{"id":339,"date":"2013-11-07T17:52:51","date_gmt":"2013-11-07T17:52:51","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/?p=339"},"modified":"2013-11-07T17:52:51","modified_gmt":"2013-11-07T17:52:51","slug":"donde-almanzor-perdio-el-tambor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/2013\/11\/07\/donde-almanzor-perdio-el-tambor\/","title":{"rendered":"Donde Almanzor perdi\u00f3 el tambor"},"content":{"rendered":"<p>Existen en la Pen\u00ednsula enclaves llenos de historias y leyendas. Y el que refiero ahora merece un recuerdo. Por muchos motivos.<!--more--><\/p>\n<p>Una simple lectura, un atardecer o un momento de calidez son suficientes para despertar sensaciones, evocar momentos pasados. Uno de esos lugares es <strong>Calata\u00f1azor<\/strong>, un promontorio que se yergue sobre la eterna llanura soriana surcada de montes y valles que se suceden m\u00e1s all\u00e1 de los confines de la mirada.<\/p>\n<p>Un pueblo de leyenda y con leyenda. Ahora y siempre, separadas por siglos que pasean lentos, ausentes, por delante de sus puertas de cuarter\u00f3n con herrajes. Las empinadas calles, de pura piedra, resguardan la historia en cada rinc\u00f3n del pueblo. Tanto que, de no andar el caminante listo, puede escaparse, humeante, por las muchas chimeneas c\u00f3nicas cubiertas a teja partida que coronan los tejados de sus casas.<\/p>\n<p>De leyenda, digo. En las noches estrelladas, que son multitud, resuenan los pasos del que camina por dichas calles en pos del castillo que esconde la leyenda. <strong>Orson Welles<\/strong> lo hizo, hace m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os, y tan prendado qued\u00f3 del lugar que no dud\u00f3 en rodar aqu\u00ed algunas escenas de \u2018<strong><em>Campanadas a media noche<\/em><\/strong>\u2019, una de sus \u00faltimas pel\u00edculas. Shakespeare respira y Welles, lo plasma. Quiz\u00e1 el caminante escuche, en la soledad de la noche, las voces de <strong>Ricardo II;<\/strong>\u00a0o las de las alegres comadres de Windsor; o los toques de un tambor, agudos, palpitantes, llamando a la batalla. Al menos eso afirma tambi\u00e9n la leyenda.<\/p>\n<p>La leyenda, entonces. Y el tambor. Uno, dos, tres golpes. \u00bfEra un tambor o la alegr\u00eda lo que perdi\u00f3 el afamado y ardoroso guerrero por estas tierras? El amanecer ba\u00f1a con su tierna luz las piedras del camino que asciende hasta el viejo y derruido castillo. Es el final. Antes, a un lado, y previo a acometer las \u00faltimas cuestas, quedan los soportales de la peque\u00f1a plaza del lugar. Delante de ellos, la picota, s\u00edmbolo de una justicia tan justa como injusta, seg\u00fan como se vea y quien la dictaminase. Arriba, el castillo. Y la leyenda.<\/p>\n<p>Porque da para mucho. Incluso se ha erigido un monumento a su protagonista en una coqueta plaza cercana. Al del tambor. \u00bfQui\u00e9n no ha escuchado aquello de que \u2018<strong><em>en Calata\u00f1azor perdi\u00f3 Almanzor su tambor<\/em><\/strong>\u2019? \u00bfO acaso era el \u2018<strong>atabor<\/strong>\u2019? La llamada a sus tropas o la alegr\u00eda. En uno y otro caso, \u00bfqui\u00e9n lo sabe? Mejor dejar que la leyenda lo cuente. Ya que <strong>Abu Amir Muhammad ibn Abi Amir, Al-Mansur<\/strong>, el \u2018victorioso por Al\u00e1, para los musulmanes, y Almanzor para los cristianos, no puede hacerlo.<\/p>\n<p>La historia se funde con la leyenda para contar que en este valle amplio que se abre al pie del castillo de Calata\u00f1azor, unos y otros libraron una gran batalla en el a\u00f1o 1002. Por dicho valle corre un r\u00edo en el que el sol, al ocultarse, refleja sus \u00faltimas luces y tornas sus claras aguas en pura sangre. De ah\u00ed el citado nombre del <strong>Valle de la Sangre<\/strong>. La leyenda, sin embargo, dir\u00e1 que tras la dura batalla sus tierras quedaron ba\u00f1adas por los r\u00edos de vida de los que all\u00ed dejaron su existencia. <strong>Almazor<\/strong> regresaba victorioso de su \u00faltima <em>razzia<\/em> por los dominios riojanos, donde lleg\u00f3 a saquear el <strong>Monasterio de San Mill\u00e1n de la Cogolla<\/strong>. Era el momento de regresar a C\u00f3rdoba. Los reyes castellanos lo sab\u00edan y salieron a su encuentro. <strong>Almanzor<\/strong> sali\u00f3 con vida de la batalla, pero la poca que le quedaba se le escapaba por momentos. Tras un penoso viaje de dos semanas en litera, y por fin en tierra fronteriza, expir\u00f3 la noche del 10 al 11 de agosto de 1002. Seg\u00fan <strong>Lucas de Tuy<\/strong>, el d\u00eda de su derrota \u201cuna especie de pescador gritaba con una voz lamentable a orillas del Guadalquivir, ora en caldeo, ora en Espa\u00f1ol: \u00ab<em>En Calata\u00f1azor\/perdi\u00f3 Almanzor\/el atabor<\/em>\u201d. En Calata\u00f1azor, el Victorioso por Al\u00e1 perdi\u00f3 su timbal, es decir, su alegr\u00eda. Otra vez la leyenda: su cuerpo fue enterrado en las proximidades de Medinaceli. Qui\u00e9n pudiera desmentirlo\u2026 Y tambi\u00e9n encontrarlo.<\/p>\n<p>El Valle de la Sangre es la \u00faltima vista que contempla el caminante antes de abandonar el castillo. El sol apaga sus rayos en el horizonte y ba\u00f1a con su postrera luz las tierras circundantes. Un velo rojo lo cubre todo, y su brillo lo obliga a llevarse las manos por encima de los ojos para protegerlos. Es hora de volver. \u00bfA d\u00f3nde? El caminante sabr\u00e1. Puede dejarse llevar por la realidad o por la leyenda, pero vaya donde vaya portar\u00e1 consigo el sonido de la quietud, los golpes de sus botas contra las empedradas cuestas; incluso, puede que tambi\u00e9n los tenues quejidos de un herrumbroso tambor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Existen en la Pen\u00ednsula enclaves llenos de historias y leyendas. Y el que refiero ahora merece un recuerdo. 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