{"id":887,"date":"2014-01-19T10:42:13","date_gmt":"2014-01-19T10:42:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelangelmontanaro\/?p=887"},"modified":"2014-01-19T14:55:30","modified_gmt":"2014-01-19T14:55:30","slug":"testigos-del-pasado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelangelmontanaro\/2014\/01\/19\/testigos-del-pasado\/","title":{"rendered":"Testigos del pasado"},"content":{"rendered":"<p>Pablo y Eduarda corrieron a refugiarse bajo las ramas de la ceiba que vigilaba los tinglados del puerto. El intervalo entre la primera y la segunda explosi\u00f3n hab\u00eda sido demasiado breve. Pablo, alertado por los rumores del sabotaje que acechaba al barco <em>yankee<\/em> atracado en el puerto de la ciudad de La Habana, y prevenido por el sexto sentido que ya le hab\u00eda salvado la vida en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, se arroj\u00f3 sobre su esposa protegi\u00e9ndola con su cuerpo; pero ella, aterrorizada, no pudo reprimir un grito cuando a escasos cent\u00edmetros de su cara, cay\u00f3 humeante la bota de un marinero norteamericano con el pie dentro.<br \/>\nApenas una hora despu\u00e9s, cuando <em>Mam\u00e1 Rosilla<\/em>, la sirvienta cuarterona, se afanaba en desanudar el polis\u00f3n que levantaba por detr\u00e1s el vestido de faya de su se\u00f1ora, Pablo ocultaba disimuladamente un peque\u00f1o rev\u00f3lver en la cintura antes de abotonarse la levita.<br \/>\n\u2013No me esperes levantada \u2013se despidi\u00f3 con una sombra de preocupaci\u00f3n en su sonrisa.<br \/>\n\u2013\u00bfAl final vas a ir de paisano? \u2013pregunt\u00f3 ella dej\u00e1ndose hacer por la criada.<br \/>\n\u2013No es prudente que salga de uniforme despu\u00e9s de lo que ha pasado esta noche. En el cuartel tengo ropa de faena y no creo que en adelante tenga que ponerme de nuevo el traje de gala. Desde hoy, los espa\u00f1oles desfilaremos poco en La Habana.<br \/>\n\u2013Ten mucho cuidado y no quieras ganar la guerra t\u00fa solo \u2013dijo al besarle en la mejilla, obligando a la sirvienta a detener su tarea y a quedarse parada con un cord\u00f3n del polis\u00f3n en cada mano, como si estuviera domando a su ama.<br \/>\nEsa noche, a nadie se le escapaba que los norteamericanos ya ten\u00edan su guerra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Estados Unidos, desde su fundaci\u00f3n como naci\u00f3n, ha deseado anexionarse Cuba.<br \/>\nNo en vano, el que fuera Presidente de los Estados Confederados de Am\u00e9rica, <strong>Jefferson Davis<\/strong>, proclam\u00f3 en el Senado: <em>\u00abCuba tiene que ser nuestra\u00bb<\/em>.<br \/>\nPosteriormente \u2013y adelant\u00e1ndose en m\u00e1s de un siglo a la invasi\u00f3n de Bah\u00eda de Cochinos\u2013, el venezolano de origen vasco, <strong>Narciso L\u00f3pez de Urriola<\/strong>, pagado por pol\u00edticos y empresarios del az\u00facar, intent\u00f3 desembarcar en la isla varios cientos de hombres armados en 1848, mientras la oferta econ\u00f3mica a Espa\u00f1a por el territorio caribe\u00f1o se incrementaba de cien a ciento veinte millones de d\u00f3lares.<br \/>\nLas d\u00e9cadas de tensi\u00f3n en la zona y el levantamiento del pueblo cubano contra el ag\u00f3nico poder colonial espa\u00f1ol, dejaron a la isla como una fruta que los norteamericanos creyeron lo suficientemente madura para que cayese en la cesta de su intervencionismo expansionista.<br \/>\nAs\u00ed las cosas, la oferta subi\u00f3 a los ciento cincuenta millones de d\u00f3lares.<br \/>\nEl gobierno espa\u00f1ol, orgulloso, y sobre todo, temeroso de que una mala jugada pol\u00edtica terminase por desacreditar a una monarqu\u00eda anquilosada en el pasado, resisti\u00f3 los envites de los norteamericanos; no obstante, mientras continuaba la guerra contra el Ejercito Libertador cubano, Espa\u00f1a concedi\u00f3 autonom\u00eda a Cuba y a Puerto Rico, en un intento por evitar un enfrentamiento b\u00e9lico con la nueva potencia, que condenar\u00eda a una derrota segura a una Espa\u00f1a extenuada econ\u00f3mica y militarmente.<br \/>\nLos norteamericanos s\u00f3lo ten\u00edan que aplicar un poco m\u00e1s de presi\u00f3n sobre \u00a0Espa\u00f1a, que ya no era ni la sombra del imperio donde nunca se pon\u00eda el sol.<br \/>\nY al poco de que el presidente <strong>McKinley<\/strong> proclamase: <em>\u00abS\u00ed posteriormente pareciera ser un deber impuesto por nuestras obligaciones con nosotros mismos, con la civilizaci\u00f3n y con la humanidad intervenir con la fuerza, ser\u00eda sin falta de nuestra parte y s\u00f3lo porque la necesidad de tal acci\u00f3n ser\u00e1 tan clara como para merecer el apoyo y la aprobaci\u00f3n del mundo civilizado\u00bb<\/em>; los norteamericanos, enviaron a Cuba al acorazado de segunda clase <em>Maine<\/em>, con el pretexto de proteger a sus ciudadanos establecidos en la isla.<br \/>\nEl buque atrac\u00f3 en La Habana el d\u00eda 25 de enero de 1898 y los espa\u00f1oles, siempre tan c\u00e1ndidos, tomamos aquella acci\u00f3n por una cortes\u00eda y enviamos a los cruceros <em>Vizcaya<\/em> y <em>Oquendo<\/em>, a cumplimentar la visita al puerto de Nueva York.<br \/>\nTres semanas m\u00e1s tarde, el 15 de febrero, a las 21:40 horas, dos explosiones volaron en pedazos los cuerpos de 266 marineros y dos oficiales de la dotaci\u00f3n del <em>Maine<\/em>.<br \/>\nEn las tareas de auxilio, en las cuales se volcaron los marinos de otros barcos que se encontraban atracados junto al buque americano, fallecieron dos espa\u00f1oles.<br \/>\nSe analizaron las posibles causas de la voladura en dos comisiones, una norteamericana y una espa\u00f1ola, a la que se le neg\u00f3 el acceso a la parte sumergida del casco de la nave.<br \/>\nLos norteamericanos dictaminaron, que la explosi\u00f3n pod\u00eda deberse a causas externas y no, a un accidente en la caldera o a un incendio en el pa\u00f1ol de municiones y descartaron, como no pod\u00eda ser de otra manera, una negligencia del personal de abordo.<br \/>\nEl dictamen de nuestros marinos ni siquiera fue \u00a0escuchado.<br \/>\nSe culpaba a los espa\u00f1oles de volar el acorazado con una mina.<br \/>\nLa suerte estaba echada.<br \/>\nLa opini\u00f3n p\u00fablica norteamericana, azuzada por la prensa amarillista de <strong>William Randolph Hearst<\/strong>, clam\u00f3 la consigna de: <em>\u00abRemember the Maine. Hell to Spain\u00bb<\/em>, y la presi\u00f3n a la Corona espa\u00f1ola lleg\u00f3 con una oferta y un ultim\u00e1tum: trescientos millones de d\u00f3lares por las posesiones espa\u00f1olas en aquella zona de influencia norteamericana, o la guerra.<br \/>\nEspa\u00f1a s\u00f3lo pod\u00eda tratar de mantener su dignidad de potencia hist\u00f3rica yendo a un conflicto armado, que esperaba resultase lo m\u00e1s corto posible, como as\u00ed fue.<br \/>\nAs\u00ed lleg\u00f3 el desastre del 98 que amamantar\u00eda en Espa\u00f1a a una generaci\u00f3n formidable de escritores y nos cubrir\u00eda a los espa\u00f1oles con una ra\u00edda capa de desilusi\u00f3n colectiva con la que nos tapamos las verg\u00fcenzas colonialistas.<br \/>\nPero no hemos terminado la historia. Puede que ustedes se est\u00e9n preguntando\u2026 en realidad\u2026 \u00bfqu\u00e9 o qui\u00e9n hundi\u00f3 el <em>Maine<\/em>?<br \/>\nLos expertos no se han puesto definitivamente de acuerdo.<br \/>\nNi la <em>comisi\u00f3n Vreeland<\/em>, o el estudio contenido en la monograf\u00eda de <strong>Rickover<\/strong>, u otros, han terminado por dar una explicaci\u00f3n satisfactoria para ambas naciones enfrentadas en su d\u00eda por este extra\u00f1o suceso.<br \/>\nEs evidente, que los espa\u00f1oles no atentamos contra el <em>Maine<\/em> porque lo \u00faltimo que nos interesaba era una guerra contra los norteamericanos. Los cubanos no ten\u00edan ni los medios, ni la oportunidad f\u00edsica de colocar un explosivo que alcanzase la zona cr\u00edtica del buque siniestrado; y mucho menos, pod\u00edan permitirse cambiar de amo.<br \/>\nSin embargo, sabemos que el magnate <strong>Hearst<\/strong>, que hab\u00eda visitado la isla en esas fechas acompa\u00f1ado de hombres de negocios con fuertes intereses en Cuba, mantuvo su yate, <em>el Bucanero<\/em>, atracado a escasa distancia del <em>Maine<\/em>; lo que no sabemos, es por qu\u00e9 tom\u00f3 tal cantidad de fotograf\u00edas del acorazado antes de partir de La Habana, cuatro d\u00edas antes de la voladura del buque de la Armada estadounidense.<br \/>\nPero es muy posible que la respuesta a este desgraciado incidente la tuvieran Pablo y Eduarda.<br \/>\nCuando se perdi\u00f3 la guerra, el matrimonio regres\u00f3 a Espa\u00f1a y\u00a0Pablo, que le\u00eda una creciente melancol\u00eda en su esposa, decidi\u00f3 construirle una casa se\u00f1orial en un pueblecito en las afueras de Cartagena, pensando que tal vez, los aires del campo llevar\u00edan de nuevo el color al rostro y la vitalidad al esp\u00edritu alica\u00eddo de su amada.<br \/>\nAll\u00ed, en aquella casona de indiano orgulloso, que Eduarda decor\u00f3 con azulejer\u00eda valenciana y donde las parejas, engalanadas a la moda de la <em>Belle \u00c9poque,<\/em>\u00a0bailaron en el sal\u00f3n reflejadas en los cristales esmerilados de Bruselas incrustados en las puertas de caoba; la pareja siempre cont\u00f3 la misma historia a sus hijos y nietos.<br \/>\nUn relato que se ha contado en la familia de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n.<br \/>\nPablo y Eduarda aseguraron siempre, que esa noche de su paseo por el puerto de La Habana, cuando vol\u00f3 el <em>Maine<\/em>, media ciudad esperaba tal acontecimiento, pues los mandos americanos hab\u00edan abandonado el buque dejando abordo\u00a0 a la mariner\u00eda y a dos oficiales de baja graduaci\u00f3n; circunstancia \u00e9sta que las autoridades norteamericanas siempre han querido obviar, consider\u00e1ndola anecd\u00f3tica.<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 la alta oficil\u00eda, al completo, bajo a tierra esa noche?<br \/>\nInexplicablemente, el comandante del <em>Maine<\/em>, el capit\u00e1n de nav\u00edo <strong>Charles Dwight Sigsbee<\/strong> y todos sus oficiales, tuvieron que atender distintas obligaciones a la misma hora y se le orden\u00f3 a la mariner\u00eda que no saliese del buque, con el pretexto de que ellos, los marineros, pod\u00edan ser objeto de ataques de la poblaci\u00f3n.<br \/>\nYo creo en las palabras de Pablo y Eduarda, que siempre repitieron la misma historia sin contradecirse, ni cambiar su versi\u00f3n.<br \/>\nDe buena tinta s\u00e9, adem\u00e1s, que eran buena gente. Y tambi\u00e9n s\u00e9, que la mansi\u00f3n donde nuestros protagonistas narraron por primera vez esa fuga de oficiales norteamericanos, la noche que explot\u00f3 el <em>Maine<\/em>, encierra celosa otros\u00a0sucesos inexplicables.<br \/>\nPero esos hechos forman parte de otras historias\u2026<br \/>\n\u00a1Ah! Casi lo olvido. No les hab\u00eda dicho, Pablo y Eduarda, que ilustran con su fotograf\u00eda esta cr\u00f3nica, eran mis bisabuelos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pablo y Eduarda corrieron a refugiarse bajo las ramas de la ceiba que vigilaba los tinglados del puerto. El intervalo entre la primera y la segunda explosi\u00f3n hab\u00eda sido demasiado breve. 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