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La inmortalidad del cangrejo

Es mi novela más dura. La más personal. Y, posiblemente, si alguien me hiciese esa pregunta tópica de “¿Por qué libro te gustaría ser recordado?”, no dudaría en responder “por este”.

Su título, La inmortalidad del cangrejo. Su recorrido, dos veces finalista en sendos certámenes de novela, el Premio Río Manzanares y el Premio Ciudad de Badajoz, y un árido camino hasta que, al final, dio con la editorial perfecta para hacerse real: Baile del Sol. Una editorial tan comprometida y poco convencional como esta novela. Como sus personajes. Como la vida que me dejé en ella y que hace que, a fecha de hoy, siga siendo uno de esos textos de los que -con sus muchas o pocas imperfecciones- sigo estando orgulloso.

Por eso, aunque todavía falte mucho, no puedo dejar de compartir con todos vosotros la que para mí es una gran noticia: se presentará, oficialmente, el próximo jueves 6 de junio en la FNAC Callao de Madrid. En breve compartiré con vosotros el booktráiler -otro trabajo de los geniales Nuevenovenos, autores también del tráiler de Las vidas que inventamos-, y su cubierta -aún estamos trabajando en ella- y todos los detalles de un libro que me niego a explicar porque creo que, en esta ocasión, será él quien deba hablar por mí. Y me consta, por la fuerza de sus personajes, que lo hará sin problema.

De momento, eso sí, he decidido celebrar este lanzamiento -que se ha hecho oficial en una fecha muy simbólica para mí por motivos sentimentales…- compartiendo aquí el texto que irá en la cuarta de cubierta de la novela. Un texto donde apenas se esboza el contenido (no hay spoilers, lo prometo) y en el que, sin embargo, la editorial ha sabido sintetizar muy bien la esencia de la novela. Ahí va…

LA INMORTALIDAD DEL CANGREJO

Septiembre de 2001.

Alfredo tiene veintitrés años, un novio al que apenas ve, un trabajo basura que odia y una familia a la que no soporta.

La noche en que Álex, su mejor amigo, desaparece sin dejar rastro, se siente obligado a intentar dar con él. Su búsqueda lo llevará a adentrarse en una realidad cada vez más violenta y peligrosa, hasta que su mundo amenace con derrumbarse con la misma saña que las Torres del 11-S.

Un mundo obcecado en ser cangrejo y donde los titulares ya nos anunciaban, sin que lo supiéramos, cuánto habríamos retrocedido diez años después. 

 

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