{"id":119,"date":"2013-05-08T10:13:52","date_gmt":"2013-05-08T10:13:52","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/?p=119"},"modified":"2013-05-08T10:14:45","modified_gmt":"2013-05-08T10:14:45","slug":"y-la-casa-encendida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/2013\/05\/08\/y-la-casa-encendida\/","title":{"rendered":"&#8230; Y la casa, encendida"},"content":{"rendered":"<p>Dicen que Luis Rosales era un hombre melanc\u00f3lico, que estaba aquejado de una nostalgia eterna que probablemente hundir\u00eda sus ra\u00edces en aquella amarga noche de 1936 en la que no pudo alejar a su mejor amigo de las fauces de la bestia y vio c\u00f3mo algunos le acusaban de no haber hecho todo lo posible para salvar la vida y los versos del poeta del cante jondo y las auroras neoyorquinas. Durante el resto de su vida -y fue larga, y fruct\u00edfera- aquella muerte injusta, desproporcionada y tan maldita, castizamente espa\u00f1ola, pes\u00f3 sobre su espalda como una losa, y hay quien lo recuerda paseando por las calles de Madrid como un S\u00edsifo condenado a cargar siempre con un lastre del que \u00e9l, manchado por una culpa que no le correspond\u00eda, jam\u00e1s pudo desprenderse del todo.<\/p>\n<div>Han pasado muchos a\u00f1os, y en este soleado mes de julio en el que la gran ciudad parece m\u00e1s manejable que nunca y un sol chispeante y juguet\u00f3n se derrama por las fachadas del barrio de Arg\u00fcelles, el poeta Fernando Beltr\u00e1n y yo no tenemos ni tiempo ni ganas de pensar en disparos o rencillas, por m\u00e1s que a muy pocos metros a\u00fan sobreviva alg\u00fan b\u00fanker del frente de la Ciudad Universitaria y en nuestro itinerario se vayan cruzando el inmueble en el que Rafael Alberti y Mar\u00eda Teresa Le\u00f3n vivieron los esplendores de la II Rep\u00fablica o la nerudiana Casa de las Flores en la que el chileno que escrib\u00eda canciones desesperadas y versos capitanescos pas\u00f3 -seg\u00fan su propia confesi\u00f3n de vida y obra- algunos de sus tiempos m\u00e1s felices. Como por casualidad, desembocamos en la esquina de Princesa con Altamirano y Fernando -que en privado es un estupendo <em>tusitala<\/em>, como bien sabemos (y le agradecemos) sus amigos- me cuenta que hace muchos a\u00f1os, a finales de la d\u00e9cada de los cuarenta del siglo pasado, a una hora a\u00fan temprana de la madrugada, Luis Rosales lleg\u00f3 al punto en el que nos encontramos despu\u00e9s de una velada que no hab\u00eda resultado todo lo bien que \u00e9l esperaba.<\/div>\n<div>-El hombre iba cansado, desencantado, confuso -me contaba descendiendo por Altamirano hacia el Parque del Oeste-, y mientras caminaba por esta acera alz\u00f3 la vista y vio encendida una de las ventanas de su casa. De aquella casa.<\/div>\n<div><\/div>\n<p>Me se\u00f1ala un inmueble venerable, pero discreto, cuya entrada custodian dos \u00e1rboles que a estas alturas del a\u00f1o lucen una vegetaci\u00f3n frondosa y amigable. \u00abVi iluminadas, obradoras, radiantes, estelares, \/ las ventanas, \/ -s\u00ed, todas las ventanas-. \/ Gracias, Se\u00f1or, la casa est\u00e1 encendida\u00bb, recito de memoria mientras mi amigo sonr\u00ede y me se\u00f1ala una placa que recuerda que, en efecto, fue all\u00ed donde el poeta granadino escribi\u00f3 uno de los textos m\u00e1s gloriosos -y no muy recordado- de nuestra literatura de posguerra. En el portal hay varios carteles de inmobiliarias. \u00bfEstar\u00e1 en venta la casa encendida?, nos preguntamos Fernando y yo quietos ante el edificio.\u00a0 El viento mueve suavemente las hojas de los \u00e1rboles y lo que en un principio no iba a ser m\u00e1s que un d\u00eda de paso en Madrid acaba convirti\u00e9ndose en el inesperado sue\u00f1o de una sobremesa veraniega que ya empieza a buscar un hueco en el desamparado rinc\u00f3n donde conviven, cada vez m\u00e1s hacinados, los recuerdos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dicen que Luis Rosales era un hombre melanc\u00f3lico, que estaba aquejado de una nostalgia eterna que probablemente hundir\u00eda sus ra\u00edces en aquella amarga noche de 1936 en la que no pudo alejar a su mejor amigo de las fauces de la bestia y vio c\u00f3mo algunos le acusaban de no haber hecho todo lo posible<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/2013\/05\/08\/y-la-casa-encendida\/\">Leer el resto&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":120,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-119","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-posts-anteriores"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/files\/2013\/05\/callealtamirano.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2Z2L9-1V","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=119"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":123,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119\/revisions\/123"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/media\/120"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=119"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=119"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelbarrero\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=119"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}