¿Cómo eran las cubiertas de los libros en las vanguardias?




















Hasta el día 5 de mayo, la Biblioteca Nacional acoge la exposición La seducción de un libro, comisariada por Alicia García Medina. La muestra me parecía bastante atrayente, y una servidora se ha pasado por allí. Es una sala pequeña, pero repleta de información. De hecho, el folleto de presentación que hay a la entrada es bastante completo. A continuación, os hablo sobre lo que significaron las vanguardias para el sector editorial de nuestro país, en concreto, en las cubiertas de los libros. Avanzo que hay algunas dignas de admirar. ¡Cuánto ha cambiado el sector en este aspecto!


¿Por qué hablamos de las cubiertas del libro? Una cubierta corresponde al último elemento en el proceso de un libro, y debe de ser una fase muy importante, ya que muchas veces una compra por el ojo. La cubierta es el signo distintivo que caracteriza a la editorial y al autor. Es un medio publicitario cargando de significado por medio de ilustraciones, fotografías o fotomontajes.

La exposición se centra entre los años 1915 y 1936; o sea, en las primeras décadas del siglo XX, o en la denominada Edad de Plata. En este momento, la lectura llega a más público ya que el precio del libro se abarata. Esto implica que las cubiertas apuesten por un diseño más atractivo, tanto para el lector como para las librerías, donde la expresión artística adquiere gran relevancia. Son diseños altamente influidos por los movimientos que revolucionan el panorama político, histórico y social de países como Italia (fascismo), Alemania (nazismo) o Rusia (Revolución bolchevique).  

En las cubiertas quedará reflejado un gran gusto por el arte gráfico, con temas como los vínculos entre España y el continente americano, el avance tecnológico, el triunfo de la aviación, el surgimiento del nazismo, el desarrollo de la arquitectura y de las ciudades o el cambio del papel de la mujer. Todos ello se representan en la exposición en diferentes apartados.  

En este contexto, los artistas se encuentran imbuidos en las vanguardias del momento (cubismo, futurismo, surrealismo o dadaísmo) que harán del libro un manifiesto artístico. Por lo tanto, los artistas se muestran como personas autónomas con un arte muy personal que configuraban en las ilustraciones de las cubiertas con un gran afán de renovación con un espíritu rebelde y transgresor y, por lo tanto, con un contundente rechazo a la técnica academicista.


Solapando un poco con la Edad de Plata, en la etapa modernista nos encontramos las encuadernaciones de tapa dura y con el texto estampado, pero en la segunda década del siglo XX esto cambia y se sustituye el cartón por el papel o, lo que es lo mismo, el modelo en rústica, e impreso en color. 


¿Qué supuso que se imprimiese en color? Que las editoriales apostasen más por el dibujo, que se contratase a pintores, dibujantes e ilustradores. El libro pasa así, no solo a convertirse en un objeto, sino en un documento lleno de mensajes basado en un cambio empresarial (asociacionismo profesional y consolidación del editor), con una clara renovación tipográfica de formas geométricas, con la técnica del fotomontaje o con una clara influencia del cine, el cartel, el cómic o la ilustración.  

Esto conllevó un cambio sustancial en la industria editorial del libro. De hecho; en todo este proceso, se distinguen dos etapas, la primera romántica con el acceso de la burguesía a la cultura y a la industria; la segunda industrial, donde las tareas tradiciones (edición, impresión y comercialización) recaen sobre el editor, el impresor y el librero. 


Cartel de la exposición

 

A finales de la primera década del siglo XX se celebraron dos eventos que impulsaron la actividad en el sector. Por un lado el Sexto Congreso Internacional de Editores, y, por el otro, la Primera Asamblea Nacional de Editores. Ambos eventos se tradujeron en cambios en el libro: formatos más reducidos y mayor diversidad de contenido. La editorial Calpe, por ejemplo, lanzó la Colección Universal en 1919, primera de bolsillo en el mundo, que se comerciaba también en el kiosco, abriendo así otra nueva línea de distribución. Para hacernos una idea, a principios de siglo se editaron 1318 libros, y en 1918 se registraron un total de 40 282. Casi nada. 

En la década de los años 20 se inventaron las colecciones populares: El Cuento Semanal, La Novela de Bolsillo, La Novela Semanal, etc., con el nombre de sus ilustradores en las cubiertas. También en esta década, en 1922, se creó la Cámara Oficial del Libro de Madrid. Una de sus actividades fue convocar concursos bibliográficos, lo que generó una mayor inventiva a la hora de diseñar las cubiertas. 

El golpe de Estado de Primo de Rivera, 1923, tuvo gran repercusión en la Generación del 27 y en la creación de nuevas editoriales, como Aguilar y Juventud, también con importantes diseños en sus cubiertas llenos de creatividad. 

A finales de la década de los años 20 había dos centenares de editoriales en activo. Se publicaron 2443 nuevos libros. Durante la Segunda República se crearon 9000 bibliotecas, así como la Feria del Libro o el Instituto del Libro Español. Todos con el objetivo en común de aumentar la producción, mejorar la calidad y difundir los contenidos.


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CUBIERTAS

La revolución rusa

Las composiciones supremacistas alcanzan la máxima pureza de la abstracción geométrica. Se basan en formas elementales como el cuadro, el círculo y la cruz en negro, blanco y rojo.

 Francisco Rivero Gil

Esta composición pertenece al dibujante Francisco Rivero Gil. Se especializó en la ilustración de cubiertas para Espasa Calpe y España. Sus trabajos se caracterizan por un trazo sencillo y las grandes manchas de colores planos con gran fuerza visual. Dota a las formas de una gran claridad expresiva. 






















La mujer de los años 20

En esta etapa encontramos una imagen renovada de la mujer, que a su vez inspira a los artistas. Suele ser una mujer de pelo corto, delgada y asexuada. Un modelo de mujer alejada de los viejos cánones estéticos. 




Metrópolis

El diseño de estas cubiertas está influido por la revolución arquitectónica de principio del siglo XX. Los arquitectos conciben una ciudad de tipo racionalista, con rascacielos, naves industriales, fábricas y automóviles, gran símbolo de la modernidad. Todo ello se representa con superficies geométricas y líneas rectas. 




Esto es solo una breve muestra de todas las cubiertas y temas que hay, pero La seducción del libro es una exposición que merece la pena. Aunque una de las cosas que he echado en falta ha sido alguna audioguía, por simple que fuera. Pero bueno, no se puede pedir todo. La seducción del libro es válida para cualquier amante de los libros. Tardas muy poquito en verla, pero si casualmente estás por la zona de Colón, no dejes de visitarla. Ya sabes que en la BNE hay otras exposiciones simultáneas y después puedes meterte a otra. 

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