{"id":173,"date":"2013-07-26T08:24:41","date_gmt":"2013-07-26T08:24:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/?p=173"},"modified":"2013-07-26T08:24:41","modified_gmt":"2013-07-26T08:24:41","slug":"esa-alegria-milenaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/2013\/07\/26\/esa-alegria-milenaria\/","title":{"rendered":"Esa alegr\u00eda milenaria"},"content":{"rendered":"<p>El Monte do Gozo recibe ese nombre por la emoci\u00f3n que, tras muchos meses de andadura en ocasiones solitaria y casi siempre fatigosa, embarga al peregrino cuando contempla por primera vez desde su cima las torres de la catedral compostelana y la recoleta ciudad que, como esas l\u00e1grimas que emanan de la emoci\u00f3n, se desparrama pl\u00e1cida a sus pies. La tradici\u00f3n dicta que los romeros hagan noche en ese paraje antes de internarse por las hermosas e intrincadas calles de Santiago, que a esas alturas del Camino se encuentran a s\u00f3lo unos pocos kil\u00f3metros de distancia: esa modesta cumbre, desde la que se observa el final de un largo viaje, un destino que tras muchas dificultades y sinsabores se encuentra, de pronto, al alcance de la mano, es la antesala misma de la felicidad, cuando no la felicidad misma. Un reducto para regodearse en esa estrategia infantil que consiste en demorar el disfrute de aquello que tanto ansiamos para poder disfrutarlo el doble cuando llegue el momento.<\/p>\n<p>He visitado varias veces Santiago de Compostela, y siempre, en alg\u00fan momento, me he sorprendido envidiando a quienes llegaban a ella con los pies destrozados, las ropas empapadas en sudor y el cansancio instalado en la mirada, porque por mucho que pudiera compartir con ellos el sobrecogimiento que irremediablemente provoca la contemplaci\u00f3n del P\u00f3rtico de la Gloria o el apacible embelesamiento que invade a los que caminan sin prisas por las esbeltas naves de la catedral o recorren esas calles de aroma medieval en las que late el bullicio de las antiguas tabernas, sab\u00eda que no podr\u00eda participar de su alegr\u00eda. Yo era all\u00ed un mero transe\u00fante; ellos, los triunfadores de una prueba que no tiene tanto que ver con la vocaci\u00f3n de ganarse los presuntos favores del ap\u00f3stol como con la necesidad de superar los propios l\u00edmites, de erigirse en triunfadores de esa batalla tan feroz y tan compleja que es la que le enfrenta a uno consigo mismo.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 por eso que siempre he identificado a Compostela con esa alegr\u00eda milenaria con que los millones de peregrinos llegados a ese conf\u00edn del mundo a lo largo de la historia han ido contagiando a todos y cada uno de sus rincones, del Obradorio a As Plater\u00edas, de San Mart\u00edn Pinario a la r\u00faa do Vilar, del Campo de San Clemente a la Fonte de Santo Antonio. Y quiz\u00e1 por eso me ha dolido ver tan triste a una ciudad a la que adoro y que, precisamente por dar tanto consuelo, no se merec\u00eda ver su fiesta grande interrumpida por la desgracia. Los impulsos que gu\u00edan la escritura se rigen por extra\u00f1os resortes de la conciencia: quiero entonar un r\u00e9quiem por cada uno de los ochenta fallecidos en ese tren que se obcec\u00f3 en dar una curva a una velocidad inveros\u00edmil y lo que me sale es un llanto por Compostela. Por una ciudad que, cuando los titulares de la tragedia se vayan diluyendo en los peri\u00f3dicos\u00a0 y las familias se lleven a sus muertos para darles la digna sepultura que merecen, se quedar\u00e1 a solas con su dolor. Con el recuerdo de esas ochenta personas que no pudieron llegar a ver las torres catedralicias recortarse sobre el cielo como una promesa de la felicidad postergada. Condenada a revivir para siempre, en las v\u00edsperas de su gran d\u00eda, el momento en que la fatalidad quiso hacer acto de presencia para interrumpir con su abrazo helado esa alegr\u00eda milenaria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Monte do Gozo recibe ese nombre por la emoci\u00f3n que, tras muchos meses de andadura en ocasiones solitaria y casi siempre fatigosa, embarga al peregrino cuando contempla por primera vez desde su cima las torres de la catedral compostelana y la recoleta ciudad que, como esas l\u00e1grimas que emanan de la emoci\u00f3n, se desparrama<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/2013\/07\/26\/esa-alegria-milenaria\/\">Leer el resto&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":174,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-173","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-posts-anteriores"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/files\/2013\/07\/Santiago-de-Compostela.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2Z2L9-2N","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/173","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=173"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/173\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":176,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/173\/revisions\/176"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/media\/174"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=173"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=173"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=173"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}