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Media hora de silencio, de Daniel Pérez Morales

El género negro se alimenta de muchos factores, lo que justifica su diversidad de estilos narrativos, de tramas, de personajes. Las sagas de detectives o policías, incluso las sagas de delincuentes son algo inherente a él desde que nació, algo recurrente. Y sin embargo no es obligatorio que cada autor tenga que tener un personaje fetiche que va paseándose por diversas historias en diversas entregas. Algunos autores optan por mantener vivo a un personaje durante toda su carrera. Otros lo ven contraproducente. Y los hay que abogan por tener un personaje fijo aunque no lo utilicen en todas sus novelas.

En cualquier caso, Daniel Pérez Morales parece que ha optado por la fórmula de la saga, aunque tenga en mente como un reto terminar por escribir algo distinto como paréntesis literario a sus personajes, Noah Page e Isabelle Lemaire, que aparecen por primera vez de la mano de la editorial Cuadernos del Laberinto en su primera novela “Acer Nigrum”. Daniel es español, madrileño, de Canillejas, para más señas, un barrio muy literario. Siendo el autor un tipo de mi barrio, lo primero que llama la atención es el título de la obra, que viene a significar arce negro, una especie arborícola que ya os digo yo que en Canillejas brilla por su ausencia. Es una especie de la que se extrae el jarabe de arce. Ya os digo yo que en Canillejas se lleva más el jarabe fermentado de uva y de cebada. Sin embargo es el dulce de Canadá, algo que adquiere todo el sentido cuando leemos la novela y vemos que hasta allí se ha ido Daniel con su trama y sus personajes. Y ¿por qué un tipo de Canillejas se va hasta Canadá? Pues porque me informan de que Daniel recuerda a una tía suya que vivía allí y que cuando venía a visitarlos les enseñaba fotos. Y como la mente de un niño es tan imprevisible como caprichosa, la de Daniel aprehendió de aquellas fotos paisajes y costumbres, y de esa fascinación vienen estos textos.

Como ya he dicho, “Acer Nigrum” es la primera de la saga. En ella, el autor nos presenta a sus personajes, Noah Page e Isabelle Lemaire, dos agentes antagónicos que ejercen un contrapeso mutuo entre ambos, algo que suele funcionar bien en Literatura si se enfoca bien, como lo ha hecho Daniel. Rodeados de bosques de arces negros, los dos policías deben enfrentarse a un depredador sexual asesino en serie. La segunda novela es “Sin aire”, un nuevo caso para la peculiar pareja policial en el que tendrán que enfrentarse a un asesino en serie que parece surgir del pasado. También tendrán que enfrentarse a sí mismos, a su pasado y a sus miedos, y saldrán adelante una vez más con el impulso que provoca la extraña simbiosis de sus personalidades.

La tercera entrega es “Media hora de silencio”. El lector se sumerge en ella con la confianza de conocer ya mucho mejor a la pareja policial, pero sabiendo que sus peripecias no van a ocurrir como si esto fuera una balsa de aceite. Muy al contrario, el lector espera esos sobresaltos, esas situaciones al límite que sin duda vuelven a aparecer con más fuerza si cabe. La novela nos narra el crudo asesinato de los cuatro miembros de una familia en su propia casa y la trama se ve salpicada de otros crímenes de personas que han tenido que ver con Camille Diers, que parece ser el foco u origen de tanta crueldad. La investigación apunta hacia una pequeña secta llamada “La Congregación del Libro Antiguo” y a unos crímenes envueltos en el fanatismo religioso que coinciden con la visita del Papa a Montreal.

La investigación, el desarrollo y el desenlace de la novela son impecables, como si Daniel fuese uno de esos autores guiris famosos con unas decenas de novelas a sus espaldas. Pero aun siendo esto cierto, uno de los fuertes de la saga son sus dos personajes, su fuerza y las situaciones límite del trabajo policial que afectan a su propia relación y al terreno personal de sus respectivas vidas.

En “Media hora de silencio” se trata el tema de las sectas religiosas y de cómo el fanatismo y el lavado de cerebro de los adeptos a cargo de la figura del líder, que suele ser un psicópata con don de gentes y con el suficiente carisma como para manejar las mentes de los acólitos en su propio beneficio, puede llevar a catástrofes de proporciones espantosas en cuestión de pérdida de vidas humanas. En la novela se citan dos ejemplos: Waco y su líder, David Koresh, que propició la masacre de más de setenta personas, y el reverendo Jim Jones, que indujo al suicidio a más de novecientas personas en Guyana.

Por tanto, nos encontramos ante una novela de esas que propicia el reencuentro de los lectores con unos personajes que le cautivaron en las dos anteriores. Una novela que entretiene, sí, labor fundamental de la Literatura. Pero una novela que, además, te hace reflexionar. No diré aquello tan recurrente de que esta obra es la consagración del autor. Daniel ya está consagrado y bendecido desde su primera novela.

Por último, solo me queda mencionar la labor de Carlos Augusto Casas y Alicia Arés, los editores. Si os pegáis una vuelta por la web, veréis el trabajo de una editorial que, en materia de novela negra, abarca todos los palos del género. Además veréis que no solo es una editorial de novela negra, sino que también edita poesía y ensayo, así como narrativa en general. Y lo hacen con mucho cariño, creedme.

Daniel Pérez Morales: (Madrid, 1974). Escritor por vocación. Cursó Escritura Creativa en la London School of Journalism. Ávido lector de autores de narrativa norteamericana como Cormac McCarthy, Don Winslow o James Ellroy.

En la actualidad compagina su actividad literaria con la de guitarrista en una banda de rock.

Ingeniero Técnico de Telecomunicación por la Escuela Politécnica de Madrid, cursó estudios de postgrado de Tratamiento de imágenes médicas y de Teledetección por satélite en la Universidad Carlos III.

Desde sus inicios en una compañía tecnológica ubicada en Nynäshamn (Suecia), hasta la actualidad, en Madrid, ha desarrollado toda su carrera profesional en el ámbito de las Telecomunicaciones.

Es el autor de Acer nigrum y Sin aire, la exitosa saga de Isabelle Lemaire y el agente Noah Page.

 

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