Enemy


He visto las últimas películas de Denis Villaneuve (Polytechnique, Incendies, Prisoners y Enemy) y me parece uno de los cineastas imprescindibles de esta época. Admiro su capacidad para manejar el suspense, para contagiar el desasosiego, para hacer que ciertos aspectos de la vida corriente se vuelvan inquietantes y se transformen en obsesiones y paranoias y descensos al abismo.

Partiendo de una novela de José Saramago que no he leído (El hombre duplicado), y con una cita inicial del propio escritor (El caos es un orden por descifrar), Enemy es un tratamiento notable del tema del doble, con alusiones o influencias de David Lynch y de David Cronenberg, entre otros: pensemos en ese sueño del protagonista en el que aparece una mujer desnuda con cabeza de insecto, o recordemos que Sarah Gadon ya salía en Cosmópolis, o notemos que hay una breve intervención de Isabella Rossellini, o pensemos en esos planos oscuros dominados por una música opresiva y una atmósfera plena de desasosiego, o en esa dualidad que confronta a un buen tipo con su malvado doble o hermano (pienso en Inseparables).

Enemy te introduce poco a poco en un mundo de paranoias lleno de preguntas, que por supuesto el director no responde, dejando que sea el propio espectador (manténganse alejados los espectadores conformistas y, en general, el público que lo quiere todo mascado) quien resuelva las incógnitas. En este sentido, Enemy es del estilo de Mulholland Drive, aunque no tan compleja. Un día, un aburrido profesor (un extraordinario Jake Gyllenhaal), que de vez en cuando se acuesta rutinariamente con una mujer (Mélanie Laurent), descubre en una película de dvd que existe un actor idéntico a él (Jake Gyllenhaal), y se propone conocerlo y descubrir su vida, contactando primero con su esposa (Sarah Gadon). A partir de ahí, “todo son preguntas”. ¿Adam y Anthony son hermanos gemelos a los que separaron al nacer, manteniéndolo en secreto? ¿Es cierto que todos tenemos un doble? ¿Es una paranoia que sólo está en la cabeza del profesor, o es al revés… y es el actor quien sueña al profesor? ¿Quiénes somos, en verdad?

La película, que como dije antes incide en un tratamiento opresivo, de tempo lento, casi asfixiante, es capaz de ofrecernos esas diversas capas. Nunca queda claro qué es lo que está pasando. Pero juegan un papel fundamental los sueños (los que tenemos dormidos y los que tenemos despiertos) y la teoría que desarrolla el profesor al principio cuando explica cómo las dictaduras oprimen a los vencidos y cómo recortan la cultura y la enseñanza para tenerlos dominados. Es un filme espléndido, para ver varias veces y, se comprenda o no del todo, para dejarse envolver por ese clima hipnótico y pesadillesco con el que Villaneuve demuestra ser un alumno aventajado de Lynch y Cronenberg.  


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