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ELOGIO DEL INCENDIO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Os voy a contar un cuento fantástico. Un cuento que no tiene nada que ver con la realidad, ni tiene nada que ver con nosotros. Es la historia de un gobernante de un país muy lejano, que tenía muchos problemas. Como no encontraba solución para ninguno de ellos se le ocurrió crear un problema nuevo. Provocó un gran incendio. Lo hizo con mucho cuidado. Primero habló con los pirómanos y les dijo cuándo tenían que encender el fuego, luego él se hizo el tonto, y actuó tarde y mal (era un truco, por supuesto, pero lo hizo tan bien que todo el mundo creyó que era un inepto, incapaz de apagar el incendio). Pero no, este gobernante era muy inteligente, tan inteligente que parecía tonto de verdad. Como sabía que algunos ciudadanos iban a culparlo del incendio, se buscó a dos amigos para que hablaran mal de él, y para que, con sus discursos convencieran al pueblo de que ellos debían ser los nuevos gobernantes. Al mismo tiempo habló en secreto con los pirómanos para que mantuvieran el fuego encendido. El incendio asustó al pueblo y el pueblo olvidó los otros problemas. El gobernante se retiró discretamente a un segundo plano y dejó que sus amigos hablaran mal de él, y así convencieron al pueblo de que ellos debían ser los nuevos gobernantes. Luego, una vez en el poder, le devolvieron el gobierno, no a él directamente (era un tipo muy listo, no lo olvidemos), sino a un sustituyo suyo, un actor de segunda fila (tenía que ser desconocido y sin demasiado talento ni inteligencia, no fuera a ser que tuviera la tentación de quedarse realmente con el poder), y ese actor no tenía que hacer más que lo que le escribieran en el guión. Y luego continuó hablando a escondidas con los pirómanos, a los que dejó ponerse el traje de bomberos y les prometió trabajo para muchos años. Todos quedaron muy contentos y todo salió muy bien. El pueblo estaba tan asustado por el incendio que no comprendió nada de lo que había pasado. Cuando el viento amenazaba con disolver el humo, los bomberos se quitaban el traje de bombero y volvían a hacer de pirómanos. Y así el humo volvía a taparlo todo. Y mientras los leñadores del gobernante podían hacer su trabajo tranquilamente en el otro lado del bosque. Y aquí termina esta bonita historia, que ya digo, es una historia fantástica y no tiene nada que ver con nosotros.

 
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