{"id":514,"date":"2017-09-25T14:35:23","date_gmt":"2017-09-25T14:35:23","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/?p=514"},"modified":"2017-09-25T14:35:24","modified_gmt":"2017-09-25T14:35:24","slug":"historias-por-contar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/2017\/09\/25\/historias-por-contar\/","title":{"rendered":"Historias por contar"},"content":{"rendered":"<p>Ella toca el viol\u00edn. Para ser precisos, lo acaricia, desliza los dedos de la mano izquierda por sus cuerdas. Su mejor amigo, el abrigo de noches de soledad. \u00c9l, canta. Un prodigio. Una voz grave, contundente, pero que embauca. Sube notas, las baja. La decena de personas que rodea a la pareja contiene la respiraci\u00f3n. Silencio en un barrio de calles estrechas y paredes que amplifican el sonido del viol\u00edn y la voz de \u00e9l. Hay m\u00e1s m\u00fasicos callejeros como aquellos dos en el barrio\u00a0<span class=\"text_exposed_show\">antiguo de la ciudad, pero ninguno como ellos. Ella mira a su compa\u00f1ero; \u00e9l, de reojo, tambi\u00e9n la mira de cuando en cuando. \u00bfQu\u00e9 se dicen con la mirada? Respeto y admiraci\u00f3n por el otro, esa tabla de salvaci\u00f3n a la que asirse. Ella lleg\u00f3 a la ciudad hace un a\u00f1o con una mano delante y otra detr\u00e1s, sin m\u00e1s compa\u00f1ero de viaje que una peque\u00f1a maleta y su viol\u00edn; \u00e9l ya lleva alg\u00fan tiempo m\u00e1s, tampoco demasiado. Se dicen cosas con la mirada, dec\u00eda. Miradas en las que la vida ha dejado impresas im\u00e1genes que nunca se marchar\u00e1n. Ella vive. Su madre, padre y hermanas, no. La primera y las terceras pasaron a mejor vida, tiro en la nunca mediante, despu\u00e9s de que los paramilitares las violaran hasta quedarse sin fuerzas. Lo del segundo forma parte de ese repertorio de im\u00e1genes impresas que quisiera olvidar y nunca podr\u00e1. Ella, oculta en el pajar, all\u00ed donde la familia protegi\u00f3 y escondi\u00f3 a la m\u00e1s peque\u00f1a de la familia, lo vio todo. Aferrada a su viol\u00edn, llor\u00f3 en silencio. Llegada la noche, huy\u00f3. Y ahora ella lo mira a \u00e9l en aquella calle del barrio hist\u00f3rico de la ciudad en la que aterriz\u00f3 sin saber que la historia de \u00e9l es parecida a la suya; que su mujer e hijos fueron asesinados mientras luchaba por su futuro, por su libertad; y que todav\u00eda paga, sin que ella lo sepa, el precio de un futuro incierto a una banda de mafiosos que lo sac\u00f3 de su pa\u00eds.<\/span><\/p>\n<div class=\"text_exposed_show\">\n<p>Ni uno ni otra conocen sus respectivas historias porque desconocen sus lenguas. Tocan, se entienden con la m\u00fasica. Y de ella viven. O lo intentan. Por eso, al final de d\u00eda, cuando las luces de las farolas arranquen sombras a la oscuridad, contar\u00e1n las monedas que decoran el fondo del estuche del viol\u00edn de ella. Y compartir\u00e1n un bocadillo y una botella de agua en uno de los bancos de la plaza central. Se mirar\u00e1n como hacen todos los d\u00edas y se sonreir\u00e1n con esa sonrisa que lo dice todo. Y si el d\u00eda se dio bien, hasta compartir\u00e1n cama y algo m\u00e1s en cualquier hostal de la zona. Una cama en la que se dir\u00e1n las pocas palabras que conocen en el idioma de la ciudad que los acoge. Palabras que hablan de amor, de compa\u00f1\u00eda, de vencer a la soledad. De cari\u00f1o. Ella, con su viol\u00edn; \u00e9l, con su voz.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ella toca el viol\u00edn. Para ser precisos, lo acaricia, desliza los dedos de la mano izquierda por sus cuerdas. Su mejor amigo, el abrigo de noches de soledad. \u00c9l, canta. Un prodigio. 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