Madolyn (Michelle Dockery), es un agente judicial que debe trasladar a Winston (Topher Grace), contable de un mafioso reconvertido en testigo protegido para que testifique en su contra. El viaje será atravesando las nevadas montañas de Alaska en una avioneta pilotada por Booth (Mark Wahlberg), en realidad un asesino a sueldo cuya misión es acabar con ambos. Es el simple y, sobre todo, previsible argumento de AMENAZA EN EL AIRE. Pero luego te enteras de que dirige Mel Gibson, ganador del Óscar por Braveheart (1996) y nominado por Hasta el último hombre (2017), ganador del Globo de Oro también por Braveheart, premio al que también fue nominado años más tarde por Apocalypto (2006). Y piensas, coño, seguro que ha hecho algo original, que ha tirado de talento, que el guion tiene giros interesantes, con personajes con aristas y buenas interpretaciones. Nada más lejos de la realidad. Vamos al lÃo…
Está claro que estamos ante un trabajo de encargo y que MAL GIBSON solo lo hace por dinero. Y está claro que es una pelÃcula de bajo presupuesto, 10 millones de dólares. Y que las ideas propias son gratis, si las tienes. Y aquà no hay ni una. Los apenas 90 minutos de duración transcurren siguiendo un manido patrón lleno de clichés en su argumento y, lo que es aun peor, los personajes. Puras caricaturas. Empezando por la dura y empoderada agente judicial interpretada por Michelle Dockery (Downtown Abbey), el pusilánime y prigao testigo protegido al que da vida Topher Grace (Spiderman 3) y el pirao asesino de Mark Wahlberg (Boogie nights), que se convierte en el plato fuerte de la función por sus payasadas. Y asÃ, lo que se supone y vende como un thriller claustrofóbico se convierte en una comedia que desde sus primeros minutos sabes cómo va a acabar. Porque ni en eso MAL GIBSON se esfuerza por ofrecernos algo nuevo y toda su dirección podrÃa haberla hecho cualquier otro. No hay ni un solo sello personal. Nada. Y no hablamos de cualquiera sino del responsable, además de las mencionadas Braveheart, Apocalypto y Hasta el último hombre, El hombre sin rostro (1993) y La pasión de Cristo (2004).
En cualquier caso el negocio les ha salido redondo. 10 millones de presupuesto y 40 de recaudación. Pero es una mancha en lo que era una breve pero brillante filmografÃa como director. Un notable ejercicio de desidia. Está claro que un director no siempre puede hacer lo que quiere pero ahà están, por ejemplo, Spike Lee y su Plan oculto (2006), David Fincher y su Habitación del pánico (2002) o Francis Ford Coppola y Jack (1996) o LegÃtima defensa (1997). PelÃculas hechas por dinero, pero BIEN hechas. No como tú, MAL GIBSON. MAL.










