{"id":491,"date":"2017-06-01T04:35:17","date_gmt":"2017-06-01T04:35:17","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/?p=491"},"modified":"2017-06-01T04:35:43","modified_gmt":"2017-06-01T04:35:43","slug":"el-mundo-de-virtudes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/2017\/06\/01\/el-mundo-de-virtudes\/","title":{"rendered":"El mundo de Virtudes"},"content":{"rendered":"<p>Era alta, delgada y ten\u00eda buena planta. Y siempre vest\u00eda de forma vistosa: faldas vaporosas de vivos colores, camisa a juego y tacones. Altos, de v\u00e9rtigo. Le gustaban. Tanto como pasear al amanecer por el puerto y sentarse a una mesa junto a la ventana. Ped\u00eda un caf\u00e9 largo, sin az\u00facar. Nada m\u00e1s. Y contemplaba el mar. Dec\u00eda que ven\u00eda a esperar a un novio que se ech\u00f3 en Am\u00e9rica hac\u00eda tiempo, en sus a\u00f1os de correr\u00edas por el mundo. Roma, Par\u00eds, Londres, Nueva York\u2026 Contaba sin parar de \u00e9stas y otras ciudades a quien quisiera escucharla. Las tiendas en las que compr\u00f3, las calles que pis\u00f3, los hoteles en los que durmi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014La vida. Porque eso era vida.<\/p>\n<p>Virtudes ten\u00eda su p\u00fablico. Sobre todo, solitarios que se le acercaban en busca de compa\u00f1\u00eda, de unas palabras que aliviaran su sempiterna ausencia de calor. La escuchaban embobada. Luego, cuando la abandonaban, regresaban a su soledad. Una soledad incluso m\u00e1s vac\u00eda que antes vista la experiencia vital de la mujer a la que dejaban en su mesa esperando a ese novio americano que nunca terminaba de llegar.<\/p>\n<p>Hoy entr\u00f3 al mismo bar en el que lo lleva haciendo desde hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os. Lo regenta el nieto de la persona que lo abri\u00f3, que le contaba las historias que relataba aquella mujer alta, delgada, que ten\u00eda buena planta y que siempre vest\u00eda de manera vistosa. Y so\u00f1aba con conocerla, con viajar gracias a ella a todos esos lugares que dec\u00eda haber visto, con verla por fin recibir a su novio americano. Virtudes pidi\u00f3 el caf\u00e9 largo habitual sin az\u00facar y tom\u00f3 asiento junto a la ventana. Ya no era alta ni delgada, ni tampoco ten\u00eda buena planta. S\u00ed segu\u00eda vistiendo de forma vistosa: esas faldas vaporosas de vivos colores, camisas a juego y tacones altos, de v\u00e9rtigo. Y no perd\u00eda la esperanza de abrazar a ese novio americano que dec\u00eda haberse echado un d\u00eda all\u00ed, en esa ciudad de Nueva York que juraba conocer tan bien.<\/p>\n<p>Hoy tambi\u00e9n entr\u00f3 al bar un hombre enjuto, de barba recortada y traje impoluto. Se sent\u00f3 junto a la barra y pidi\u00f3 un caf\u00e9, corto en su caso, y en taza. Desde all\u00ed escrut\u00f3 a la mujer durante unos segundos antes de tomar el peri\u00f3dico y abrirlo por la primera p\u00e1gina. El camarero le sirvi\u00f3 el caf\u00e9. Ambos se miraron.<\/p>\n<p>\u2014Es feliz \u2014dijo el primero posando la mirada en la mujer.<\/p>\n<p>\u2014Aunque su reino ya no sea de este mundo \u2014replic\u00f3 el segundo tras encogerse de hombros y remover el caf\u00e9 con la cucharilla.<\/p>\n<p>Virtudes dej\u00f3 de ser Virtudes hace mucho tiempo. En realidad, nadie sabe cu\u00e1ndo lo fue y cu\u00e1ndo se convirti\u00f3 en su sombra; cu\u00e1ndo se encerr\u00f3 en su mundo de mentira, de ciudades de ensue\u00f1o, de mundo recorrido sin cesar a pesar de que nadie la vio nunca coger trenes ni barcos, ni mucho menos aviones; cu\u00e1ndo apareci\u00f3 en su vida ese novio americano al que juraba estar esperando si nunca hab\u00eda viajado a Am\u00e9rica ni tampoco se conoci\u00f3 a americano alguno en la ciudad.<\/p>\n<p>El hombre enjuto, de barba recortada y traje impoluto dio un largo trago a la taza de caf\u00e9, pag\u00f3 la consumici\u00f3n al camarero y le gui\u00f1\u00f3 un ojo:<\/p>\n<p>\u2014Si es feliz, \u00bfa qui\u00e9n le importa que no lo siga siendo?<\/p>\n<p>Se aproxim\u00f3 a la mesa donde Virtudes ve\u00eda la vida pasar a trav\u00e9s de la ventana. Se sent\u00f3 a su lado y de inmediato s\u00f3lo se la oy\u00f3 hablar a ella. Al escuchar la menci\u00f3n del novio americano que esperaba, el camarero sonri\u00f3. Mientras haya mundos en los que uno sea feliz, para qu\u00e9 diantres conocer la realidad, pens\u00f3. Y asinti\u00f3 con la cabeza. Virtudes sonre\u00eda mientras hablaba con el m\u00e9dico que la trataba desde hac\u00eda m\u00e1s de veinte a\u00f1os. Y por la sonrisa del galeno, \u00e9ste tampoco estaba dispuesto a sacar a Virtudes del mundo en el que era feliz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era alta, delgada y ten\u00eda buena planta. Y siempre vest\u00eda de forma vistosa: faldas vaporosas de vivos colores, camisa a juego y tacones. Altos, de v\u00e9rtigo. Le gustaban. Tanto como pasear al amanecer por el puerto y sentarse a una mesa junto a la ventana. Ped\u00eda un caf\u00e9 largo, sin az\u00facar. Nada m\u00e1s. Y contemplaba<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/2017\/06\/01\/el-mundo-de-virtudes\/\">Leer el resto&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":10,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"El mundo de Virtudes\". Porque cada uno de nosotros tenemos un mundo. \u00bfMejor que el real? 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