Mímica.


11

ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada


Alejandra Pizarnik. Árbol de Diana.

I.
Se suicidaban tarde
siempre de óxido
y apagaban con cristales
lo que había empezado en otra vida
entre dos estómagos sedientos de noche.

II.
Se susurraban
("animal")
para simplificar
un ocaso amoroso
-cualquiera-
para vaciar el amor
sin que llore
y
sobre todo
para que no me apiadara
yo misma
o ella
de mí misma
o de ella
(ella,
mi yo catártico
que ahora habita el silencio:
ya abrazó la palabra
antes de ser animal
y olvidar el movimiento).

III.
Se hipnotizaban al oído,
decían:
"somos mímica
ojalá eterna"
y
-¡malditos!-
me escribían:
"vamos a dejarlo"
pero el sexo
y el pellizco del amor
les dejaba asesinados de brillo,
y siendo sonidos rotos
no se sabe
decir no quiero.

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