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(In)activismo LGTB

Se ve que 64 es una cifra ridícula. Minúscula. A fin de cuentas, ¿qué son 64 agresiones homófobas entre enero y abril en una ciudad como Madrid? Una ciudad, como escribió Dámaso Alonso, de más de un millón de cadáveres. Una ciudad donde apenas resuenan el miedo, las heridas y el dolor de quienes han sufrido en cada uno de esos 64 ataques (y solo hablamos de los denunciados) la violencia del odio y de la ignorancia.

Por eso, imagino, ayer no éramos tantos como debíamos haber sido en la concentración de Sol. Hay excusas claro, que si era puente, que si era sábado, que si hacía sol, que si Sol -esa estación tan poco céntrica- me pilla lejísimos… Protestar es incómodo y, admitámoslo, tiene un punto cortarrollos fatal para un fin de semana en el que hay cosas mucho más importantes que hacer (con lo que cunde el tráfico grindérico en tardes así). Así que en la concentración apenas sumábamos -si somos generosos- unas 150 o 200 (exageremos, que lo mismo nos anima) personas. Una cantidad muy inferior a la que, en cualquier Orgullo, atesta los escenarios cuando canta tal o cual diva eurovisiva o se decide la elección de Mr. Gay.

Lo de ayer era mucho más gris, sin barras para hacerse con algo de bebida, sin escenarios móviles, sin posibilidad de cachondeo ni de quitarse la camiseta para demostrar lo mucho que nos ha cundido el gimnasio este año. Un acto aburrido y exclusivamente activista que no permitía carnavalización alguna, porque solo se trataba de reunirse, de llenar Sol, de hacer reventar la ciudad de gente que cree en la diversidad y de decirle un basta ya a la violencia lgtbfóba. De exigir medidas policiales, legales y, por supuesto, educativas. De recordar que mientras que la homofobia no se trabaje en nuestras aulas más que de manera transversal seguiremos asistiendo a episodios tan duros e inadmisibles como esos 64 ataques que ayer no dieron para reunir a más de 200 (y no, no éramos tantas) personas.

Me habría gustado escribir otra cosa. Contar que ayer fui testigo de cómo una ciudad -no solo gays, lesbianas, bisexuales o transexuales: ¿la violencia no es problema de todos?- se echaba a la calle para gritar un no a las agresiones. A la ignorancia. Al odio. Pero no salí emocionado, sino harto. Cansado de que siempre estemos las mismas y los mismos, aburrido de tener que escribir sobre estos temas una y otra vez y preguntándome si, de verdad, sirve de algo. Supongo que todo el mundo estaba ayer ocupadísimo. Que la vida en tiempos de Grindr no nos deja tiempo para mucho más. Que se nos ha olvidado lo que ha costado llegar hasta aquí. Por eso, en tardes como la de ayer, me cuesta no enfadarme con un colectivo que lleva demasiado tiempo anclado en la autocomplacencia y la ausencia de autocrítica. Un colectivo que ayer debería haber sido rotundo, masivo y presente, pero cuya ausencia suponía una bofetada a esas generaciones que se han dejado la piel (y, por desgracia, también la vida) para pelear unos derechos que ahora, ya conseguidos, no parecemos estar dispuestos a defender.

El oso, al menos, no se bajó del madroño y se sumó, sin vacilación, a nuestros colores y a nuestra causa. Algo es algo.

 
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3 de respuestas

  1. A la atención de :

    Dª. Esperanza Aguirre y el Grupo Popular del Ayuntamiento de Madrid.

    Recientemente, el Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid ha votado un paquete de medidas para intentar poner freno a las crecientes agresiones contra personas del colectivo LGTB en esa ciudad, en dicha votación, el Grupo Popular se abstuvo.

    Sepan ustedes que el terrorismo, consiste en intentar imponer por medio de la violencia, las ideas o la forma de vida que los terroristas consideran oportunas.

    Desde ese punto de vista, cualquier ataque que se produzca contra las personas LGTB, pueden y deben considerarse actos terroristas, tan repugnantes y tan criminales como el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

    En multitud de ocasiones hemos visto que su partido rechaza o descalifica a personas o instituciones que no condenan la violencia de ETA.

    Sin embargo el Grupo Popular del ayuntamiento de Madrid, ha tenido la desvergüenza de abstenerse en la votación de estas medidas destinadas a proteger no solo al colectivo LGTB y a sus integrantes, sino a algo mucho mas grande y mas complejo que se llama libertad y que es patrimonio de todos.

    La diferencia entre los que cometen atentados y los que no los condenan, es exactamente la misma que la que existe entre los que trabajan para evitarlos y los que miran a otro lado y permiten que se sigan llevando a cabo.

    Es cierto señora Aguirre, se han convertido ustedes, con su abstención, en cómplices pagados con dinero publico de los que intentan aterrorizar al colectivo LGTB para obligarlos a llevar la vida que a ellos les gustaría que llevasen.

    No es cierto, señora Aguirre que en España tengamos los mismos derechos que el resto de los ciudadanos, y no lo es hasta el punto de que si pretendo viajar con mi pareja en vacaciones, tengo que mirar una lista de países en los que simplemente por amar a quien amo me pueden condenar a muerte o a prisión.

    Le hablo de esos países con los que su partido no ha tenido el mas mínimo inconveniente en negociar, como es el caso de Arabia Saudita, Marruecos y muchísimos mas que puede usted consultar en los informes de Amnistía Internacional.

    No se si estarán ustedes orgullosos de su hazaña, pero le ruego que jamás vuelvan a pedir mi solidaridad ante un abucheo, un escrache, una paliza o cualquier otro hecho de esta índole, cometido contra usted o su partido.

    La diferencia entre nosotros es evidente.

    Nosotros si estaremos con las victimas, sean del colectivo que sean. A nosotros nos dolerán los muertos, ustedes solo los utilizaran en beneficio propio como han hecho con este paquete de medidas.

    Atentamente.
    Manuel Antonio Velasco Jimeno.

  2. […] (In)activismo LGTB […]

  3. Andrés Cotarelo

    Pego un extracto de Cómo ser gay, un libro de David Halperin que acabo de traducir. Suena bastante a lo que dices en tu artículo.

    “Está muy bien eso de congratularse porque los «queers de la veintena para abajo […] se sienten más o menos aceptados allá a donde vayan», al menos en Nueva York, y no quisiera en absoluto restarle importancia a tan buena nueva, pero tampoco me gustaría tener que dársela a Kevin Aviance (un brillante artista en vivo, o artista performance, afroamericano que dirigió dos talleres de mi asignatura «Cómo ser gay» en 2000 y 2001), a quien le rompieron la mandíbula media docena de tipos que le asaltaron a la puerta de un bar gay en East Village gritando insultos homófobos”

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