{"id":321,"date":"2013-07-06T22:32:19","date_gmt":"2013-07-06T22:32:19","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelangelmontanaro\/?p=321"},"modified":"2013-07-12T09:41:14","modified_gmt":"2013-07-12T09:41:14","slug":"gongora-y-quevedo-cronica-de-una-hostilidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelangelmontanaro\/2013\/07\/06\/gongora-y-quevedo-cronica-de-una-hostilidad\/","title":{"rendered":"G\u00f3ngora y Quevedo. Cr\u00f3nica de una hostilidad"},"content":{"rendered":"<p>Los siglos XVI y XVII fueron para Espa\u00f1a dos centurias irrepetibles.<br \/>\nUna \u00e9poca \u2013a diferencia de la actual\u2013, en la que todos sab\u00edan cual era su sitio; como dijo cierta reina: \u00ablos capitanes en los cuarteles, los prelados en sus iglesias y los asesinos en la horca\u00bb.<br \/>\nUna edad de bachilleres l\u00fabricos y de novicias emparedadas, de hidalgos malcomidos y de matasietes a sueldo; y tambi\u00e9n, de poetas inmortales que hermosearon con tal rotundidad los d\u00edas que les toc\u00f3 vivir, que desde entonces, ese tiempo, ha sido llamado: el Siglo de Oro.<br \/>\nDe estos \u00faltimos quiero hablarles hoy \u2013y con permiso de <strong>Miguel de Cervantes Saavedra<\/strong> y de <strong>F\u00e9lix Lope de Vega<\/strong>\u2013, centrar\u00e9 el art\u00edculo en <strong>Luis de G\u00f3ngora<\/strong> y en <strong>Francisco de Quevedo<\/strong> y por supuesto, en la legendaria enemistad que uni\u00f3 sus firmas por los tiempos en la memoria literaria espa\u00f1ola.<br \/>\n<strong>Luis de G\u00f3ngora y Argote<\/strong> (1561-1627) fue un presb\u00edtero cordob\u00e9s cuyo particular empleo del lenguaje cre\u00f3 escuela: el culteranismo.<br \/>\nEsta l\u00ednea de escritura \u2013y sin \u00e1nimo de caer en una simpleza\u2013, pasaba por una vuelta a la voz de los cl\u00e1sicos; pero adornada con figuras ret\u00f3ricas como el hip\u00e9rbaton y plagada de cultismos que configuraban la obra como un complejo texto a descifrar por unos pocos iniciados en ese solipsismo.<br \/>\nG\u00f3ngora fue un esteta de l\u00e9xico rebuscado \u2013a mi juicio y a riesgo de que me crucifique la parroquia gongorina\u2013, el autor que da el primer paso hacia al herm\u00e9tico simbolismo que recorrer\u00edan siglos despu\u00e9s los post rom\u00e1nticos; aunque el culteranismo barroco de G\u00f3ngora apostase por una m\u00e9trica cuidada que desde\u00f1ar\u00edan los simbolistas con <strong>Baudelaire<\/strong> a la cabeza.<br \/>\nEl antagonista de G\u00f3ngora, fue <strong>Francisco G\u00f3mez de Quevedo Villegas<\/strong> (1580-1645) un madrile\u00f1o nacido en la cuna de la baja nobleza y reconocido como el gran adalid del conceptismo con la venia de <strong>Baltasar Graci\u00e1n<\/strong>.<br \/>\nEl conceptismo, como su propia ra\u00edz indica, iba al concepto, para luego diversificarlo en m\u00faltiples direcciones cargando a las palabras de varios significados. Era por lo tanto, polis\u00e9mico, pero a la vez conciso y cobr\u00f3 su m\u00e1ximo sentido en el c\u00e9lebre adagio: \u00ablo bueno, si breve, dos veces bueno\u00bb.<br \/>\nEl culteranismo naci\u00f3 dentro del conceptismo \u2013y a diferencia de \u00e9ste, que creci\u00f3 montaraz en el bancal de la prosa\u2013, floreci\u00f3 en el jard\u00edn de la l\u00edrica para perfumar a las letras con su fragancia secreta.<br \/>\nEl culteranismo era lo espiritual. El conceptismo era lo org\u00e1nico.<br \/>\nFueron, la rosa y la berza.<br \/>\nAs\u00ed lo vio G\u00f3ngora, ya en los primeros versos de este romance imperecedero.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Esperando est\u00e1n la rosa<\/em><br \/>\n<em> cuantas contiene un vergel<\/em><br \/>\n<em> flores hijas de la aurora,<\/em><br \/>\n<em> Bellas cuanto puede ser.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left\">El contrapunto lo puso Quevedo con su parodia sobre la hilarante boda entre Don Repollo y do\u00f1a Berza. Les dejo las dos primeras estrofas\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Don Repollo y do\u00f1a Berza,<\/em><br \/>\n<em> de una sangre y de una casta,<\/em><br \/>\n<em> si no caballeros pardos,<\/em><br \/>\n<em> verdes fidalgos de Espa\u00f1a,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em> cas\u00e1ronse, y a la boda<\/em><br \/>\n<em> de personas tan honradas,<\/em><br \/>\n<em> que sustentan ellos solos<\/em><br \/>\n<em> a lo mejor de Vizcaya\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left\">La pregunta es: \u00bfpor qu\u00e9 esa hostilidad entre ambos genios?<br \/>\nNadie tiene la respuesta, aunque es de suponer que Quevedo quiso alcanzar renombre atacando a un G\u00f3ngora consagrado \u2013que ya hab\u00eda publicado sus primeros versos el a\u00f1o que naci\u00f3 Quevedo\u2013, pero esa rivalidad bien pudo ser la l\u00f3gica consecuencia de ese af\u00e1n infantil por med\u00edrsela que tienen los hombres en general y algunos autores en particular; y cuando hablo de med\u00edrsela, me refiero a un an\u00e1lisis m\u00e1s cercano a lo prost\u00e1tico que a lo pros\u00f3dico.<br \/>\nPor otra parte, es sabido que en aquellos a\u00f1os, las diferencias personales no se arreglaban como hoy, con un parte amistoso de accidente, sino con la espada o con unas letrillas que provocasen en el adversario a batir, una gangrena an\u00edmica a\u00fan m\u00e1s lacerante que la del acero toledano; y en estas lides, nuestros protagonistas se acuchillaron a sonetos de mala sangre.<br \/>\nAmbos coincidieron en Valladolid, adonde se hab\u00eda mudado la Corte en 1601.<br \/>\nQuevedo lleg\u00f3 a la villa del Pisuerga ese mismo a\u00f1o, G\u00f3ngora lo har\u00eda un par de a\u00f1os m\u00e1s tarde; y los dos, al igual que otros escritores, se establecieron en la ciudad castellana buscando el mecenazgo de cortesanos poderosos que les abriesen camino en la ascensi\u00f3n a la cima literaria y en la pir\u00e1mide social.<br \/>\nPero por si el andaluz tuviese poco con sentirse en Valladolid como un c\u00e1lido jazminero transplantado en el Polo Norte, se encontr\u00f3 con los primeros poemas del cojitranco Quevedo, que bajo el seud\u00f3nimo de <em>Miguel de Musa<\/em>, buscaba la fama satirizando el alambicado estilo del cordob\u00e9s; y G\u00f3ngora se defendi\u00f3\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Musa que sopla y no inspira<\/em><br \/>\n<em> y sabe que es lo traidor<\/em><br \/>\n<em> poner los dedos mejor<\/em><br \/>\n<em> en mi bolsa que en su lira,<\/em><br \/>\n<em> no es de Apolo, que es mentira\u2026<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed empez\u00f3 la disputa. No en vano, G\u00f3ngora tach\u00f3 a Quevedo, entre otras lindezas, de pat\u00e1n ignorante del griego que se afanaba en traducir y de enfebrecido catador del vinazo tabernario, refiri\u00e9ndose a \u00e9l como: <em>\u00abFrancisco de Quebebo\u00bb<\/em>.<br \/>\nEl madrile\u00f1o por su parte, no dud\u00f3 en tildar a G\u00f3ngora de cl\u00e9rigo hura\u00f1o, de homosexual, de amigo de los naipes y sobre todo, de lo peor que un espa\u00f1ol pod\u00eda ser acusado en aquellos a\u00f1os: de jud\u00edo.<br \/>\nNo har\u00e1 falta que recordemos el mordaz soneto que el burl\u00f3n Quevedo le dedic\u00f3 a su oponente, publicado con el artero titulo: &lt;&lt;A una nariz pegado&gt;&gt;; donde un prominente ap\u00e9ndice nasal \u2013signo distintivo del pueblo israelita\u2013, pretend\u00eda ser prueba de cargo contra G\u00f3ngora.<br \/>\nMuchos estudiosos niegan hoy la autenticidad de todos los versos cruzados que se les atribuyen a estos inigualables duelistas del verbo, pero no me resisto a transcribir en esta humilde columna, unos sonetos que bien pudieran ser aut\u00e9nticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">De Quevedo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Vuestros coplones, cordob\u00e9s sonado,<\/em><br \/>\n<em> s\u00e1tira de mis prendas y despojos,<\/em><br \/>\n<em> en diversos legajos y manojos<\/em><br \/>\n<em> mis servidores me los han mostrado.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Buenos deben de ser, pues han pasado<\/em><br \/>\n<em> por tantas manos y por tantos ojos,<\/em><br \/>\n<em> aunque mucho me admira en mis enojos<\/em><br \/>\n<em> de que cosa tan sucia haya limpiado.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>No los tom\u00e9, porque tem\u00ed cortarme<\/em><br \/>\n<em> por lo sucio, muy m\u00e1s que por lo agudo,<\/em><br \/>\n<em> ni los quise leer, por no ensuciarme.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>As\u00ed, ya no me espanta ver que pudo<\/em><br \/>\n<em> entrar en mis mojones a inquietarme<\/em><br \/>\n<em> un papel, de limpieza tan desnudo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\">De G\u00f3ngora<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Anacreonte espa\u00f1ol, no hay quien os tope,<\/em><br \/>\n<em> que no diga con mucha cortes\u00eda,<\/em><br \/>\n<em> que ya que vuestros pies son de eleg\u00eda,<\/em><br \/>\n<em> que vuestras suavidades son de arrope.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>\u00bfNo imitar\u00e9is al terenciano Lope,<\/em><br \/>\n<em> que al de Belerofonte cada d\u00eda<\/em><br \/>\n<em> sobre zuecos de c\u00f3mica poes\u00eda<\/em><br \/>\n<em> se calza espuelas, y le da un galope?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Con cuidado especial vuestros antojos<\/em><br \/>\n<em> dicen que quieren traducir al griego,<\/em><br \/>\n<em> no habi\u00e9ndolo mirado vuestros ojos.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Prest\u00e1dselos un rato a mi ojo ciego,<\/em><br \/>\n<em> porque a luz saque ciertos versos flojos,<\/em><br \/>\n<em> y entender\u00e9is cualquier greg\u00fcesco luego.<\/em><\/p>\n<p>Son bastantes m\u00e1s las d\u00e9cimas y sonetos \u2013nada amables\u2013, que presuntamente se dedicaron el uno al otro, pero est\u00e1n todos en cuarentena por su dudosa originalidad y adem\u00e1s, el espacio para reproducirlos aqu\u00ed es escaso.<br \/>\nPara ir alcanzando el punto final de esta cr\u00f3nica, hay que rese\u00f1ar que las vidas de estos brillantes literatos \u2013al margen de sus reyertas po\u00e9ticas\u2013, discurrieron por caminos muy diferentes y sus avatares dar\u00edan de s\u00ed muchas p\u00e1ginas, todas ellas interesant\u00edsimas; pero siempre es mejor guardar munici\u00f3n en el tintero para escribir en el futuro un cap\u00edtulo m\u00e1s sobre aquellos, que incluso en sus disputas, nos ense\u00f1aron a amar la literatura.<br \/>\nY a nuestra historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los siglos XVI y XVII fueron para Espa\u00f1a dos centurias irrepetibles. Una \u00e9poca \u2013a diferencia de la actual\u2013, en la que todos sab\u00edan cual era su sitio; como dijo cierta reina: \u00ablos capitanes en los cuarteles, los prelados en sus iglesias y los asesinos en la horca\u00bb. 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