PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL en PLAYTIME



Guía de 'Películas que erizan la piel'

Vicente Muñoz Álvarez nos contagia su pasión por el cine de culto

José Ángel Barrueco, Jueves, 30 de mayo de 2019

Tras sus volúmenes Cult Movies: Películas para llevarse al infierno y Cult Movies: Películas para la penumbra, el escritor leonés Vicente Muñoz Álvarez publica Cult Movies: Películas que erizan la piel (Canalla Ediciones), en esta ocasión con textos centrados en filmes de terror y/o suspense y en filmes que le hayan estremecido aunque tal vez no todos cumplan los requisitos del género.

Para quien no conozca los libros anteriores, consisten en compendios de reseñas breves, muy subjetivas y literarias, en las que (él mismo lo ha afirmado en varias ocasiones) no pretende alumbrar un manual repleto de análisis técnicos, sino compartir una especie de diario personal en el que despacharse a gusto con todas aquellas obras que le han marcado de una u otra manera y que cree que nadie debería perderse. Por eso todas ellas destilan un elemento sustancial: pasión. Y la pasión de Vicente Muñoz se contagia, obliga al lector a tener a mano siempre los portales de IMDb y de FilmAffinity, a consultar esas películas (las haya visto o no, las recuerde o no, le suenen o no), a averiguar si es posible revisarlas o verlas por primera vez. En este nuevo repertorio del autor no faltan las menciones a escritores que influyeron en su formación, a cineastas que quizá no están aquí por diversos motivos pero a los que él termina aludiendo, a obras y nombres que uno va anotando.

Además de esta pasión que Vicente inocula en todo lo que hace, su lectura es adictiva porque nos descubre, en mayor o menor medida, títulos marginados o malditos. Es posible que, de un director muy popular, elija la rareza, la película de debut, el filme que impactó en audiencias minoritarias aunque luego ese director se vendiera al sistema y empezara a rodar obras más monótonas o menos personales: por ejemplo los casos de Walter Hill, de Neil Jordan o de Ted Kotcheff, que aparecen aquí reseñados gracias a tres peliculones a los que yo también rindo culto (La presa, En compañía de lobos y Despertar en el infierno). En varias páginas, quizá sin proponérselo, Vicente nos demuestra que muchos cineastas están en plena forma y dan lo mejor de sí mismos cuando nadie los conoce, o cuando les obligan a ajustarse a un presupuesto bajo, o cuando no cuentan con grandes medios ni estrellas pero les sobra entusiasmo.

Otra de las virtudes de este volumen es que hay cierta predilección por el cine de finales de los 60 y principios de los 70, que fueron los años de aprendizaje del autor, el tiempo en que adiestró su gusto cinéfilo porque éstas eran las películas que veía en los cines; sin olvidarnos de los primeros 80, cuando el gran Chicho Ibáñez Serrador programó aquella inolvidable tanda de películas bajo el título de "Mis terrores favoritos".

Notable me parece su labor de cicerone en el cine italiano y español de aquellos años. Porque Vicente nos recomienda que veamos filmes que en su día pasaron desapercibidos y que hoy son de culto, aunque siguen sin ganar popularidad: El cuerpo y el látigo, Amador, La llamada, El tercer ojo, El monte de las brujas, Huellas de pisadas en la luna o Héctor, el estigma del miedo, por citar unos pocos.

Pero que nadie se asuste: no todos son títulos difíciles de encontrar o están extraviados en el olvido… También hay espacio para películas que a todos nos parecen de cabecera: Freaks, Psicosis, La noche del cazador, La semilla del diablo, El resplandor, La matanza de Texas, Dead Man, Inseparables, ¿Quién puede matar a un niño?, Arrebato, Perros de paja, ¿Qué fue de Baby Jane? o Réquiem por un sueño. Porque Vicente, y ésta es otra de sus virtudes como cinéfilo, no se pone barreras, no es un espectador sujeto a prejuicios, ni a modas, ni a etiquetas. Si algo le gusta, sea de primer orden o sea de serie Z, lo anunciará sin tapujos y sin temor al qué dirán (y, créanme, en las listas de cine siempre hay gente que prefiere mentir antes que reconocer que le entusiasman las locuras de Russ Meyer).

En estos tiempos de sobrecarga de información, donde todo dios con una cuenta de Twitter se cree crítico de cine y analista político, donde hay tanta oferta cultural que acabamos abrumados y perdemos horas en elegir la próxima serie o la próxima película para degustar, necesitamos cada vez más la figura de prescriptores que nos guíen por los géneros, que nos señalen y nos aconsejen qué debemos oír, leer y visionar. Necesitamos a personas como Vicente Muñoz Álvarez, que hagan el papel que, antaño, hicieron en televisión José Luis Garci o Chicho Ibáñez Serrador.



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