{"id":235,"date":"2013-06-08T22:26:31","date_gmt":"2013-06-08T22:26:31","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelangelmontanaro\/?p=235"},"modified":"2013-06-08T23:05:21","modified_gmt":"2013-06-08T23:05:21","slug":"la-casa-del-consul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelangelmontanaro\/2013\/06\/08\/la-casa-del-consul\/","title":{"rendered":"La Casa del C\u00f3nsul"},"content":{"rendered":"<p>Las historias est\u00e1n siempre interconectadas.<br \/>\nViajan a trav\u00e9s de los agujeros negros de la memoria, perdi\u00e9ndose en la caprichosa dimensi\u00f3n del tiempo, para aparecer de nuevo, cuando las cre\u00edamos ya olvidadas, en nuestra alocada carrera a ninguna parte. Por supuesto, los relatos m\u00e1s asombrosos no los interpretan personajes de ficci\u00f3n, sino personas como usted y como yo, que solo somos transe\u00fantes ajetreados en esta vida tan real como pasajera.<br \/>\nHe comprobado hace poco, el v\u00e9rtigo de ese salto sin red hacia el pasado.<br \/>\nLes cuento. Esta pasada Semana Santa me llam\u00f3 mi amigacho y compa\u00f1ero de fatigas literarias, <strong>Mark Bellido<\/strong>, que estaba de paso en Cartagena y quer\u00eda verme esa misma noche.<br \/>\nMark es un autor sevillano de esp\u00edritu aventurero que reside en Bruselas y que entre sus trabajos de reportero <em>freelance<\/em>, va a lanzar su segunda novela.<br \/>\nEl caso es que yo hab\u00eda quedado con mi amigo el actor <strong>Enrique Escudero<\/strong>, con el que ando hilvanando unos guiones. Enrique es un fijo de la memoria esc\u00e9nica de los espa\u00f1oles. Ha intervenido en decenas de series de televisi\u00f3n y adem\u00e1s de mucho teatro, ha hecho una veintena de pel\u00edculas. La \u00faltima de ellas, a las \u00f3rdenes de su colega el actor y director <strong>Carlos Iglesias<\/strong> y que es la segunda parte de \u201cUn franco, catorce pesetas\u201d.<br \/>\nEspero verla pronto en cartelera.<br \/>\nNo pod\u00eda suspender la cena con Enrique, as\u00ed que me lo llev\u00e9 al encuentro con Mark, al que tampoco pod\u00eda decirle que no, sobre todo, despu\u00e9s de sus \u00faltimas palabras al tel\u00e9fono.<br \/>\n-Mira, chaval, si no est\u00e1s a la hora en punto, har\u00e9 que lo tuyo parezca un accidente\u2026<br \/>\nAl llegar al sitio fijado, Mark me ten\u00eda preparada una encerrona y un guiri rubiales me enchuf\u00f3 un micr\u00f3fono a bocajarro.<br \/>\n-Este es <strong>Michael de Cock<\/strong>. Un actor y escritor de renombre en la cultura flamenca. Estamos haciendo un programa sobre Anibal para Radio 1 de B\u00e9lgica. \u201cTras las huellas de Anibal\u201d se titula, y como t\u00fa eres un marisabidillo de la historia de Cartagena y pas\u00e1bamos por aqu\u00ed\u2026 -hizo los honores Mark-. Y \u00e9ste, es <strong>Mostafa Benkerroum<\/strong>, otro conocido actor belga nacido en T\u00e1nger \u2013dijo completando las presentaciones.<br \/>\nEnrique y Mostafa se enzarzaron en una animada charla sobre cine en un fluido <em>spanglish<\/em> -que ali\u00f1aron como buenos actores-, con unas gotas de m\u00edmica hilarante y mientras Mark disparaba su c\u00e1mara, yo cumpl\u00ed y me dej\u00e9 entrevistar por Michael, al que le record\u00e9 que no olvidase en su reportaje,\u00a0que fue de Cartagena, desde donde parti\u00f3 Anibal con su expedici\u00f3n que cruzar\u00eda los Alpes para cercar Roma.<br \/>\nLa <em>intervi\u00fa<\/em> fue r\u00e1pida y le chuleamos un par de horas a la noche. Tiempo m\u00e1s que suficiente para echarnos unos crianzas al coleto y unos abrazos a las espaldas con los que despedirnos sin m\u00e1s etiqueta.<br \/>\nTodo pod\u00eda haber quedado como un casual encuentro entre amigos de no ser por aquella fotograf\u00eda\u2026<br \/>\nVer\u00e1n, hace unos d\u00edas, navegando en la red me di de bruces con una instant\u00e1nea capturada por Mostafa en su visita a Cartagena. En ella, se ve una edificaci\u00f3n incomprensible. Un armatoste de acero y cristal que atrapa en una de sus esquinas inferiores a los restos remozados de una casa de corte modernista y estilo ecl\u00e9ctico.<br \/>\nLa que se conoce en Cartagena como \u201cla Casa del C\u00f3nsul\u201d. Una villa se\u00f1orial de la muralla del Mar situada en su extremo m\u00e1s cercano al Anfiteatro Romano.<br \/>\nMe puse en contacto con Mostafa y le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 hab\u00eda fotografiado esa casa, y el hombre, muy diplom\u00e1tico, me dijo que le hab\u00eda parecido un edificio muy curioso.<br \/>\nYo lo considero un desprop\u00f3sito m\u00e1s de los que se han autorizado en el rico patrimonio modernista de esta milenaria ciudad, pero supongo que si est\u00e1 levantada esa monstruosidad futurista sobre los hombros de esa mansi\u00f3n decimon\u00f3nica, ser\u00e1 porque es legal.<br \/>\nOtra cosa es que se tenga el gusto en los pies.<br \/>\nQuise saber tambi\u00e9n, si conoc\u00eda la historia que envuelve a esa antigua casona; Mostafa neg\u00f3 conocer nada de la misma y yo le expliqu\u00e9 lo que se sabe de ella y de las personas que la habitaron.<br \/>\nA principios del siglo XX, cuando Cartagena era una de las principales ciudades espa\u00f1olas y acicalaban su frente mar\u00edtimo, representaciones consulares y residencias burguesas de extranjeros y nacionales, en esa casa, estuvo radicado el consulado alem\u00e1n.<br \/>\nLa vivienda, rodeada de un huerto de palmeras y adornada en sus fachadas por los miradores que vieron pasar aquellos decenios bordados de un decadente regusto colonial, encierra dos historias enigm\u00e1ticas.<br \/>\nUna de espionaje. Y otra, la de <strong>Mar\u00eda Oliva Guti\u00e9rrez<\/strong>, que habla de p\u00e9rdida y soledad.<br \/>\nCoinciden algunos expertos en el tema militar, que ya en la primera gran guerra, aquella casa fue un nido de esp\u00edas alemanes y que durante la Segunda Guerra Mundial, en esos salones, se urdieron muchos de los planes de la inteligencia \u00a0alemana para sus operaciones navales en el Mediterr\u00e1neo.<br \/>\nLa cartagenera Mar\u00eda Oliva y el entonces c\u00f3nsul alem\u00e1n, <strong>Enrique Carlos Frike<\/strong>, se conocieron y el inflexible car\u00e1cter teut\u00f3nico se rindi\u00f3 ante el irresistible salero mediterr\u00e1neo. Se casaron, ella pas\u00f3 a llamarse <strong>Mar\u00eda Oliva Frike<\/strong> y durante un tiempo fueron felices. Apenas unos a\u00f1os, porque al desatarse la Segunda Guerra Mundial, el hijo de ambos, animado por su padre y haciendo o\u00eddos sordos a\u00a0los ruegos de su madre, se alist\u00f3.<br \/>\nNunca volvi\u00f3 del frente.<br \/>\nAlemania perdi\u00f3 a uno m\u00e1s de sus soldados entre miles y Mar\u00eda Oliva, perdi\u00f3 a su \u00fanico hijo.<br \/>\nTodav\u00eda se la recuerda en la ciudad, sentada tras un ventanal del segundo piso y con la mirada ausente posada sobre la mar.<br \/>\nDicen, que nunca perdon\u00f3 a su marido.<br \/>\nDicen tambi\u00e9n, que hay noches en las que en esa casa se oyen lamentos y a veces, suena un piano. Leyendas urbanas. Lo \u00fanico seguro, es que hay historias que se entrelazan misteriosamente en las vidas de los que las leen o las escuchan; quiz\u00e1, porque sus protagonistas, aunque nos hayan abandonado hace tiempo, no permiten que sean olvidadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las historias est\u00e1n siempre interconectadas. Viajan a trav\u00e9s de los agujeros negros de la memoria, perdi\u00e9ndose en la caprichosa dimensi\u00f3n del tiempo, para aparecer de nuevo, cuando las cre\u00edamos ya olvidadas, en nuestra alocada carrera a ninguna parte. 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