceñiré a lo que diga el Ministerio de Sanidad.

Cerca de 40.000 contagiados y más de 500 muertos en un día. Sanidad estima que, si salieran a la luz los casos por diagnosticar, las inoculaciones ascenderían a 600.000 personas. Me he puesto a llorar. Hacía mucho que me reprimía, pero, hoy, no lo he podido aguantar. He llorado por los vivos y los muertos, por los héroes y los villanos, por lo que es justo y lo que es injusto, por las atrocidades que cometemos… y después nos asusta que en Wuhan hayan mercados de animales vivos o que los Mayas de Apocalypto cometieran atrocidades. Todos las cometemos.

@Anna Genovés
Martes 24 de marzo 2020

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