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Desnudos

yermaA cierta empresa le parece que el cartel de Yerma diseñado para el CDN, un dibujo en el que se muestra el vello púbico en un desnudo femenino, puede herir nuestra sensibilidad.

No sé si resulta cómico o trágico -decídanlo ustedes- pensar que, en pleno siglo XXI seguimos escandalizándonos ante la visión de algo tan hermoso como un desnudo. Se ve que el peso ancestral de tabúes, religiones y otros tótems varios se empeña en limitar nuestra visión del mundo y hacernos creer que el cuerpo humano puede ser motivo de escándalo y de controversia.

La violencia, sin embargo, no parece causarnos el mismo pudor, sino que se puede mostrar con toda crudeza en cualquiera de sus formatos -televisión, cine, videojuegos, novela, cómic…-, libertad de la que no goza la exhibición del sexo y -¿casualidad?- menos aún si se trata del sexo femenino. Quizá tenga que ver con la maldición de la palabra vagina, que ya denunciara Eve Ensler en sus célebres monólogos, quizá con la misoginia atávica de la que habla el propio Lorca en esta Yerma a la que se acusa de no haberse sometido a una sesión de gráfica depilación.

Reacciones como esta nos llevan a creer que obras como El origen del mundo de Courbet provocarían hoy -dos siglos después- la misma polémica que promovieron en su tiempo. Porque seguimos prefiriendo las hojas de parra a la desnudez. El disfraz a la piel.

Me pregunto qué habría pasado si el cartel de Yerma no fuera el dibujo de un desnudo femenino, sino la representación -también gráfica y simbólica- de  una escena violenta: un asesinato, un ataque, un suicidio, una amputación… Seguramente habría pasado desapercibido entre otros tantos anuncios de zombis decapitados, psicópatas gore y criaturas homicidas de diversa raigambre ficcional. Al igual que en ciertas series o películas es mucho más habitual encontrarse con escenas teñidas sangrientas que con desnudos -femeninos o masculinos- por parte de sus protagonistas.

En una sociedad tan mojigata, es normal que novelas como las Cincuenta sombras de Grey sean todo un éxito. Resulta lógico que un libro tan edulcorado, vacío y, sobre todo, pudoroso como ese resulte provocador y casi pornográfico, aunque sus fantasías no superen las tímidas historias de los consultorios de ciertas revistas adolescentes. courbetSupongo que hay a quien le falta -entre otros-  mucho libro de Miller o Sade por leer…

Que el cartel vetado sea el de una de las obras emblemáticas del teatro lorquiano es, a su modo, casi una metáfora. Y no de que hayamos vencido muchos de los demonios que acechan a las mujeres de sus obras sino, lamentablemente, de que esos demonios -los de la hipocresía, los de la represión, los de la censura- siguen, en pleno siglo XXI, más vivos y ruidosos que nunca.

 
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4 de respuestas

  1. fguillen

    Touché!.. tenemos la moral completamente pervertida.. es de preocupar.

  2. Es terrible esta sensación de ir para atrás como los cangrejos en temas como la intimidad y la aceptación del propio cuerpo 🙁
    Y, en cambio, la tolerancia hacia la violencia más explícita y gore no cesa de aumentar. Para mí un caso paradigmático es La legión del águila, una película que narra un hecho histórico -una legión romana que desapareció sin dejar rastro en una incursión por el norte de Inglaterra- con un estilo narrativo que no deja de ser un western. Pertenecería a ese subgénero de la conquista del territorio en el que un grupo de soldados o pioneros se adentran en suelo indio y se produce una suerte de cacería mutua. Como amante del western, no me habría desagradado la película de no ser por esa actitud tan frecuente hoy en día de olvidarse de narrar para recrearse en mostrar un sinfin de miembros mutilados, salpicaduras de sangre y casquería barata. Salí del cine cabreadísima. Si quiero ver gore, voy a una peli gore, no a un peplum.

  3. Por cierto, tu mención al genio Courbet me ha recordado a otra polémica estúpida de hace algunos años que me llevó incluso a hacer una tira cómica: http://lopezsanchez.blogspot.com.es/2013/01/el-origen-del-mundo-o-como-cada-dia.html

  4. Cuando he leído el titular del artículo he pensado precisamente en lo que he estudiado en historia del arte y en esa sensación de que quizá tiempo atrás se era más abierto de miras que ahora (también en la narración de escenas con alta carga erótica, que hay quien piensa que son una novedad, pero no…). Eso sí, pienso que a lo largo de la historia el desnudo femenino se ha utilizado a menudo para buscar el placer de la mirada masculina, y en ese sentido considero que el desnudo masculino debería tener más visibilidad, tanto en imágenes como en películas. La igualdad debe darse en todos los campos.

    Un abrazo.

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