{"id":138,"date":"2013-04-30T05:50:58","date_gmt":"2013-04-30T05:50:58","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/oscarmprieto\/?p=138"},"modified":"2013-04-30T05:50:58","modified_gmt":"2013-04-30T05:50:58","slug":"de-la-naturaleza-de-las-cosas-iii-y-fin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/oscarmprieto\/2013\/04\/30\/de-la-naturaleza-de-las-cosas-iii-y-fin\/","title":{"rendered":"DE LA NATURALEZA DE LAS COSAS (III Y FIN)"},"content":{"rendered":"<p>Regresemos a buscar a Epicuro. Seguro que nos est\u00e1 esperando en su jard\u00edn. El Jard\u00edn era el nombre que Epicuro eligi\u00f3 para su escuela, el lugar en el que se reun\u00eda con sus amigos y disc\u00edpulos, donde, a la sombra apacible de los \u00e1rboles compart\u00eda con ellos su visi\u00f3n del hombre, del mundo y de los dioses. As\u00ed como la escuela de Plat\u00f3n se llam\u00f3 la Academia y la de Arist\u00f3teles el Liceo, Epicuro eligi\u00f3 un Jard\u00edn para la suya. Toda una declaraci\u00f3n de intenciones. Como tambi\u00e9n lo fue su decisi\u00f3n de recibir entre sus compa\u00f1eros y amigos a esclavos y a mujeres. Algo que muchos contempor\u00e1neos suyos calificaron de revolucionario.<\/p>\n<p>Hace ya muchos a\u00f1os \u2013nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos-, cinco o seis amigos, decidimos darle a los domingos una oportunidad m\u00e1s all\u00e1 de las resecas. Nos reun\u00edamos en tertulia, en el Sal\u00f3n del Rey. Como humilde homenaje al Maestro, la llamamos El Huerto. Cre\u00edamos que un jard\u00edn nos quedar\u00eda demasiado grande. Un huerto estaba m\u00e1s cerca de nuestras capacidades e intenciones. Pasamos tardes cordiales e incluso conseguimos llevar a El huerto a alguna mujer.<\/p>\n<p>Hace un tiempo decid\u00ed pasar de las palabras a los hechos. Y aunque es lugar com\u00fan que del dicho al hecho hay un gran trecho, recorrerlo, casi siempre, merece la pena. As\u00ed que me dispuse a cultivar mi propio huerto y as\u00ed transformar las palabras en tomates, lechugas, cebollas, calabazas y pimientos. Sin duda mucho m\u00e1s verdaderos que la mayor\u00eda de aquellas que, para nuestra desgracia, en muchas ocasiones son falsas, mercenarias o hueras. O m\u00e1s bien somos nosotros quienes las falseamos, las prostituimos y las vaciamos de verdad y de sentido.<\/p>\n<p>Volvamos a Epicuro. Para \u00e9l, <i>ataraxia<\/i> y <i>autarqu\u00eda<\/i>, eran las condiciones b\u00e1sicas para que los hombres pudi\u00e9ramos ser felices. Un huerto, cultivar un huerto, cumple sobradamente con ambas condiciones. Pues aleja las perturbaciones del \u00e1nimo \u2013<i>ataraxia<\/i>&#8211; y nos permite, en cierto grado, ser autosuficientes, es decir, satisfacer nuestras necesidades \u2013<i>autarqu\u00eda<\/i>-.<\/p>\n<p>Personalmente, nada me perturba m\u00e1s el \u00e1nimo que la vivencia del tiempo, a destiempo. Cuando se cultiva un huerto, junto a las verduras y hortalizas, se cultiva la virtud de la paciencia. Las zanahorias no conocen las prisas y no s\u00f3lo eso, ignoran por completo las prisas que uno tenga. Ellas tienen su tiempo para germinar y crecer.\u00a0 Y, o acabas comprendiendo esta lecci\u00f3n o nunca ser\u00e1s un buen hortelano. Ya lo dijo Salinas: no por correr a principios de octubre, se llega antes a la primavera.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la <i>autarqu\u00eda<\/i>, qu\u00e9 a\u00f1adir, cuando es algo que resulta evidente. Sin llevarlo al extremo, poder alimentarse de los frutos que la uni\u00f3n armoniosa del trabajo de nuestras propias manos y la generosidad de la tierra f\u00e9rtil pone en nuestra mesa, es una de las m\u00e1s gratificantes satisfacciones que conozco.<\/p>\n<p>Y al contrario de lo que alguno pudiera pensar de que esta autarqu\u00eda de la que estoy hablando entra\u00f1ara el riesgo de conducirnos hacia el ego\u00edsmo, nada m\u00e1s alejado de la realidad, pues un huerto propicia los regalos, una de las expresiones m\u00e1s perfectas de la bonhom\u00eda. Lo compruebo en el brillar feliz de los ojos de mis amigos cada vez que me presento con una peque\u00f1a cesta llena de berzas, berenjenas y alcachofas (un brillo de igual intensidad al que me regalan cuando les traigo una docena de huevos de mis gallinas).<\/p>\n<p>Quedan por contar muchas m\u00e1s alegr\u00edas que un huerto puede darnos. Pero os dejo que las descubr\u00e1is por vosotros mismos.<\/p>\n<p>Tal y como vamos, no me parece tan descabellado proponer a los gobiernos de este mundo nuestro que, en lugar de tanto proyecto urban\u00edstico, de tanta ciudad fantasma e inhumana, consideren las ventajas de proporcionar a cada uno un peque\u00f1o terreno para cultivar huertos. No se necesita mucho.<\/p>\n<p>Otro huerto es posible.<\/p>\n<p>Salud<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Regresemos a buscar a Epicuro. Seguro que nos est\u00e1 esperando en su jard\u00edn. 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