{"id":72,"date":"2012-12-31T09:42:40","date_gmt":"2012-12-31T09:42:40","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/?p=72"},"modified":"2012-12-31T09:42:40","modified_gmt":"2012-12-31T09:42:40","slug":"el-perdio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/2012\/12\/31\/el-perdio\/","title":{"rendered":"&#8216;El perd\u00edo&#8217;"},"content":{"rendered":"<p>Me la contaron tal cual hace unos a\u00f1os. Una historia real, tan real como la vida misma. Por razones que me reservo, omito el lugar donde aconteci\u00f3 y qui\u00e9n fue su protagonista. S\u00f3lo har\u00e9 referencia al apodo con el que desde entonces se conoce a su protagonista, &#8216;<em>El perd\u00edo<\/em>&#8216;. Quien quiera creerla, que lo haga; y quien no, tambi\u00e9n. Cada cual es libre de hacerlo. Por mi parte, quien me cont\u00f3 lo que voy a relatar a continuaci\u00f3n estuvo all\u00ed. Lo vivi\u00f3. Suficiente para creerlo.<!--more--><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/2012\/12\/31\/el-perdio\/20091119223056-bosque\/\" rel=\"attachment wp-att-73\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"73\" data-permalink=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/2012\/12\/31\/el-perdio\/20091119223056-bosque\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/files\/2012\/12\/20091119223056-bosque.jpg?fit=400%2C400&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"400,400\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"20091119223056-bosque\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/files\/2012\/12\/20091119223056-bosque.jpg?fit=300%2C300&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/files\/2012\/12\/20091119223056-bosque.jpg?fit=400%2C400&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-full wp-image-73\" alt=\"20091119223056-bosque\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/files\/2012\/12\/20091119223056-bosque.jpg?resize=400%2C400\" width=\"400\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/files\/2012\/12\/20091119223056-bosque.jpg?w=400&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/files\/2012\/12\/20091119223056-bosque.jpg?resize=150%2C150&amp;ssl=1 150w, https:\/\/i0.wp.com\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/files\/2012\/12\/20091119223056-bosque.jpg?resize=300%2C300&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a>Anochece. Las tinieblas adormecen el caser\u00edo, que se desparrama ladera abajo, resguardado por un monte cubierto de olivos en sus estribaciones, y por robles y matorral conforme se asciende a su cima. Las escasas farolas apenas iluminan las solitarias calles por las que corren, briosos, fr\u00edos regueros de agua. Una brisa fresca, m\u00e1s de lo normal para ser finales de verano, se adue\u00f1a del entorno. El d\u00eda ha sido benigno, apenas sin nubes en el cielo, ahora cuajado de estrellas.<\/p>\n<p>Un grupo de ni\u00f1os juega en los arrabales del pueblo. La noche empieza a correr. Las campanadas de la torre de la iglesia marcan una hora ya demasiado tard\u00eda. Suenan voces que los reclaman. Los ni\u00f1os remolonean. Las voces los apremian y todos, salvo unos cuantos, deciden regresar. Dos o tres, la luz es escasa para saberlo con certeza, a\u00fan aguantan; quieren terminar el juego. Llevan m\u00e1s de una hora enzarzados en un pilla-pilla que no tiene fin. Ni sus ganas. Corren por las \u00faltimas calles del pueblo, se internan por los primeros olivos plantados sobre bancales que descienden en cascada hasta ser engullidos por la oscuridad. Cuando esto ocurre, se gu\u00edan por la luz, escasa, de una farola que ilumina la entrada del pueblo. A partir de ah\u00ed, como si de un negro tel\u00f3n se tratara, la oscuridad lo devora todo. Los ni\u00f1os abusan de sus inagotables fuerzas en carreras que, en algunos casos, dan con sus huesos en el polvoriento suelo, si tienen suerte, o en el empedrado de las calles. M\u00e1s de uno regresar\u00e1 aquella noche con heridas a su casa.<\/p>\n<p>De nuevo voces, las \u00faltimas. Los reclaman con insistencia. Los gritos secos, casi furiosos, son demasiado convincentes. Regresan con el miedo en sus caras por el castigo que les pueda caer. Alg\u00fan \u00a1ay! lastimero resuena en la calle antes de que entren en casa. Sin embargo, un \u00faltimo queda rezagado. Le cuesta adivinar el camino de vuelta al pueblo. Ha ido demasiado lejos en su af\u00e1n por no ser encontrado por sus compa\u00f1eros de juego. Mira a todos lados y s\u00f3lo ve oscuridad, estrellas en el cielo y una l\u00fagubre sensaci\u00f3n que se acrecienta con el paso de los minutos: est\u00e1 perdido. Trata de desandar el camino que lo conduzca al pueblo, pero no lo encuentra. Pisa tierra, recorre senderos y aparta con los pies zarzas y matorrales que dificultan su caminar. Gira los ojos, nervioso; s\u00f3lo ve troncos retorcidos de olivos y oscuridad. Y una soledad s\u00f3lo rota por el canto de un mochuelo. Los nervios se han transformado en un sollozo que, en nada, se convertir\u00e1 en un llanto sin consuelo. Est\u00e1 perdido.<\/p>\n<p>Sin saberlo, en el pueblo ya se ha formado un grupo de personas\u00a0 que sale a su encuentro. Sus amigos no saben d\u00f3nde est\u00e1. Creen, intuyen, quiz\u00e1, pero no lo saben. Armados con linternas, familiares y amigos baten los alrededores del pueblo sin \u00e9xito. Gritan su nombre sin m\u00e1s respuesta que un eco fr\u00edo. No se rinden. Redoblan los esfuerzos y se internan m\u00e1s all\u00e1 de los olivares y tierras de labranza que rodean el pueblo. El eco de su nombre se pierde en el l\u00f3brego silencio.\u00a0 El fr\u00edo no los detiene en su af\u00e1n, que decae por la falta de \u00e9xito. No lejos de ellos, en un rinc\u00f3n de la profunda foresta, el ni\u00f1o se rinde y se acurruca junto a un \u00e1rbol donde se queda dormido. Encoge las piernas, entelerido, y se deja vencer por el sue\u00f1o a la espera de que llegue el d\u00eda y encuentre el camino para regresar al pueblo. En sus sue\u00f1os, se imagina en sus calles junto a sus amigos. Miles de estrellas brillan en el cielo, pero no le transmiten calor y s\u00ed un fr\u00edo que cala hasta sus huesos. Se levanta el cuello de la camisa y rodea su tronco con los brazos en busca de ese calor que tanto ans\u00eda. La partida de hombres prosigue la infructuosa b\u00fasqueda. No lo encuentran. Y hace demasiado fr\u00edo ya. Incluso alguno duda de que sea capaz de aguantarlo. Lo conocen. Sabe c\u00f3mo es. De pronto, en su g\u00e9lido cobijo, el ni\u00f1o se sobresalta. Una luz intensa le desvela. Levanta los ojos y parpadea. Cree que es el sol; un disco poderoso, de intensa luz le ciega por un instante. Abre los ojos; ni rastro del sol. Pero la luz es c\u00e1lida, muy c\u00e1lida. Y al poco de verla, se dueme complacido.<\/p>\n<p>Amanece cuando el grupo, muy disgregado, pregona su nombre con id\u00e9ntico \u00edmpetu que en horas anteriores. El ni\u00f1o oye el rumor de las voces, como entre sue\u00f1os. Pero no lo son. Abre los ojos. La oscuridad ha desaparecido. Y responde al sentirlas cercanas. Los hombres acuden en tropel, unos acertadamente y otros con el rumbo equivocado. Uno de sus t\u00edos lo levanta del suelo y lo abraza entre lloros. Le pregunta si se desorient\u00f3, c\u00f3mo pudo ocurrir y si ha tenido miedo y fr\u00edo. El ni\u00f1o sonr\u00ede. Una sonrisa que deja helados a todos. Dice que s\u00ed, que ha tenido miedo. Mucho miedo. Y fr\u00edo. Mucho fr\u00edo. Hasta que apareci\u00f3 una se\u00f1ora joven, de bello rostro y blanco vestido. La se\u00f1ora le acarici\u00f3 la cabeza en varias ocasiones y le pidi\u00f3 que no tuviera miedo. Antes de que se durmiera sinti\u00f3 c\u00f3mo lo tapaba con una manta y se quedaba a su lado, susurr\u00e1ndole que no le pasar\u00eda nada y que, a la ma\u00f1ana siguiente, regresar\u00eda de nuevo al pueblo.<\/p>\n<p>Los hombres se miran desconcertados. No hay rastro de la mujer ni de la manta. Pero el ni\u00f1o no tiene fr\u00edo. Su cara irradia felicidad y una calma que desconcierta a todos. Al fin y al cabo, lo han encontrado y regresan con \u00e9l a pueblo. Regresan con \u2018<em>El Perd\u00edo<\/em>\u2019.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me la contaron tal cual hace unos a\u00f1os. Una historia real, tan real como la vida misma. 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