{"id":15,"date":"2012-12-03T19:16:20","date_gmt":"2012-12-03T19:16:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/?p=15"},"modified":"2012-12-03T21:23:14","modified_gmt":"2012-12-03T21:23:14","slug":"estreno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/2012\/12\/03\/estreno\/","title":{"rendered":"Estreno"},"content":{"rendered":"<p>En diciembre de 2005, un peri\u00f3dico tuvo la gentileza de ofrecerme un rinc\u00f3n semanal desde el que desahogarme ante el mundo. Era la primera vez que ostentaba la condici\u00f3n de articulista y, honestamente, no cre\u00ed que la cosa fuese a durar mucho. Un amigo me advirti\u00f3 de que, conoci\u00e9ndonos a m\u00ed y a mis muchas y variadas neuras, lo m\u00e1s probable era que tanto los lectores como los responsables de aquel diario se cansasen de mis divagaciones antes de los tres meses.\u00a0 Por fortuna para m\u00ed,\u00a0 y para desgracia de quienes se encontraban cada jueves con mi cara y mis palabras esquinadas en alg\u00fan lateral de las p\u00e1ginas de Cultura, ambos nos equivoc\u00e1bamos. Mi colaboraci\u00f3n se prolong\u00f3 durante cinco a\u00f1os y medio, un periodo en el que repart\u00ed estopa a diestro y siniestro y aprovech\u00e9 para hablar de todo lo que se me iba ocurriendo para desesperaci\u00f3n de la jefa de \u00e1rea -que de vez en cuando me llamaba por tel\u00e9fono para recordarme que me hab\u00edan contratado con el fin de que tratara exclusivamente asuntos literarios y culturales- y regocijo de quienes me le\u00edan semana tras semana convencidos de que, con esos mimbres y ese nulo talento para la diplomacia que yo me esforzaba en demostrar l\u00ednea a l\u00ednea, a la larga no me quedar\u00eda otro remedio que finalizar mis d\u00edas bajo el cobijo de alg\u00fan puente.<!--more--><\/p>\n<p>Sin embargo, nadie me ech\u00f3 de aquel peri\u00f3dico, sino que fui yo el que se larg\u00f3 cuando un diario de la competencia me hizo una oferta mejor (el periodismo es, en esencia, un oficio mercenario) y traslad\u00e9 mis b\u00e1rtulos hacia otra casa en la que fui muy feliz, pero donde no dur\u00e9 mucho: el peri\u00f3dico cerr\u00f3 a los seis meses de incorporarme a sus filas (aunque creo que no por mi culpa) y de buenas a primeras me encontr\u00e9 tirado en medio de la calle, con una mano delante y otra detr\u00e1s y sin que nadie requiriera mis servicios de opinador de cabecera, supongo que porque mis columnas tampoco val\u00edan para tanto y porque los art\u00edculos de opini\u00f3n son esa cosa que da mucho lustre pero que, en realidad, no lee hoy en d\u00eda casi nadie.<\/p>\n<p>Y hete aqu\u00ed que hoy me veo estrenando esta casa, y aunque no soy del todo un debutante (ya hab\u00eda incurrido hace tiempo en alguna que otra tropel\u00eda literario-period\u00edstica bajo esta misma cabecera), s\u00ed que siento el temblor y el v\u00e9rtigo de quien busca acomodo en un lugar del que lo desconoce casi todo y donde espera permanecer una larga temporada sin otro aval que el de sus buenas intenciones. Me he propuesto no organizar fiestas demasiado ruidosas, y tengo verdadero inter\u00e9s en llevarme bien con mis nuevos vecinos, pero uno no puede asegurar nada hasta que las cosas van rodando y se percibe la direcci\u00f3n del viento que marca el rumbo de la comunidad de propietarios. Estrenar una columna de opini\u00f3n es, en el fondo, como inaugurar una p\u00e1gina en blanco o abrir la puerta de una estancia que se presenta ante nosotros sin que nadie nos advierta de aquello que nos puede aguardar en su interior. Uno procura ser cauto y no caer en m\u00e1s valent\u00edas que las imprescindibles, pero sabe que en un momento dado hay que asumir el riesgo y tirar para adelante. En eso consiste, a grandes rasgos, este oficio. En eso consiste, a grandes rasgos, la vida misma.<\/p>\n<p>Sean ustedes, pues, bienvenidos a \u00e9sta, mi nueva casa. Ojal\u00e1 muy pronto puedan sentirla como suya.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En diciembre de 2005, un peri\u00f3dico tuvo la gentileza de ofrecerme un rinc\u00f3n semanal desde el que desahogarme ante el mundo. Era la primera vez que ostentaba la condici\u00f3n de articulista y, honestamente, no cre\u00ed que la cosa fuese a durar mucho. 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