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El horario de las musas

Publicado en 3 diciembre, 2012 por en Posteando

Hace unos días, tras leer varios comentarios en Twitter sobre los mejores métodos a la hora de escribir, pregunté a mi TL si eso era realmente importante o deberíamos centrarnos únicamente en el resultado. Esta pregunta dio paso a todo un debate al respecto que me dejó claro que al menos, la mayor parte de los escritores, así lo consideraban. Y es somos muchos los que achacamos un buen resultado final a nuestros métodos y manías.

Me gustaría centrarme primero en la cuestión horaria. Respecto a esto hay dos grupos claramente diferenciados, los que se imponen un horario inamovible y los que esperan a que les llegue la inspiración y trabajan incansablemente hasta que esta les abandona.

Entre los casos más conocidos a la hora de imponerse normas que la llevan incluso a  fijar una fecha para comenzar a trabajar, está Isabel Allende. Cada 8 de Enero empieza a escribir, y es de la opinión de que en este trabajo donde no hay fecha ni jefe, tienes que imponerte una disciplina a ti mismo.

Sin embargo, hay otros como Ernesto Sábato, que opinaba que no se debe escribir si el tema no acosa, persigue y presiona, desde las más misteriosas regiones del ser.

Cuando hablamos de métodos la cosa cambia, resulta casi imposible que coincidamos a la hora de enfrentarnos a un papel en blanco, desde el escritor que no puede separse de su portátil, al autor que detesta la pestaña parpadeante y escribe en papel para luego transcribir al ordenador.

Hay quien le da forma a un solo capítulo que repasa incansablemente hasta quedar satisfecho con el resultado, y quien únicamente lo retoca una vez terminado. Algunos sentimos la necesidad de poner música de fondo y otros deben estar en el más absoluto silencio para poder concentrarse.

Puedes ser un escritor madrugador o noctámbulo, sentirte más cómodo a media mañana o a primera hora de la tarde, puede incluso que la necesidad de escribir te asalte a cualquier hora sin previo aviso, en la oficina o en medio de un sueño. Sea como sea, atendiendo a la lógica, el mejor método es siempre el que le funciona a cada uno, por eso nos sentimos tan apegados a las costumbres que hemos adquirido a la hora de escribir.

He leído multitud de opiniones al respecto buscando un nexo en común y parece que coincidimos en una única cosa, la palpable llegada de las musas. Todos los escritores somos capaces de sentir ese momento que se convierte casi en una necesidad, en el que somos más proclives a dejar volar la imaginación.

Por último, para que os hagáis una idea de hasta que punto los escritores consideramos importantes nuestros métodos, os dejo los comentarios que pedí que compartieran conmigo algunos compañeros y compañeras dándome su punto de vista, y a los que agradezco enormemente su opinión. Puede que os sintáis identificados con ellos o completamente contrarios a sus métodos, en cualquier caso, las aportaciones sobre el tema son bienvenidas.

 

Eduardo Perellón autor de El pozo de Harod http://www.amazon.es/EL-POZO-DE-HAROD-ebook/dp/B009NCW3NS/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1349716421&sr=8-1

Tengo una novela publicada y otra en el horno, y mi experiencia está clara: aunque mil veces me propongo un horario, descubro que éste no sirve de nada si «las musas han pasado de mí», que diría Serrat.
Entonces, de repente, hago, veo o escucho algo y una catarata de inspiración me inunda. Por eso siempre llevo encima algunas hojas de papel y un bolígrafo, porque uno no sabe dónde ni cuándo ocurrirá.
Al final lo que cuenta es el resultado y queda para el anecdotario personal aquellas cosas que contribuyeron a la creación de tal o cual escena, arrancando una sonrisa cuando se recuerdan.

Iñigo Sota, periodista, autor de Las distancias cortas http://editorialcoco.es/vmchk/libros-on-line-descargables/las-distancias-cortas-descarga-inigo-sota-heras.html?pop=0

En mi caso, suelo pasar por tres etapas, aunque a veces se confunden:

1. Cuando ya tengo claro más o menos qué tipo de historia voy a escribir, dejo que mi mente viaje durante unas semanas: que los personajes hablan por sí mismos, que las historias entre ellos se empiecen a construir hasta que empiezo a ver LA HISTORIA que se teje entre ellos.
2. Voy tomando notas sobre la trama y sus biografías: datos y más datos hasta dar con una primera aproximación a todo lo que sucede en la historia.
3. Me pongo a escribir, capítulo a capítulo.

Dalicia http://enlamadrigueradelconejoblog.blogspot.com.es/

Hace tiempo me ponía fechas, horarios que cumplir. Quería publicar en el blog al menos tantos días a la semana. Y me sentaba, y cuanto más dejaba la mente en blanco, o forzaba… menos salía.

Ahora escribo cuando me apetece», o cuando les apetece a las musas, y es curioso, escribo más.
A lo mejor no soy buen ejemplo, porque no puedo tirarme horas y horas escribiendo. O me sale, o no me sale :p
Supongo que por eso lo que escribo es cortito, microrrelatos les llaman por ahí, creo.

Curufhinwe http://fjlanas.com/

Pues yo simplemente me siento y escribo. No espero la inspiración ni me pongo a pensar en cosas, ni horarios, simplemente me siento y le doy al taco y no hay más. Como decía Picasso: Si llega la inspiración que nos coja trabajando.

Emilio Tejera http://emilio-tejera.blogspot.com.es/

En cuanto a métodos, manías y demás, me figuro que en este sentido creo mucho en las palabras de Flaubert acerca de que «uno no escoge las historias que cuenta, ellas te elijen a ti»; y eso también vale para el momento en que las escribes. Hay veces que tienes una idea en la cabeza, y o bien se olvida, o bien se madura lentamente durante años, y un día te da la sensación de «ya está, ahora toca escribir», y te pones. Hay historias que son muy sencillas de poner sobre el papel y sabes perfectamente qué viene ahora y qué después, y por tanto cada vez que te pones puedes adelantar un par de párrafos. En otras, en cambio, hay momentos en que dices «no sé a dónde va esta escena», dejas que ella te indique por dónde has de seguir, y te quedas parado esperando porque, si no sabes cómo termina ésta, a pesar de que sepas por dónde va a seguir el  resto de la trama, entonces no puedes continuar porque no estás viviendo lo mismo que los personajes (a veces necesitas caminar con ellos en cada paso y otras, en cambio, puedes desconectarte hacia el pasado o el futuro con la mayor facilidad).

En mi caso particular lo que suele ocurrir es que tengo que tener muy claro y haberle dado muchas vueltas al episodio/capítulo/momento que toca escribir a continuación, y sólo entonces me pongo. Por ello procuro estar escribiendo varias cosas a la vez, para, si me quedo atascado en una, poder continuar en otras. Y estos periodos para pensar requieren mucho tiempo libre, introspección y demás, con lo cual suele ocurrir que (absorbidos por la vorágine de la vida diaria) durante los períodos de intenso trabajo no literario la imaginación se estanca, y es en cambio tras dos semanas de descanso cuando empieza a fluir y a borbotear a toda velocidad. El problema es entonces que las vacaciones se acaben y tengas que volver al cruel mundo real, momento que suele verse acompañado de horas tomadas a la noche para conseguir redactar aquello que el corazón te pide que tienes que escribir, ¡ya mismo! Y luego aparte, por supuesto, como en la música, cuenta el estado de ánimo: algunos días prefieres ponerte con algo más cómico, otros en cambio prefieres «escuchar un blues»…
Supongo que hay tantas maneras de escribir como escritores. No sé cuál de los franceses del siglo XIX (creo que Zola) tenía bien claro dónde lo dejaba y lo empezaba cada día. Creo que Terry Pratchett se obligaba a escribir 500 palabras por noche y, como una jornada terminó una novela pero le sobraban palabras, empezó inmediatamente otra. Y tenemos el curioso caso de Philip K. Dick, que creo que sólo tiene dos historias escritas en ausencia del influjo de las drogas: creo que las más desconocidas, lo cual no es precisamente un aliciente para dejarlo.

Lorea García, autora de Oscuridad, Vol. 1- Retorno desde Rangun http://www.casadellibro.com/libro-oscuridad-vol-i-retorno-desde-rangun/9788492826377/2000806

Desde mi punto de vista el escribir es como la letra de cada uno, cada cual tiene su propio estilo. Supongo que en mi caso lo que mejor me ha funcionado hasta ahora ha sido cuando mi musa me toca la puerta para avisarme de que ha llegado, y esos son los momentos en los que cojo mi cuaderno negro de pastas duras, me calzo bien los cascos, música a tope y comienzan a brotar las palabras mezclándose unas con otras hasta que consigo mi párrafo. Nunca fuerzo la situación, si sale bien y si no cierro el cuaderno y otra vez será. Me resulta frustrante ver la página en blanco y no conseguir que fluyan las palabras. No sé si es lo más adecuado, pero es lo que a mí me funciona, que a fin de cuentas es lo que vale.

Ismael Gonzalez, autor de Aequilibrium http://www.amazon.es/Aequilibrium-ebook/dp/B008TE3MMW/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1354385086&sr=1-1

En mi caso lo primero es la historia. Nada definitivo, por supuesto. Con algo más o menos sólido ya puede uno sentarse a escribir. Página a página la idea inicial se dedica a cambiar, a transformarse.

La mayor parte de la mañana es tiempo invertido en darle al teclado. La tarde se va en otras cosas: mirar al cielo, leer, emparejar los calcetines…
Por mi anterior y única experiencia sé que me tomo con mucha calma los primeros capítulos, pero también sé que a mitad de la novela aumento el ritmo de forma exponencial.
Seis días de escritura y uno de descanso total. Siempre.

J.Gomis López, periodista http://periolitedismo.blogspot.com.es/

Yo no tengo un método claro a la hora de escribir. Generalmente no me pongo un horario. Pero normalmente me vienen a visitar las musas todos los días.

Así que supongo que soy de los que se deja llevar por un impulso y en ese momento necesito dejarlo plasmado. Una vez plasmada esa idea primigenia, puedo volver a ella con más organización.

Juan Luís Galán Olmedo, autor de Utopía de Sueños http://www.xn--utopiadesueos-skb.com/

Yo me conformo con tener tiempo para escribir. Bastante difícil es sacar ese rato como para restringirme más aún. Eso sí, si me pongo siempre hago que salga algo aunque sólo sean dos frases (Por suerte suele ser más).

Manías pocas. Últimamente necesito silencio, pero las horas a las que suelo escribir son así, suele ser de noche.
Y poco más la verdad, no soy muy maniático; creo.

Emilio, colaborador en Diario Fenix http://laiguana.blogspot.es/

Mi método es tener permanentemente el ordenador, o algo donde escribir, encendido, o abierto, y, según se me vayan ocurriendo cosas, escribirlas. Después, al día siguiente, miro las notas tomadas y les doy forma. Me paro, tomo un té. Sigo. Me paro, veo un rato la tele. Sigo. Me paro, voy a dar un paseo. Sigo. Así, hasta que voy a buscar a mi hijo al colegio. Momento desde el cuál, no hay Dios que escriba, pero sigo con el ordenador, libreta, o lo que sea, abierto para las notas. Porque de memoria ando escaso.

Francisco Narla autor de: Lobos de Centeno, Canon de Performance, Caja Negra, y recientemente ha sacado a la venta su nueva novela Assur. http://www.casadellibro.com/libros-ebooks/francisco-narla/20079561

Lo cierto es que no tengo ninguna manía y no sigo ningún método concreto.

Me gusta trabajar mucho la historia antes de escribirla físicamente, le doy muchas vueltas a la trama y los nudos argumentativos mientras me voy documentando. Intento ser eficiente y espero hasta tener las ideas claras antes de mecanografiar la historia.
Si puedo escribo con la pipa encendida y me encanta hacerlo en casa, junto a la chimenea, lo malo es que viajo mucho y no siempre puedo hacerlo en casa.

Yarekk Blogger http://doblementecaballero.blogspot.com.es/

Bueno, yo no tengo ningún libro publicado, todo lo que escribo es en blog, y ahí si que tengo varios libros escritos. Yo sinceramente utilizo el poco tiempo que tengo entre clase y clase y los recreos para escribir, y al llegar a casa escribo todos los días. No espero que me llegue la musa, ni me pongo unos horarios, simplemente escribo hasta que me duelen las manos o hasta que tengo que irme. Mientras no escribo, en mi mente la historia se va creando, me pierdo en mi imaginación, y como tengo buena memoria recuerdo todo lo que sucede en la historia y lo que dicen los personajes. La verdad, nunca he tenido en si eso de la »inspiración», siempre he sido capaz de escribir sobre cualquier cosa en cualquier momento, y gracias ha eso he quedado segunda en un certamen de mi instituto y en uno dela Mancomundiadde la sierra de Guadarrama, sobre violencia de genero, y aunque sea poco, tampoco es que me haya presentado nunca a nada más, solo a esos dos.

Lorenzo Blogger http://elefanteabominacion.blogspot.com.es/

Simplemente, se me ocurre algo y lo escribo, como buen romántico, además suelo pasar de corregirlo porque lo acabo estropeando. Así que no, las «musas» no existen pero hay que dejar llevarse por ellas o se acaba siendo un escritor más entre el montón porque pierdes tu originalidad.

Vanesa Navarro Reverte, profesora de lengua inglesa y escritora http://vainillayangora.blogspot.com.es/

 

Un interesante tema, desde luego. En mi caso, debo diferenciar entre la poesía y la prosa. La escritura de la primera me toma por sorpresa, a traición y no hay forma de ponerle un horario o un método. Lo intenté durante una temporada y fue en vano. Sin embargo, la inspiración me ha atrapado en los lugares más insospechados: en el coche, en una cafetería con los amigos, en mitad de un concierto. Si eso me sucede y no tengo ninguna libreta a mano para apuntar, lo hago en el móvil. Eso sí, para después pulirla sí que soy metódica.

Con respecto a la prosa soy más ordenada. Tomo apuntes de personajes, trama, ambientación y otros detalles y dedico al menos un rato todos los días para escribir o corregir, aunque es cierto que no siempre puedo dedicarle el tiempo que me gustaría. No tengo experiencia en novela, solo en relatos, pero pienso que lo conduciré de igual modo.

 
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6 de respuestas

  1. Interesante estudio. ¡Quién sabe si, como consecuencia de estilos de trabajo tan diferentes, existe tal variedad de temáticas literarias! Si es así, bienvenidos sean.
    Gracias por tu trabajo y apoyo.

  2. Muchísimas gracias Gala,

    por tu trabajo y por tu apoyo. Y ser mi pequeño paño de lágrimas. Un besazo enorme ¡Qué privilegio conocer personas que merezcan tantísimo la pena!

    Por otro lado, estoy totalmente de acuerdo con Eduardo Perellón, a ver cuántos estilos florecen de este estudio tan interesante que has hecho, Gala.

    Tu vigamigo,
    Emilio Durán.

  3. Pues sí, así sucede mi estimada amiga de los lobos 🙂

  4. Victor

    ¡Muy buenos días desde Argentina! En principio gracias por la capacidad para compartir; eso es para alabar. En verdad creo que ha sido una buena desición ponerme a leer este artículo que enriquece, reconforta y anima al interiorizarse uno, de las perspectivas de otros pares, descubrir afinidades y puntos en común ó bien sorprenderse de experiencias tan dispares.
    Creo que todo es válido, sobre todo ser fiel a uno mismo y escribir en estado de disfrute y apasinamiento. Eso es un gran éxito que tal vez pueda llevarnos a tener otros.
    Muy humildemente maestros.
    Saludos cordiales, muy buena vida y a seguir escribiendo.
    VICTOR

  5. ¡Hola! Magnífica entrada. Este tema siempre me ha interesado, precisamente en nuestro blog hacíamos un breve apunte en este sentido: http://sinerrare.blogspot.com.es/2012/11/cuando-escribir-un-consejo-de-muriel.html

    Reconozco que personalmente he luchado toda mi vida por tener una rutina disciplinada para escribir, pero sin éxito. Cuando me obligo a ello, acabo sentada inútilmente ante la página en blanco y si la lleno no es con nada de valor. Sin embargo, cuando escribo solo por necesidad y no a la hora marcada se produce el milagro y todo fluye. Ahora bien, ¿puede ser que esas horas en blanco no sean tan vanas como parecen? Quizás sean una especie de incubación; tal vez sean necesarias para madurar inconscientemente el torrente que después aparece con las musas.
    Por otra parte, también me ocurre algo curioso: cuando escribo no puedo leer (me refiero a obras de otros autores) y cuando leo casi no puedo escribir. O leo o escribo, pero ambas cosas a la vez me son incompatibles. No sé si a alguien más le ocurre esto.
    Enhorabuena por la entrada tan completa. Me pasaré a menudo por este sitio. Saludos.

  6. esther marcet reyes

    Excelente tema.
    Y de muy variadas opiniones, está claro, yo estoy constantemente perseguida por las musas, pero si una idea me obsesiona exageradamente y no la cuido, es decir, sinó me siento y me preparo y comienzo a desarrollarla, pensarla, mejorarla, corregirla, y en última instancia pedir opinión, esa idea nunca tendrá luz.
    Como cuidar de un bebé, como organizar un acto, como la preparación para un examen, si después de la inspiración no hay disciplina, nunca terminaremos el proyecto. Sea cual fuere.

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