{"id":494,"date":"2017-06-20T13:47:25","date_gmt":"2017-06-20T13:47:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/?p=494"},"modified":"2017-06-20T13:47:25","modified_gmt":"2017-06-20T13:47:25","slug":"los-susurros-del-vaho","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/2017\/06\/20\/los-susurros-del-vaho\/","title":{"rendered":"Los susurros del vaho"},"content":{"rendered":"<p>Se despert\u00f3 s\u00f3lo. Palp\u00f3 el lado derecho de la cama, a\u00fan c\u00e1lido, y lo not\u00f3 fr\u00edo y vac\u00edo. Fue cuando abri\u00f3 los ojos y los clav\u00f3 en el techo de la habitaci\u00f3n. Ella hab\u00eda cumplido su promesa.Suspir\u00f3 y se llev\u00f3 las manos a la cara, que se restreg\u00f3 primero con suavidad para luego hacerlo con rabia, enfadado. Se hab\u00eda ido. Por su culpa. Tanto tentar a la suerte. Demasiadas fichas para la ruleta.<\/p>\n<p>Se levant\u00f3 con desgana para descorrer las cortinas y abrir la ventana. La luz del d\u00eda inund\u00f3 la habitaci\u00f3n. Una luz poderosa, ciega, que le molest\u00f3 en un principio hasta que se acostumbr\u00f3 a ella. Volvi\u00f3 a posar su mirada en la cama. La s\u00e1bana revuelta, las almohadas ca\u00eddas en el suelo, el armario abierto, ropa en el suelo, el aroma a ella\u2026 Los restos de la \u00faltima noche, cuando despu\u00e9s de discutir y odiarse eternamente terminaron abrazados tras dejarse las pocas fuerzas que le quedaban al uno dentro de la otra. Fue la \u00faltima vez, y ahora empezaba a echar de menos el sabor de su piel, de sus labios, de sus besos. Ella se lo musit\u00f3 al o\u00eddo antes de quedarse dormidos: me echar\u00e1s de menos, y todo ser\u00e1 por tu culpa.<\/p>\n<p>El ba\u00f1o lo recibi\u00f3 con la misma soledad que dej\u00f3 atr\u00e1s en la habitaci\u00f3n, de donde le llegaba el ruido de la calle, las voces de los vecinos, el canto perdido de un p\u00e1jaro o el ladrido de un perro an\u00f3nimo. Abri\u00f3 la tapa del inodoro y contempl\u00f3 c\u00f3mo su orina ca\u00eda en un pozo sin fondo, el mismo al que estaba a punto de arrojarse \u00e9l. Sin ella estaba perdido. Sin sus abrazos, caricias, palabras de apoyo, presencia y mirada. Sin ella.<\/p>\n<p>Todo comenz\u00f3 cuando le despidieron de la empresa en la que trabajaba. Eso ocurri\u00f3 tres a\u00f1os antes. El subsidio se esfum\u00f3 en un suspiro y las ganas iniciales de dar un vuelco a su vida, de buscar nuevas motivaciones y proyectos, terminaron cayendo al mismo pozo donde sacudi\u00f3 la \u00faltima gota de orina. Ella se ech\u00f3 la casa a la espalda trabajando m\u00e1s horas, aceptando trabajos que la dejaban exhausta. Y sin dejar de apoyarlo, de animarlo en esos proyectos que ca\u00edan uno tras otro sin gana alguna por darlos una m\u00ednima oportunidad. Fue entonces cuando el alcohol empez\u00f3 a llenar sus horas de soledad, y de una copa pas\u00f3 a otra mientras mataba el tiempo delante de un ordenador. Quiso recuperar uno de sus sue\u00f1os de juventud: escribir una novela. Ten\u00eda talento y escrib\u00eda bien. Horas de golpes a las teclas para sacar palabras que despu\u00e9s el alcohol borraba de su cabeza y del papel. Luego vinieron las voces, las discusiones, la distancia cada vez mayor. Y ella se fue. Lo hab\u00eda dejado solo.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 el grifo de la ducha y apoy\u00f3 los brazos contra la pared dejando caer su cuerpo mientras el agua lo despejaba. El vah\u00f3 se adue\u00f1\u00f3 del cuarto de ba\u00f1o, y cuando cerr\u00f3 el grifo la condensaci\u00f3n impregnaba los azulejos de las paredes. Se sec\u00f3 con desgana pensando qu\u00e9 iba a hacer ese d\u00eda, en qu\u00e9 emplear\u00eda el tiempo. Y en c\u00f3mo la podr\u00eda recuperar. La necesitaba m\u00e1s que nunca. Tir\u00f3 la toalla al suelo y cogi\u00f3 el cepillo y la pasta de dientes. Se mir\u00f3 en el espejo despu\u00e9s de meterse el cepillo en la boca y al segundo movimiento retir\u00f3 la mano para posarla en el cristal. El vaho perfil\u00f3 algunas palabras que ahora aparec\u00edan n\u00edtidas ante sus ojos. Y se ech\u00f3 a llorar. Cuesti\u00f3n de segundos, porque se enjuag\u00f3 la boca con prisa, la misma que emple\u00f3 para vestirse y lanzarse a la calle. El camino ya lo conoc\u00eda. Cogi\u00f3 la moto despu\u00e9s de tirar todas las botellas que a\u00fan ten\u00eda en casa -un par de ginebra y otra de <em>whisky-<\/em> y se fue en su b\u00fasqueda. La vio en la cafeter\u00eda de la estaci\u00f3n, donde esperaba un tren hacia una nueva vida a la que se ve\u00eda obligada a subir. Al verlo llegar, ella sonri\u00f3; hab\u00eda entendido el mensaje. Despu\u00e9s de besarse le acarici\u00f3 la nariz con el dedo \u00edndice de su mano derecha; el mismo con el que le dej\u00f3 escrito en el cristal del espejo que hiciera algo por ella si la quer\u00eda recuperar. Y se lo hab\u00eda demostrado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se despert\u00f3 s\u00f3lo. Palp\u00f3 el lado derecho de la cama, a\u00fan c\u00e1lido, y lo not\u00f3 fr\u00edo y vac\u00edo. Fue cuando abri\u00f3 los ojos y los clav\u00f3 en el techo de la habitaci\u00f3n. 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