Shane y otras historias, de Jack Schaefer



Como todo cinéfilo sabe, Shane es el título original del mítico filme Raíces profundas. Se inspiraba en el relato homónimo (o más bien novela corta) de Jack Schaefer, que publicó Valdemar en su Colección Frontera y que vale su peso en oro. Si os gustó la película (y si os gustaron El jinete pálido, Django o Infierno de cobardes, entre otras, pues todas homenajean en mayor o menor medida al personaje de Schaefer), no os perdáis este librazo. La historia de un forastero cargado de secretos que recala en un pueblo y ayuda a los indefensos fue elegida la mejor novela western del siglo XX por la Asociación de Escritores de Western de América.

Shane es un personaje inolvidable, un tipo de una pieza que a veces suelta sentencias que dejan de piedra a sus enemigos, pero también a sus amigos:  

Y no te dejes engañar por la calma. Cuando hay ruido, sabes dónde mirar y qué ocurre. Pero si hay calma, es cuando debes andar con más cuidado.

Shane es un pistolero extraño y misterioso al que en seguida el narrador, entonces un muchacho, convierte en su ídolo. Es un hombre que va a tomar las riendas del problema al que se enfrentan los colonos del pueblo al que llega: son acosados por un ranchero para quedarse con sus tierras. Este modelo de argumento luego lo vimos en montones de películas, pero Schaefer fue (si no me equivoco) el pionero.

El volumen incluye cinco relatos más: "Cooter James", "El coup de Lanza Larga", "Ese caballo llamado Mark", "Jacob" y "Harvey Kendall" (probablemente el mejor de los cinco). Y la presentación, de Alfredo Lara López, es un lujo (como es habitual en los libros de Frontera). Shane y otras historias demuestra, una vez más, que un western bien escrito está a la altura de cualquier narración de otro género; y lo digo porque antaño la mala fama lastraba a los westerns literarios. Aquí van dos fragmentos de la primera historia:

-Llamadme Shane –dijo; luego se dirigió a mí–: Te llamaré Bob. Estuviste observándome durante un buen rato cuando me acercaba por la carretera.
No era una pregunta. Era una simple afirmación.
-Sí… –tartamudeé–. Sí, así es.
-Bien –dijo–. Me gusta. Un hombre que vigila lo que pasa a su alrededor logrará lo que se proponga.

**

Durante todo ese tiempo nadie dijo ni una sola palabra. Ninguno de ellos hubiera interrumpido a aquel hombre ni siquiera por un año de salario máximo. Shane habló y su voz atravesó la estancia en dirección a Red Marlin.
-Será mejor que te lo lleves a casa y le entablilléis ese brazo. Cuídalo mucho. Tiene los mimbres para ser un buen hombre.
Luego, volvió a olvidarlos a todos, miró a Chris y continuó hablando como si aquella figura inerte pudiera escucharle.
-Solo tienes un defecto. Eres joven. Esa es la única cosa que el tiempo siempre cura.
El pensamiento pareció dolerle, caminó hacia las puertas batientes y las atravesó saliendo a la noche.

  
[Valdemar. Traducción de Marta Lila Murillo]

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