{"id":709,"date":"2017-03-15T10:58:33","date_gmt":"2017-03-15T10:58:33","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/oscarmprieto\/?p=709"},"modified":"2017-03-15T10:58:33","modified_gmt":"2017-03-15T10:58:33","slug":"y-yo-me-ire","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/oscarmprieto\/2017\/03\/15\/y-yo-me-ire\/","title":{"rendered":"Y yo me ir\u00e9"},"content":{"rendered":"<p>La semana pasada hablamos de las campanas que marcan con su toque el transcurrir del tiempo. Ese tiempo fugaz e inaprensible y escurridizo que, al contrario que el caminante que para a descansar, nunca se detiene, no tiene reposo. \u201cQue se me va, que se me va, que se me fue el instante y con \u00e9l la eternidad\u201d Este tiempo, instante, que se le escapaba a Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, es el \u00e1cido desoxirribonucleico que oxida nuestros d\u00edas en su af\u00e1n permanente por huir.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 el tiempo huye, lo sab\u00eda Virgilio: \u201cTempus fugit\u201d. Y que huye irreparablemente. Su huida es marca y condici\u00f3n de la naturaleza humana: \u201cAyer se fue, ma\u00f1ana no ha llegado y hoy se est\u00e1 yendo sin parar un punto. Soy un fue, un ser\u00e1 y un es cansado\u201d. As\u00ed comprendi\u00f3 Quevedo la vida que transcurre sometida a la tiran\u00eda de un tiempo al que no somos capaces de domesticar poni\u00e9ndole correa. El tiempo es un perro que tira de nosotros, que corremos tras \u00e9l, en nuestro empe\u00f1o por no quedarnos atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero hay maneras de vencer esta temporalidad que nos aplasta y angustia en ocasiones. El Talmud nos las revela: plantar un \u00e1rbol, escribir un libro y tener un hijo. A veces se han confundido como las tres cosas que hay que hacer antes de morir, y en este error, hay quien incluye montar en globo y otras aventuras por el estilo. Pero no tienen que ver.<\/p>\n<p>Si El Talmud cita estas tres y s\u00f3lo estas, es porque son las \u00fanicas que permiten al ser humano transcenderse as\u00ed mismo, derribar ese muro que es la muerte, contra el que todos acabaremos estrellados, y permanecer aqu\u00ed, todav\u00eda vivos, incluso cuando ya no estemos. El \u00e1rbol, el libro y el hijo, seguir\u00e1n, vivir\u00e1n y nosotros viviremos en sus vidas, no nos iremos del todo. \u201cY se quedar\u00e1 mi huerto con su verde \u00e1rbol\u201d.<\/p>\n<p>Este fin de semana he plantado un paraguayo y un nogal. Por esta parte voy cubierto ya. Con los libros, creo que tambi\u00e9n he cumplido suficiente (este mes de marzo, saldr\u00e1 el nuevo, \u201c40\u201d se titula). Me queda, lo s\u00e9, lo m\u00e1s arriesgado y creo que tambi\u00e9n lo m\u00e1s maravilloso: traer a la vida a un ser humano. Entonces el c\u00edrculo estar\u00e1 completo y aunque yo\u00a0 ya no est\u00e9 para verlo, otros ojos, que tambi\u00e9n ser\u00e1n en parte m\u00edos, ver\u00e1n y sonreir\u00e1n ante el paso de los d\u00edas.<\/p>\n<p>Salud.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.oscarmprieto.com\">www.oscarmprieto.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La semana pasada hablamos de las campanas que marcan con su toque el transcurrir del tiempo. 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