Home Archive for category "Otras entradas" (Página 7)
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La tabla a la que agarrarse

¿De dónde nos nace este anhelo tan humano por saber, por conocer? Siendo como somos insignificantes, es heroico nuestro empeño en desentrañar los misterios del universo. Nos asombramos por el hecho de que una hormiga cargue sobre sí con el peso de una hoja varias veces superior al suyo y apenas reparamos en que unos

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Las anteojeras

Partamos de la distinción entre lo que es y lo que debería ser. Del mundo del ser, se encarga la Física y el mundo del deber ser es cosa de la Ética. La Ética, sumariamente, se ocupa de cómo debe comportarse un individuo para vivir conforme a su naturaleza humana. Lo que la Ética es

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Maestros

Lo vi estas últimas navidades. Íbamos Tomi y yo caminando hasta el río y él regresaba de paseo. Como siempre, me alegró saludarle: Qué alegría verle, Don Luis. ¿Cómo está? El Don no le pega a todo el mundo, igual que hay personas que siempre lo portan con donaire y naturalidad y a las que

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La partida

Parecen dispuestos a batirse. Hablan de deuda de honor, repiten, se lanzan entre ellos la palabra honorable como si fuera un arma arrojadiza, es cuestión de principios, insisten, marcan líneas rojas. Se quitan el guante y se lo lanzan, unos a otros a la cara. Se retan. A primera sangre. Al amanecer. Pero ya han

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La lágrima fue dicha

Ya pasó. El Niño ya nació, cambiamos de año y los Reyes llegaron con su séquito de pajes, dejaron los regalos y se fueron, por camino distinto al que vinieron, engañando así a Herodes. Y el año que viene volverá a pasar, volverá a nacer, comeremos las uvas de nuevo y de nuevo, periodistas hieráticos

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Meditaciones

“Apenas amanezca hazte en tu interior estas consideraciones”. Es noche cerrada cuando me levanto. Me gusta madrugar cuando nadie me lo impone, cuando es mi elección. Ni un ruido, ninguna distracción. Hasta los ratones duermen y las últimas moscas que insistían en vivir no superaron la semana pasada. Es el momento perfecto para releer estas meditaciones, antes del amanecer. “Tropezaré con algún entrometido, con algún ingrato, con algún insolente, con un doloso, un envidioso, un egoísta”. Así comenzaba Marco Aurelio el día, haciéndose la cuenta de lo que se iba a encontrar, pero sabiendo que, todos estos males -la ingratitud, la envidia, la insolencia, el egoísmo- les sobrevenían a los seres humanos por ignorancia. Marco Aurelio, emperador de Roma, escribía cada noche en su tienda de campaña, en el campamento de Carnuto, durante la larga y sangrienta guerra que libraba contra los germanos, a orillas del Rin, sabía que no podía enfadarse con ninguno de ellos pues él mismo participaba de su misma naturaleza, que con los hombres más deleznables compartía la misma inteligencia y chispa, pariente de todos ellos, de sus semejantes, no podía recibir afrenta de ninguno, ni ninguno mancharle con su infamia. Era el hombre más poderoso del mundo, señor de vida y muerte sobre millones de súbditos, pero sabía que nada en su naturaleza humana le diferenciaba del más mísero de sus siervos. Los dos últimos representantes de la escuela estoica fueron él, emperador, y Epicteto, esclavo. Ambos sabían que el ser humano no puede enojarse contra su pariente “ni aborrecerle, puesto que hemos sido creados para ayudarnos mutuamente, como lo hacen los pies, las manos, los párpados, los dos órdenes de dientes, el superior y el inferior”. Va saliendo el día, aunque la helada permanecerá durante la mañana. Oigo ruidos humanos por la casa, alguno ya se ha levantado. Cierro el libro, retengo en la lengua la conclusión a la que llega Marco Aurelio, pero preferiría conservarla en la memoria y grabarla en el ánimo: Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es ir contra la naturaleza. Y es tratar a alguien de adversario el hecho de indignarse o apartarse de él. Les deseo una feliz Navidad, de corazón. Salud www.oscarmprieto.com

 
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La historia más bella de la Tierra

Nada propicia más el desprecio que la ignorancia, el desconocimiento. Sólo valoramos aquello de lo que conocemos su valor y no siempre. Quizás por esto, por ignorancia de  todos los azares y vicisitudes que tuvieron que darse, implicando para ello a descomunales fuerzas cósmicas, para que surgiera la vida en nuestro planeta Tierra, quizás por

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Dios reconocerá a los suyos

“Perdonar a los terroristas es cosa de Dios. Enviarlos con Él es cosa mía”. No lo dijo en público, si no después de la rueda de prensa, en privado, lo cual le da más valor y veracidad. No albergo duda de que es esta su determinación, pues no tenía que engañar a nadie, lo dijo

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Felices los felices

La felicidad, ese objetivo escurridizo al que parece que estamos abocados desde la intimidad de nuestro código genético, o al menos esto es de lo que pretenden convencernos los anunciantes de cremas depilatorias unisex, de limpiabaños o de coches que convierten cada atasco matutino en un viaje al paraíso. Personalmente, no creo en la felicidad

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Cambios de hora

Me pregunto si los gorriones se han dado cuenta del cambio de hora. Los veo en las ramas del abedul, con esa ligereza suya, que a uno le entran ganas de hacerse diminuto, de que le salgan alas, para poder saltar sin quebrar rama alguna, tan sólo cimbrearlas. Pican con sus pequeños picos las hojas

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