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ALMAS GRISES II

A pesar de su título, en “Almas grises” no hay términos medios. Los personajes y sus vidas están descritos con rotundidad, con crudeza, sin compasión y sin un resquicio para el disimulo de sus defectos y sus miserias.

Su autor, Juan Luis Marín ha creado un protagonista sin afán de protagonismo: Doni es un policía aún joven, pero ya desengañado de todo, harto de  las mentiras y manipulaciones, asqueado de su trabajo y de la farsa de la vida. A pesar de todo, Doni admira a su jefa, Ángela, pero su relación se asienta en un difícil equilibrio personal. Y su compañero Samuel no es santo de su devoción.

En estas condiciones, los tres tendrán que investigar un extraño asesinato perpetrado en mitad de una calle cualquiera de una ciudad decrépita y en el que nada cuadra. A las pocas horas, les informan de que se ha producido otro asesinato. Esta vez, la víctima es un conocido empresario. No hará falta mucho tiempo para que Ángela se de cuenta de que ambos casos están relacionados. Lo que ninguno imagina es que lo que van a averiguar, seguramente, no hubieran querido saberlo jamás porque se enfrentan a la adición más peligrosa: persiguen a auténticos yonkis del dolor ajeno, entre los que están Toledano y Castro, personas arrastradas por una espiral de violencia de la que ya no pueden escapar, porque se alimentan de ella. Además, el autor no nos ahorra ni un solo detalle, consiguiendo adentrarnos en ese submundo delirante y peligroso, zambulléndonos de lleno en la podredumbre de una de las mayores degradaciones humanas.

Así, el relato nos va presentando a unos personajes, que de forma extrema, tendrán que enfrentarse a su lado más oscuro y a sus debilidades más inconfesables, siendo conscientes de su escaso margen para mejorar.

En “Almas grises” no hay tabúes a la hora de tratar la falta de moral social, el sexo en su expresión más sórdida, los complejos enfermizos o la ética policial, extremando la decrepitud de los principios y lanzando un inquietante mensaje: todos podemos tocar fondo, solo depende las circunstancias.

Y en medio de este torbellino, Juan Luis Marín, como si se tratase de un guión de cine, nos conduce a través de una estructura que nos empuja a leer sin parar.

 
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