{"id":592,"date":"2013-10-12T13:13:47","date_gmt":"2013-10-12T13:13:47","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelangelmontanaro\/?p=592"},"modified":"2013-11-03T19:45:05","modified_gmt":"2013-11-03T19:45:05","slug":"los-ninos-del-patio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelangelmontanaro\/2013\/10\/12\/los-ninos-del-patio\/","title":{"rendered":"Los ni\u00f1os del patio"},"content":{"rendered":"<p>Hasta hace pocos a\u00f1os so\u00f1aba con una imagen recurrente.<br \/>\nMe ve\u00eda en plena noche junto a la puerta enrejada que daba acceso a las Casas de Marina donde pas\u00e9 mi infancia. La luz encendida del portal del fondo, en el cual viv\u00edamos, me reclamaba hipn\u00f3tica. Avanzaba hacia el port\u00f3n, empujaba la puerta y acto seguido, buscaba en el buz\u00f3n de correos una carta a mi nombre que nunca hallaba.<br \/>\nDesde que abandonamos aquella residencia \u2013hace tanto tiempo\u2013, siempre que vuelvo por Cartagena y tambi\u00e9n a la noche, cuando detengo el coche en el sem\u00e1foro que regula el tr\u00e1fico frente a aquellas casas del paseo Alfonso XIII, no puedo evitar volver la mirada hacia el interior del patio y a aquellos bloques de viviendas con las ventanas y las puertas pintadas de verde.<br \/>\nY no puedo evitar tampoco, sentir cierta melancol\u00eda.<br \/>\nDicen que cualquier tiempo pasado fue mejor. No me atrevo a suscribir esa afirmaci\u00f3n tan rotunda, pero si puedo asegurarles que aquella etapa de mi vida fue, con total seguridad, la m\u00e1s feliz.<br \/>\nAquel tiempo nos marc\u00f3 a los ni\u00f1os del patio \u2013hab\u00eda tres patios, en nuestra jerga: el de <em>alante<\/em>, el de en medio y el de atr\u00e1s\u2013, con un sello propio, porque aquellas casas no fueron solo un lugar donde vivir, fueron tambi\u00e9n, una escuela de aprendizaje y supervivencia.<br \/>\nUna \u00e9poca de austeridad auxiliada con los precios baratos del Economato y la Farmacia de Marina, que ayudaron a nuestros padres a sacarnos adelante, porque cada familia era un peque\u00f1o cuartel.<br \/>\nFueron decenas de ellas las que vivieron en aquellas casas, pero recuerdo siempre a las m\u00e1s emblem\u00e1ticas: <em>los Ruiz<\/em>, que eran ocho o nueve hermanos, <em>los Acosta<\/em>, que eran once o doce, <em>los Miranda<\/em>, que eran otra tropilla, <em>los \u00c1lamo<\/em>, <em>los Artero<\/em>, <em>los Navarro<\/em>, <em>los Oliver<\/em>, <em>los Norte<\/em> y mi familia, que \u00e9ramos seis.<br \/>\nTodos de un padre y una madre, pues hab\u00eda canarios, andaluces, gallegos, catalanes, mallorquines, cartageneros y del \u00faltimo rinc\u00f3n de Espa\u00f1a, pero nos igualaba un denominador com\u00fan, no necesit\u00e1bamos un traductor para entendernos entre nosotros, como hoy en el Senado.<br \/>\nNo ten\u00edamos videoconsolas, ni ordenadores, ni tel\u00e9fonos m\u00f3viles, ni ropa de marca; ni \u00edbamos a campamentos de verano a aprender ingl\u00e9s, ni nos llevaban a ballet.<br \/>\nPero ten\u00edamos el patio.<br \/>\nAll\u00ed, los ni\u00f1os fuimos, <em>el Capit\u00e1n Am\u00e9rica<\/em>, <em>Spiderman<\/em> y <em>el Capit\u00e1n Trueno<\/em>. Nos batimos como consumados espadachines y nos lanzamos en paraca\u00eddas sobre la isla de Java; y c\u00f3mo no, cruzamos los oc\u00e9anos en nuestros submarinos con los mandos pintados con tiza sobre la pared.<br \/>\nEn aquel para\u00edso, jugamos a polic\u00edas y ladrones, a <em>la pill\u00e1 <\/em>americana, al pa\u00f1uelo, a <em>los rompis<\/em>, y a las chapas. Nos convertimos en maestros del gu\u00e1 con las canicas y dominamos el arte de bailar las peonzas, a las que llam\u00e1bamos <em>trompas<\/em>. Fabricamos escopetas de gomas y nos espachurramos las espaldas jugando al chinchemonete al grito de: \u00bfChurro, mediamanga o mangotero? \u00bfCu\u00e1l es el primero?; pero sobre todo, jugamos al f\u00fatbol, actividad \u00e9sta a la que le dedicar\u00e9 unas l\u00edneas especiales.<br \/>\nPorque en aquellas casas, no estaba permitido jugar al f\u00fatbol.<br \/>\nLo prohib\u00eda el todopoderoso conserje. El se\u00f1or Eusebio \u2013de aquella no control\u00e1bamos el uso del se\u00f1or y del don\u2013, un empleado de la Maestranza que vest\u00eda uniforme y llevaba la gorra de plato ligeramente levantada como un <strong>Humphey Bogart<\/strong> de andar por casa. A su mujer, que necesitaba un recambio urgente de sus prominentes incisivos, la llam\u00e1bamos coloquialmente, <em>la coneja<\/em>, pues de todos es sabido, que no hay nada m\u00e1s cruel en el mundo, que un ni\u00f1o con mala leche.<br \/>\nEl caso es que cuando acord\u00e1bamos un partidillo clandestino, al punto aparec\u00eda por all\u00ed el se\u00f1or Eusebio para secuestrarnos el bal\u00f3n que arrestaba convenientemente en uno de los s\u00f3tanos bajo su control.<br \/>\nEntonces, como potenciales aprendices de infantes de marina, plane\u00e1bamos todos los meses un golpe de mano para rescatar los balones  capturados y al final, siempre ocurr\u00eda los mismo. <em>El Tent\u00edn<\/em> \u2013de la familia de los Ruiz\u2013, tomaba la iniciativa y le echaba un par de pelotas para recuperar las nuestras.<br \/>\n\u2013\u00bfC\u00f3mo has hecho para abrir la puerta del s\u00f3tano? \u2013le pregunt\u00e1bamos ansiosos cuando le ve\u00edamos aparecer con nuestros redondos tesoros.<br \/>\n\u2013\u00a1No pregunt\u00e9is! \u00a1No pregunt\u00e9is! \u2013respond\u00eda <em>el Tent\u00edn<\/em> iniciando la fuga.<br \/>\nLas ni\u00f1as, por su parte, jugaron a la comba, al el\u00e1stico, al <em>test\u00e9<\/em> y a las cuatro esquinas. Disfrutaron con sus cocinitas y sus mu\u00f1ecas,  so\u00f1aron con sus cantantes favoritos y consiguieron evitar d\u00eda tras d\u00eda, que nosotros les levant\u00e1ramos la falda a la menor ocasi\u00f3n.<br \/>\nJuegos que a veces se interrump\u00edan cuando varios de los ni\u00f1os que participaban, todos hermanos, sal\u00edan corriendo en direcci\u00f3n a la puerta, al ver a su padre regresar a casa y entonces, se pod\u00eda ver la estampa de un curtido hombre de la mar, con la gorra de plato bajo el brazo y la emoci\u00f3n hecha un nudo en la garganta, recibiendo los besos de sus hijos tras varios meses de navegaci\u00f3n.<br \/>\nDe aquella, nuestras excursiones fueron cortas. Si acaso al cine de verano de <em>los Juncos<\/em> a ver pel\u00edculas de Tarz\u00e1n y al quiosco del se\u00f1or Pedro a comprar chicles <em>Bazoka<\/em> y polos de dos pesetas. No necesit\u00e1bamos a un mundo que por lo visto, era mucho m\u00e1s peque\u00f1o que el que alberg\u00e1bamos en nuestra imaginaci\u00f3n. Y como la oferta televisiva se limitaba a dos canales, ya nos ocup\u00e1bamos nosotros de repartir nuestro tiempo organizando t\u00f3mbolas con nuestros juguetes viejos y dedic\u00e1ndonos al tr\u00e1fico. De tebeos.<br \/>\nS\u00ed, porque cuando ca\u00eda la noche, antes de meternos en la cama \u2013a la hora que los ni\u00f1os se iban a la cama\u2013, ped\u00edamos permiso para ir a casa de un compa\u00f1ero de correr\u00edas a cambiar tebeos.<br \/>\n\u2013Mam\u00e1, me voy a casa de <em>Juanico Miranda<\/em> a cambiar tebeos.<br \/>\n\u2013\u00bfPero Juanico no ha sido el que te ha tirado el diente?<br \/>\n\u2013S\u00ed. Y yo le he hinchado un ojo, pero ya somos amigos.<br \/>\nAs\u00ed eran las cosas entonces, los enfados duraban poco  y el sabor de los chicles duraba mucho.<br \/>\nHoy, aquellos ni\u00f1os, convertidos en hombres y mujeres, hemos vuelto a contactar por una de esas oportunidades que de vez en cuando nos regala la vida, para que valoremos las cosas que realmente importan, como son, la amistad y el cari\u00f1o. Y les aseguro que no voy a desaprovechar tal ocasi\u00f3n.<br \/>\nLa \u00fanica pena es, que <em>la Cuqui<\/em> y <em>la Maria Antonia<\/em> se habr\u00e1n cambiado el peinado y ya no podr\u00e9 tirarles de las coletas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hasta hace pocos a\u00f1os so\u00f1aba con una imagen recurrente. Me ve\u00eda en plena noche junto a la puerta enrejada que daba acceso a las Casas de Marina donde pas\u00e9 mi infancia. La luz encendida del portal del fondo, en el cual viv\u00edamos, me reclamaba hipn\u00f3tica. 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