{"id":786,"date":"2015-01-18T12:32:07","date_gmt":"2015-01-18T11:32:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/?p=786"},"modified":"2015-01-18T18:38:46","modified_gmt":"2015-01-18T17:38:46","slug":"ruido-en-las-venas-de-la-gran-ciudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/2015\/01\/18\/ruido-en-las-venas-de-la-gran-ciudad\/","title":{"rendered":"Ruido en las venas de la gran ciudad"},"content":{"rendered":"<p>Me siento en la terraza con mi libro reci\u00e9n comprado.<br \/>\nNadie alrededor. <em>Bien<\/em>. El sol luce como nunca en este anticicl\u00f3n eterno que el invierno ha regalado a Madrid como un premio inmerecido. Leo el primer p\u00e1rrafo y ya s\u00e9 que va a ser bueno. Paro un momento. Me enciendo un cigarrillo. Enseguida me meto en la historia, no han sido necesarias m\u00e1s que cuatro o cinco p\u00e1ginas. Los buenos saben c\u00f3mo hacer las cosas. Doy un sorbo a la cerveza, y por arte de magia, las mesas vac\u00edas de alrededor se llenan de repente con una mara\u00f1a de gente; padres, madres, hijos, perros, amigos, todos hablando al mismo tiempo. Inmediatamente el trompetista que siempre intento evitar aparece por detr\u00e1s y hace sonar su infernal instrumento de la manera m\u00e1s burda posible. No contento con una, toca dos, tres, cien mil temas. Alguien me pregunta si la silla est\u00e1 libre. <em>S\u00ed, como no<\/em>. Alguien me pregunta si puede coger el servilletero. <em>Ning\u00fan problema<\/em>. Alguien le est\u00e1 dando de comer a las palomas. <em>S\u00ed, a esos bichos<\/em>. Revolotean a su alrededor emiti\u00e9ndo graznidos, o grojidos, o arrullos, no s\u00e9. Sonidos del infierno. Me llega el aire nauseabundo que desplazan sus alas. Sigue sonando la trompeta. Los perros ladran inmisericordes. El camarero espera impaciente a que se decidan a pedir. El trompetista aparece y me pide una moneda. Le miro, y niego con la cabeza. En la mesa de enfrente un hombre inicia una discusi\u00f3n. Ella responde en ingl\u00e9s a sus acusaciones. La ataca sin piedad, la hace llorar. No entiende que ella diga, que ella haga, que ella deje de hacer. En un inesperado e inaudito momento de silencio todo el mundo puede escuchar sus aclamaciones. Parece que le gusta el espect\u00e1culo, no parece importarle que los dem\u00e1s le oigan. Ella baja la voz, sin embargo, mientras \u00e9l sigue sin comprender, altivo, grit\u00f3n, intruso de ella, intruso de todos. Finalmente, tras una agria discusi\u00f3n, ella decide marcharse. Los dem\u00e1s, expectantes, molestos y curiosos, dudan si respirar o arrancarse a aplaudir. Le miro, conteni\u00e9ndome. <em>L\u00e1rgate, joder. No la mereces<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pago, coloco el marcap\u00e1ginas en la p\u00e1gina 5. No me ha dado tiempo a m\u00e1s. Es el momento de desaparecer.<\/p>\n<p>Salgo del parque.<\/p>\n<p>Al llegar a la calle una ambulancia hace retumbar su sirena estridente. El sonido penetra en lo m\u00e1s profundo de mi cerebro, y lo hace temblar. En el autobus hay jaleo. Una se\u00f1ora monta bronca porque no se ha respetado la cola al subir. Una vez dentro, habla a voz en grito. <em>Yo siempre digo que, yo siempre hago, mi marido esto, mi cu\u00f1ada aquello, f\u00edjate t\u00fa lo que hizo. No me lo puedo creer<\/em>, responde su compa\u00f1era de asiento, <em>no somos nadie<\/em>. Un ni\u00f1o llora. Siento compasi\u00f3n. Est\u00e1 ah\u00ed, rodeado de la multitud ruidosa, tan peque\u00f1o, tan indefenso. Yo tambi\u00e9n llorar\u00eda. Me entran ganas, de hecho. La madre aplica la t\u00e9cnica de \u00abd\u00e9jalo llorar&#8230; lo he le\u00eddo en un libro\u00bb, mientras habla por tel\u00e9fono. Sus llantos crecen, y se entremezclan con la conversaci\u00f3n de las se\u00f1oras, que ahora hablan al mismo tiempo d\u00e1ndose la raz\u00f3n la una a la otra. <em>Son las cinco horas y cuarentaycinco minutos<\/em>, canta por el altavoz un se\u00f1or con voz de robot. Nos quedamos atrapados en un atasco. Los claxon de varios coches suenan sin compasi\u00f3n. Miro para delante. Hay un atasco de cojones, ah\u00ed no se mueve ni el aire. Miro a los coches. Siguen pitando. S\u00e9 lo que est\u00e1n pensando, esos idiotas. Lo s\u00e9. Ellos piensan, <em>voy a pitar, y seguro que as\u00ed se soluciona todo. Seguro que el atasco se disuelve, y todos los coches desaparecen<\/em>.<\/p>\n<p>Necesito salir de aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Me acerco al conductor. Est\u00e1 escuchando el partido por la radio. Le miro f\u00edjamente. \u00c9l sigue a lo suyo. <em>Quiero bajar<\/em>, le digo. Entonces el locutor entra en \u00e9xtasis por un jugada y pega un grito desgarrador. Me empiezo a poner nevioso. <em>Hasta la parada nada<\/em>, me dice el conductor, sin mirarme. <em>ABRE LA PUERTA AHORA<\/em>. Esta vez parece entenderme. Salgo de all\u00ed corriendo, esquivando a los coches parados. A lo lejos una <em>harley<\/em> hace sonar el tubarro perforado. Mientras, sigue ese ruido ah\u00ed arriba. El helic\u00f3ptero de la polic\u00eda que me lleva persiguiendo desde que me sent\u00e9 en aquella terraza del Retiro. Ahora no s\u00e9 ni donde estoy. Amenaza tormenta y s\u00e9 que si estalla me caer\u00e1 encima un rayo y al fin se acabar\u00e1 todo. Miro para arriba. <em>\u00a1Claro, el C\u00edrculo!<\/em> Subo a la azotea por las escaleras, corriendo, ansioso. Al llegar arriba me doy cuenta de mi error. All\u00ed hay un mill\u00f3n de personas. Los altavoces amplifican la voz de Bisbal. <em>No, por dios, Bisbal no<\/em>. Corro hasta la estatua de aquella diosa que nunca recuerdo el nombre. Me subo a la barandilla de piedra, levanto los brazos, y entonces empiezo a escuchar los murmullos. Miro hacia abajo, la calle de Alcal\u00e1 sigue atascada, miro hacia el horizonte. El cielo se est\u00e1 volviendo negro. Las campanas de la iglesia de San Jos\u00e9 ta\u00f1en como anunciando el fin del mundo. Los murmullos aumentan. Hablan de m\u00ed, lo s\u00e9. Alguien emite un grito de angustia. Alguien me dice que me baje de all\u00ed, que estoy loco. Entonces grito:<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>\u00a1\u00a1\u00a1\u00a1\u00a1\u00a1 SILENCIOOOOOO!!!!!!<\/em><\/p>\n<p>El eco de mi voz retumba en todas las calles.<\/p>\n<p>Se hace el silencio.<\/p>\n<p>La gente se calla. Las palomas no existen. Bisbal tampoco. Las campanas han dejado de sonar. Ya no hay helic\u00f3pteros en el cielo. All\u00ed abajo, todos esos capullos me miran, ahora, desde sus coches, en lugar de pitar. Ya no suenan las ambulancias, ni los tubarros de las motos, ya no hablan las se\u00f1oras, los locutores han enmudecido. Solo se escucha el aire. El cielo est\u00e1 a punto de estallar y descargar su ira sobre todos nosotros. Entonces, me bajo lentamente de la barandilla, y la veo all\u00ed, apoyada. Me mira, indiferente, mientras los dem\u00e1s est\u00e1n hist\u00e9ricos. Ella no.<\/p>\n<p><em>Qu\u00e9, \u00bfte has quedado m\u00e1s tranquilo?<\/em>, dice ella.<\/p>\n<p><em>S\u00ed<\/em>, respondo,<em> ten\u00eda una deuda conmigo. <\/em>Sonr\u00edo<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfQui\u00e9n?<\/em> pregunta.<\/p>\n<p><em>Esta jodida ciudad.<\/em><\/p>\n<p>Descubro en sus ojos azules un atisbo de sonrisa. No mueve la boca, no mueve ni un m\u00fasculo, pero s\u00e9 que est\u00e1 sonriendo. El viento agita su melena rubia, tap\u00e1ndole por momentos la cara. Se apoya en un bast\u00f3n raro, parece incluso una lanza. Se enciende un cigarrillo, y me mira. Los seguratas ya han llegado, y no parece que tengan ganas de negociar.<br \/>\nLe pregunto el nombre, mientras me sacan de all\u00ed. Ella se acerca, me sonr\u00ede y deposita un trozo de papel en el bolsillo de mi abrigo.<\/p>\n<p><em>Me llamo\u00a0Minerva.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me siento en la terraza con mi libro reci\u00e9n comprado. Nadie alrededor. Bien. El sol luce como nunca en este anticicl\u00f3n eterno que el invierno ha regalado a Madrid como un premio inmerecido. Leo el primer p\u00e1rrafo y ya s\u00e9 que va a ser bueno. Paro un momento. Me enciendo un cigarrillo. Enseguida me meto<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/2015\/01\/18\/ruido-en-las-venas-de-la-gran-ciudad\/\">Leer m\u00e1s&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":13,"featured_media":788,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-786","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-buzon-de-posts"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/files\/2015\/01\/IMG_2470-copia.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2WqiV-cG","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/786","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=786"}],"version-history":[{"count":18,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/786\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":805,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/786\/revisions\/805"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/media\/788"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=786"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=786"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=786"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}