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Le llamaban Picha

Aunque Ignacio tuviese más cara de viejo, era a Josué a quién llamábamos Abuelo. Y a él, Pocho. Julián era Patachunga por su cojera. Patricia, Patacabra, y no me preguntéis por qué. Orgaz, La Fuga. Y a mí…

A mí me llamaban Picha.

5º de EGB. Recién llegado de un colegio de curas a uno público. ¿Qué edad teníamos entonces? ¿Nueve o diez años? Una época en la que cualquiera hubiese querido que le llamasen Indiana, Han, HarrySpiderman… Incluso Exterminador de Tontos.

Pero a mí me llamaban Picha.

En 1º de BUP entré en un instituto donde nadie me conocía y los profesores nos llamaban por nuestro apellido. Pero un día conté lo de Picha a mis nuevos compañeros. Y para la mayoría dejé de ser Marín. Incluso los había que llamaban por teléfono a casa y preguntaban a mi madre:

– ¿Está el Picha?

Y a mi madre se la llevaban los demonios.

Creo que, junto al Chino (siempre había uno de estos en toda pandilla que se preciase) era el único que tenía apodo en todo el instituto. Quitando a los profesores, claro: el Nazi, la Zanahoria¸ el Picoco, el Paleto, el Serdo…

Pero la cosa fue a más. Mis padres compraron un apartamento en Guardamar del Segura donde, aunque me costó, hice un grupo de amigos. Contra todo pronóstico, vista la rivalidad entre unos y otros, no de madrileños, sino de gente del pueblo. Volvió a salir el tema y, gracias a la creatividad de algunos, allí me convertí en Pichasman.

Estuve en Sevilla una Feria de Abril y casi me vuelvo loco, escuchando un minuto sí y otro también “¡Pisha” y yo pensando que alguien me estaba llamando.

Por aquellos tiempos la pregunta era siempre la misma:

– ¿Por qué te llaman Picha?

Y la hipótesis también:

– ¿Porque la tienes muy grande?

Aunque hubiese sido así nadie lo hubiera sabido. Ni en el colegio ni el instituto teníamos duchas para después de gimnasia, así que nunca jugamos a eso de comparar nuestros badajos. De modo que no podía ser ese el motivo.

No, el motivo era otro.

En 3º de EGB, en el cole de curas, tenía un compañero que, en lugar de mandarte a la mierda, te decía que te hicieras una paja. Y un día le pregunté qué era eso. Así de pronto se despertó mi curiosidad sexual. De modo que cuando llegué al público hablaba del tema como si tal cosa. Y como andaba todo el día picha parriba, picha pabajo… Bueno, igual que dos y dos son cuatro.

Hoy día, a los 38, aún hay quien me llama así (incluso sus esposas). También utilizo DJ Pichasman como “nombre artístico” para firmar las cintas que me grabo para el walkman.

Lo peor de todo es que hay otros que me llaman Lulu.

Pero esa otra historia…

 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Mercedes

    Madre mía, ahora sí que vas a ser el picha para todos. Lo de Lulú, anda, ya que te has puesto, nos lo cuentas otro día. Gracias por arrancarnos una sonrisa.

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