{"id":164,"date":"2013-03-08T08:29:44","date_gmt":"2013-03-08T08:29:44","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/?p=164"},"modified":"2013-03-08T08:29:44","modified_gmt":"2013-03-08T08:29:44","slug":"el-de-los-cacahuetes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/victorfcorreas\/2013\/03\/08\/el-de-los-cacahuetes\/","title":{"rendered":"El de los cacahuetes"},"content":{"rendered":"<p>Hay historias que estremecen. Relatos de personas cuyas vidas son un laberinto de azares y maldiciones al que la parca remata con un final que s\u00f3lo ella es capaz de refrendar. Finales atroces para existencias atormentadas. <!--more-->Al tipo que hoy rescato en estas l\u00edneas que con tanta paciencia y generosidad me conceden todas las semanas los amigos de <strong>Culturamas<\/strong> lo conoc\u00ed muchos a\u00f1os atr\u00e1s. Tiempos de inocencia en los que las \u00fanicas preocupaciones ten\u00edan que ver con el alcohol, las chicas, interminables partidos de f\u00fatbol y charlas nocturnas, casi hasta el amanecer, donde lo divino y lo humano eran mera excusa con tal de alargar las horas del d\u00eda.<\/p>\n<p>Sab\u00eda de \u00e9l poco m\u00e1s que de o\u00eddas. Los pueblos, es lo que tienen; todos conocen a todos y nadie conoce a nadie. Hasta que un d\u00eda entr\u00f3 en el bar, pidi\u00f3 un caf\u00e9 y se acod\u00f3 en la barra sin m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que su sempiterna soledad. Gesto melanc\u00f3lico, sienes plateadas y con aspecto desali\u00f1ado, meneaba la cucharilla con parsimonia y la vista perdida. A escasos metros, la pandilla. Voces, risas y alguna que otra copa de licor o botell\u00edn de cerveza sobre la mesa. All\u00ed estaba yo a aquella hora de la tarde de un mes de agosto en la que el sol, grave, invitaba a recogerse. Lo mir\u00e9 con curiosidad; el tipo era la curiosidad en s\u00ed. Cogi\u00f3 el peri\u00f3dico m\u00e1s cercano, lo oje\u00f3 con rapidez y lo dej\u00f3 en el mismo lugar. Visto y no visto. De pronto, uno de la pandilla suelta una tonter\u00eda. Algo de Jimmy Carter, ex presidente de los EE.UU. Una estupidez m\u00e1s entre otras muchas. La edad no daba para m\u00e1s. Y el tipo se gira hacia nosotros. Un resorte, algo, se activ\u00f3 en su interior. Un impulso que le apremi\u00f3 a acercarse a nosotros. Miradas recelosas lo recibieron. Fama de loco, personaje raro, vida extra\u00f1a. Etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>-El de los cacahuetes\u2026<\/p>\n<p>Su voz son\u00f3 suave, casi como una disculpa. Fue lo \u00fanico que rompi\u00f3 el silencio que nos apremi\u00f3 al recibir su presencia. Alguno agach\u00f3 la cabeza mientras otro hac\u00eda que ve\u00eda la televisi\u00f3n cuando hasta ese momento bien poco le hab\u00eda importado.\u00a0 Y yo, que recordaba cierta an\u00e9cdota relacionada con aquel presidente de los EE.UU y su afici\u00f3n por los cacahuetes, asent\u00ed cauteloso.<\/p>\n<p>-Ese, Carter\u2026<\/p>\n<p>Cinco minutos. No m\u00e1s dur\u00f3 su interrupci\u00f3n, todo lo que dio su vida hasta ese preciso instante. Viajes, estudios, decepciones y un agrio sentimiento de estar perdiendo su existencia a bocanadas all\u00ed, en aquel pueblo peque\u00f1o. Palabras que no encontraron m\u00e1s que su eco por respuesta. La palabra futuro parec\u00eda no existir en su vocabulario. Lo percib\u00ed en sus ojos antes de que se levantara, pagara el caf\u00e9 y su juncosa figura desapareciera por la puerta del bar. Segundos despu\u00e9s, como si nada hubiera ocurrido, regresaron las voces, risas\u00a0 y chascarrillos a la pandilla.<\/p>\n<p>Supe m\u00e1s de \u00e9l en d\u00edas siguientes. Tanto que entend\u00ed y hasta me solidaric\u00e9 con su tragedia, que llevaba a cuestas con resignaci\u00f3n. Sus anteriores peripecias en nada se parec\u00edan a las que ahora protagonizaba. Una vida que abandon\u00f3 para, sin dar explicaciones, regresar a sus or\u00edgenes. Temas familiares, dec\u00edan unos; est\u00e1 loco, sentenciaron los que lo miraban con cierta aprensi\u00f3n, cuando no desd\u00e9n. Regres\u00f3 al lugar de donde sale el que no tiene d\u00f3nde caerse muerto fue lo m\u00e1s duro que escuch\u00e9 aquellos d\u00edas.<\/p>\n<p>Lo perd\u00ed la pista hasta que a\u00f1os despu\u00e9s, por casualidad, alguien me inform\u00f3 de que hab\u00eda decidido abandonar su ins\u00edpida existencia ayudado por una cuerda en un siqui\u00e1trico. En soledad. Sin ruido. Como aquella tarde que entr\u00f3 en el bar a tomar un caf\u00e9 y record\u00f3 por un momento qui\u00e9n fue gracias a unos cacahuetes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay historias que estremecen. Relatos de personas cuyas vidas son un laberinto de azares y maldiciones al que la parca remata con un final que s\u00f3lo ella es capaz de refrendar. 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