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Es el momento de Albert Rivera

Por mucho que se empeñen aquellos que ondean a los cuatro vientos la bandera de la república, en realidad lo que ellos añoran no difiere mucho de lo que tenemos ahora. Me explico. Entiendo, y comparto con esos republicanos las reticencias a aceptar que la sangre de algunos sea más valiosa que la de otros, y que por el sólo hecho de ser hijo primogénito de un rey, Felipe VI ya tenga derecho a serlo. Pero es lo que tenemos. Y no es tan malo como algunos creen. Es una persona preparada, que ha estudiado a conciencia, que ha dedicado su vida a aprender para poder ser Rey y servir así a sus “súbditos”, si se me permite la palabra.

Pero no es motivo de este post discutir si es mejor para este país una República o una Monarquía parlamentaria. Hasta ahora lo que he visto del nuevo Rey me ha gustado. También de la reina. Ahora bien, inaugurar exposiciones, visitar países, recitar discursos y repartir premios está muy bien, pero es sólo parte de su labor. Hay otra parte mucho más importante, que es actuar en situaciones políticas particulares que exijan de su mediación. Sin ir más lejos, proponer, tras unas elecciones, al mejor candidato para que sea presidente y pueda formar Gobierno. Lo obvio es elegir al candidato más votado. Así ha sido siempre. Pero ahora nos hemos encontrado ante un hecho insólito en la corta historia de nuestra democracia: el candidato más votado, Mariano Rajoy, no ha aceptado la designación del Rey, así que el turno le ha correspondido al siguiente candidato más votado: Pedro Sánchez. Pero como es sabido, este candidato, que sí ha cumplido con su deber y se ha sometido a la votación de investidura, no ha conseguido obtener una mayoría suficiente. Y así estamos ahora, metidos en un callejón donde la única salida es otro callejón sin salida: unas nuevas elecciones generales. Digo esto porque las posiciones de los cuatro partidos más votados son bastante firmes, y las encuestas no vaticinan cambios significativos en el balance de votos. PSOE y Ciudadanos seguramente mejorarán, pero por mucho que mejoren seguirán necesitando la abstención del PP o de Podemos para gobernar.

Entonces, llegados a este punto, ¿qué opciones nos quedan? Factibles, sólo dos. La primera, que el PP designe a otro candidato. O mejor dicho, candidata. Todos tenemos en mente a dos mujeres que serían capaces de consensuar un gobierno de coalición, con el apoyo de Ciudadanos y posiblemente la abstención del PSOE. Pero como esto no va a suceder, solo nos queda la segunda opción: que el Rey elija a Albert Rivera para formar gobierno. Ante situaciones extraordinarias, decisiones extraordinarias. Albert Rivera seguiría teniendo el rechazo de Podemos, pero él sí que podría conseguir la abstención del PP, evidentemente cambiando algunos términos del acuerdo firmado con el PSOE, y también tendría que convencer a Pedro Sánchez para continuar la coalición, pero intercambiando los papeles. Albert sería presidente, y Pedro vicepresidente. De cualquier manera sería igualmente un gobierno de concentración, con poderes repartidos entre PSOE y Ciudadanos, sin olvidar algo muy importante: necesitarán al PP para aprobar algunas propuestas, y a Podemos para aprobar otras.

Los que conocen mis tendencias políticas podrán decir, y tendrán razón, que se me ve el plumero. Es cierto que mi opción siempre ha sido Ciudadanos. Creo en sus propuestas, creo en Albert Rivera y en su equipo de trabajo. Si no estuvieran ellos yo no votaría. No puedo votar al PP, ni al PSOE, y mucho menos a Podemos. Votaba a Rosa, pero ahora ya no está. Por tanto sí, quiero que Albert sea presidente. Pero la cuestión no es esa. La cuestión es que no hay otra salida. El comportamiento del PP en todo el proceso ha sido lamentable. Ha rechazado la designación del Rey, ha rehuido negociar con los demás partidos, y ha dejado a Pedro Sánchez someterse a un plebiscito que de antemano todos sabían que iba a perder. Podemos, como tercera fueza más votada debería ser el siguiente, pero por lo visto sólo quiere poder y anarquía. Exigir la mitad de los ministerios y el referéndum de Euskadi y Cataluña es una completa locura y el PSOE no podía aceptarlo bajo ningún concepto. Tampoco el Rey, entre otras cosas porque es anticonstitucional. ¿En qué cabeza cabe? Aparte, juntar a IU, PSOE y Podemos tendría sentido, pero sumar a Esquerra, PNV y CIU es sencillamente imposible. Llamar a eso coalición es un sinsentido; denominarla “de progreso” provoca risa. Recientemente Pablo Iglesias ha cedido y ha dado algunos pasos positivos, pero sigue rechazando cualquier participación de Ciudadanos en una hipotética coalición a tres bandas, por tanto siguen sin salir las cuentas. Sólo Pedro Sánchez y Albert Rivera lo han intentado de verdad, lo cual es muy loable, pero su éxito, dado el rechazo claro de Podemos, pasaba por la abstención del PP, y ahí han estado torpes los dos. Rivera por dar apoyo al PSOE en ciertas medidas que suponían una regresión de leyes aprobadas por el PP en la anterior legislatura. Sánchez porque en la investidura se dedicó a atacar duramente al PP en lugar de a pedir su voto, o al menos su abstención. Pocas veces he visto torpeza política mayor.

Con ese gesto, y con el doble rechazo del Congreso en las votaciones, Pedro Sánchez creo que ha quedado invalidado como candidato al menos hasta que se repitan las elecciones. Reconozco que me ha sorprendido para bien su actitud en los últimos meses, pero ha sido excesiva su beligerancia con Rajoy y su obsesión por echar al traste gran parte del trabajo realizado por el PP durante cuatro años (no voy a defender lo hecho por el PP, pero si se opta por tirar a la basura todo lo que han hecho los predecesores cada cuatro años, este país sería una caos). Rajoy, si sigue empeñado en presentarse él como única opción posible del PP (me cuesta muchísimo entender esta obstinación), va a seguir teniendo el rechazo de todos los partidos, un rechazo que se ha ganado a pulso. Seguirá siendo la fuerza más votada, sí, pero, ¿de qué le servirá si sigue despreciando a todos los demás? Sin mayoría absoluta, Rajoy no va volver a ser presidente.

Por tanto es el momento de que el Rey de un paso adelante. Forma parte de su cometido. Su padre ya lo hizo: arriesgó todo y optó por Adolfo Suarez, un auténtico desconocido, y la jugada le salió bien. Mucho mejor que bien. La situación no es comparable, por supuesto. Juan Carlos, antes de aprobarse la constitución, había heredado al cien por cien los poderes de Franco, y Felipe no puede hacer más que proponer. Pero sólo con el hecho de proponer, el Rey obligaría a todos los partidos a posicionarse.

Estamos viviendo un momento político muy interesante, con tres personajes con ganas de cambiar la forma de hacer las cosas. Pedro Sanchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. Podremos ser más o menos afines con las políticas que proponen, pero ahora hay que tener altura de miras y pensar en que el tiempo se acaba y las opciones reales de tener un gobierno medianamente estable también. Si se opta por unas nuevas elecciones, corremos el riesgo de que todo siga igual. Y ese es un riesgo que no podemos correr. El Rey tiene obligación, igual que la tendría el presidente de una República, de velar por esta estabilidad y de aportar soluciones cuando los demás no son capaces de encontrar el consenso. Y en mi humilde opinión el Rey no está cumpliendo.

Así que, Señor, cumpla con su obligación. Arriésguese, y proponga a Albert Rivera. No tenemos nada que perder. Si no funciona, habrá nuevas elecciones.

 
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2 de respuestas

  1. Un contribuyente cabreado

    Menos mal que el Rey no propuso a este Torquemada catalán, caudillin Rivera, que echa a latigazos a un tio de Murcia por meras irregularidades administrativas (que hasta los mismos denunciantes del PSOE dicen que van a ser archivadas) y en cambio, desvergonzadamente, mantiene a un supuesto ladrón de casi medio millon de euros en la alcaldia de Granada. Este Caudillito catalán es más autoritario que el de la Coleta, que ya es decir.

    • miguelabollado2012

      Bueno, te fijarás en la fecha del articulo, y recordarás la situación de bloqueo en la que estábamos. PP y PSOE solo tenían un nexo común, que era Albert Rivera. Todas las opiniones son respetables, claro, y como no conozco bien lo de Murcia (por lo poco que sé me pareció exagerado, sí) o lo de Granada, no puedo opinar. No estoy de acuerdo en tu insultillo con dejes fascistas, y tu comparación (a peor) con Pablo Iglesias me produce risa. Creo que está dejando bien claro dónde y con quién está su partido

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