{"id":160,"date":"2013-03-20T19:38:24","date_gmt":"2013-03-20T18:38:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/?p=160"},"modified":"2013-07-08T20:45:09","modified_gmt":"2013-07-08T18:45:09","slug":"huyendo-en-tren-de-madrid-relato-corto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/miguelabollado\/2013\/03\/20\/huyendo-en-tren-de-madrid-relato-corto\/","title":{"rendered":"La Huida"},"content":{"rendered":"<p>El tren parti\u00f3 de Chamart\u00edn muy despacio, traqueteando en cada cambio de v\u00eda. La ciudad ardiente y llena de vida se iba alejando poco a poco. Los primeros rayos del sol se reflejaban en los cristales de los trenes antiguos que yac\u00edan moribundos en los rincones olvidados y en las v\u00edas muertas de la estaci\u00f3n; el contraste de esos rayos anaranjados con los grafitis obsoletos de los vagones conformaban una estampa algo misteriosa y apocal\u00edptica. Los arrabales de entrev\u00edas iban dando paso a las nuevas urbanizaciones de Sanchinarro, Tres Cantos y Colmenar, y enseguida vinieron las monta\u00f1as. Al traspasar la frontera natural de Madrid, ella no pudo evitar dar un suspiro. A\u00fan tendr\u00eda que salir del pa\u00eds, pero lo principal era salir cuanto antes de Madrid, y huir de todo aquello antes de que fuera demasiado tarde. Ten\u00eda contactos en Donosti. En unas horas llegar\u00eda a su destino, y estaba segura de que ellos la ayudar\u00edan a cruzar la frontera.<\/p>\n<p>No quer\u00eda pensar en nada, pero continuamente saltaban en su mente flashes donde pod\u00eda ver, sentir, casi tocar, los personajes y los terribles momentos acontecidos en los \u00faltimos tiempos. Todav\u00eda sent\u00eda el calor de su cuerpo en sus manos. Todav\u00eda sent\u00eda su aliento. Todav\u00eda distingu\u00eda entre tinieblas su voz suplicante, su mirada incr\u00e9dula, sus manos temblorosas, su tez blanqueada por el miedo. La sangre a\u00fan manchaba su cuerpo. Cerraba los ojos y volv\u00edan una y otra vez los recuerdos. Los volv\u00eda abrir y alejaba la mirada hacia el horizonte, perdida, vac\u00eda, sin sentido ya, incapaz de sentir emoci\u00f3n alguna por nada de lo que pod\u00eda ver.<\/p>\n<p>S\u00ed, ella sab\u00eda que estaba m\u00e1s muerta que \u00e9l. Ahora la esperar\u00edan en cada estaci\u00f3n, la polic\u00eda secreta, los picoletos y los pastores alemanes. Pero ahora ya daba igual todo: ser detenida, morir en un tiroteo, tirarse a las v\u00edas cuando pasara el <i>expreso<\/i> de Valladolid, eso ya no importaba. Lo peor ahora era llegar a su destino sin aliento, sin alma, completamente rota por dentro, para recibir las felicitaciones de sus superiores por la misi\u00f3n cumplida, junto con un pasaporte que la alejar\u00eda de este m\u00edsero pa\u00eds para siempre, y dinero, claro. Dinero que comprar\u00eda su amor a la patria y su traici\u00f3n al amor verdadero. Traicion\u00f3 a lo \u00fanico que daba sentido a su vida para salvar a un desconocido que nunca se lo agradecer\u00eda lo suficiente.<\/p>\n<p>Pasaban los pueblos, las estaciones, los postes de las catenarias, se alejaban los recuerdos. Pero cuanto m\u00e1s se adentraba en los campos de Castilla, cuanto m\u00e1s se acercaba a su futuro fr\u00edo, incierto y solitario, m\u00e1s hundida se sent\u00eda. No pod\u00eda pensar, s\u00f3lo sentir. No pod\u00eda mirar por la ventana y dejarse llevar por el ronroneo del tren, dando rienda suelta a los pensamientos ocultos, no pod\u00eda sentir esa relajaci\u00f3n de expansi\u00f3n del alma que se experimenta en un tren o un autob\u00fas durante el corto periodo de tiempo en que sencillamente vas de un lado a otro, y s\u00f3lo vas, porque ya no ten\u00eda alma. Su alma muri\u00f3 con \u00e9l. Sus sentimientos quedar\u00edan encarcelados en su coraz\u00f3n durante mucho, much\u00edsimo tiempo.<\/p>\n<p>Era incapaz de pensar, pero tambi\u00e9n de sentir. Acaso sentir dolor, porque la m\u00e1s m\u00ednima brizna de luz, la m\u00e1s insignificante muestra de la naturaleza, cualquier ojo que mirara, boca que hablara, olor que le llegara, alma que respirara, le conduc\u00edan irremediablemente al recuerdo cruel de lo \u00fanico que le hab\u00eda importado en la vida. Todo eso ahora se hab\u00eda perdido, s\u00f3lo quedar\u00edan los recuerdos, pero esos recuerdos, que con la lejan\u00eda del tiempo se van idealizando y formando parte del pasado feliz, ahora s\u00f3lo le hac\u00edan sentir dolor. Un dolor punzante y agudo que se le clavaba dentro y le imped\u00eda respirar, hablar, y apenas moverse.<\/p>\n<p>Al pasar Ordu\u00f1a, el tren se adentr\u00f3 de lleno en el Pa\u00eds Vasco, y el paisaje cambi\u00f3 bruscamente. Las anchas praderas, las largas rectas, los lejanos horizontes de secano, tornaron en un paisaje selv\u00e1tico y monta\u00f1oso. Los escasos pueblos desperdigados en la meseta se iban convirtiendo en peque\u00f1as aldeas, iglesias solitarias, y caser\u00edos colgados de las altas cumbres, desafiando orgullosos a la gravedad. Bosques de pinos, robles, hayas, casta\u00f1os, lo poblaron todo en unos momentos. Entrabamos en el pa\u00eds de las hadas, en la tierra de sus antepasados, volv\u00eda a su ni\u00f1ez, a su juventud, al pasado al que hab\u00eda renunciado muchos a\u00f1os atr\u00e1s. Se sobrecogi\u00f3. Subi\u00f3 los pies al asiento, agarr\u00e1ndose las piernas con fuerza, en posici\u00f3n fetal, y sinti\u00f3 por primera vez en mucho tiempo un gran alivio. Estaba otra vez en casa.<\/p>\n<p>Al llegar a Ir\u00fan la estaban esperando. Tan s\u00f3lo el comisario Alonso y sus dos ayudantes daban vida a una estaci\u00f3n oscura y h\u00fameda. Tambi\u00e9n la lluvia le daba la bienvenida. Se par\u00f3 un momento, observ\u00e1ndolo todo con emoci\u00f3n. La lluvia, la humedad, esos olores. S\u00f3lo se o\u00eda el sonido de los trenes, lo dem\u00e1s era silencio. \u00c9l la miraba con orgullo desde la puerta del peque\u00f1o apeadero. Los otros la miraban temerosos, con respeto y admiraci\u00f3n. No la conoc\u00edan, ni ella a ellos tampoco, pero todo el mundo sab\u00eda lo que hab\u00eda hecho. El comisario s\u00ed la conoc\u00eda bien, y vio en ella una mirada llena de miedo y desesperanza. \u00c9l s\u00ed sab\u00eda todo lo que hab\u00eda pasado, \u00e9l sab\u00eda que los honores, el \u00e9xito, el dinero, el reconocimiento, no significaban nada para ella. Siempre hab\u00eda sido as\u00ed. Al llegar hasta ellos, nadie dijo nada, nadie se movi\u00f3. Bast\u00f3 una mirada inquisidora del comisario para que uno de sus ayudantes, el m\u00e1s bajito y con cara de pasmado, se hiciera cargo del equipaje. Un cruce de miradas, \u00e9l de satisfacci\u00f3n contenida, ella de tristeza, y se dirigieron al coche. Caminaban dos o tres pasos por detr\u00e1s de los novatos. \u00c9l comisario la agarr\u00f3 con cari\u00f1o paternal del hombro, y la bes\u00f3 en la mejilla. Ella le abraz\u00f3 con fuerza, y no pudo reprimir el llanto.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a0Me quiero morir, mi comisario. Ya no tengo nada. Ya no soy nada.<\/p>\n<p>Antes de entrar en el coche, volvi\u00f3 la mirada otra vez hacia la estaci\u00f3n. Su hermano segu\u00eda all\u00ed, apoyado en la puerta, con su pose desafiante, con ese est\u00fapido orgullo que tanto le hab\u00eda cegado siempre, con esa mirada tan llena de odio. Incapaz de ver m\u00e1s all\u00e1 de su realidad, incapaz de querer a nadie que no pensara como \u00e9l. Como todos esos canallas que le hab\u00edan envenenado la vida; a \u00e9l, a ella, a su familia, a sus amigos, a todos. Verle ah\u00ed le hab\u00eda devuelto de golpe a la realidad de un pasado, que aunque lejano, parec\u00eda mezclarse dolorosamente con el presente. Despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, pensaba ella, nada hab\u00eda cambiado. Ni las ausencias, ni las muertes, ni la c\u00e1rcel, ni el fracaso, ni el futuro imposible, nada era capaz de conmover y hacer cambiar su coraz\u00f3n de piedra. A\u00fan con todo, \u00e9l estaba all\u00ed, y hab\u00eda ido a verla. Con las manos en los bolsillos, y con el eterno cigarrillo colgando de la comisura del labio, se acerc\u00f3 al coche con paso firme. Ella hizo una leve se\u00f1al al conductor para que no iniciara la marcha.<\/p>\n<p>Al llegar, se asom\u00f3 por la ventanilla.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a0Ama quiere verte<\/p>\n<p>&#8211; \u00a0 Hola, Aitor.<\/p>\n<p>Se dio la vuelta y se march\u00f3.<\/p>\n<p>El comisario retorc\u00eda el paquete de tabaco hasta pulverizar todos y cada uno de los cigarrillos. Una l\u00e1grima, salada y amarga, rodaba lentamente por la cara de ella. Pero s\u00f3lo una. Como siempre, su expresi\u00f3n triste al segundo se volv\u00eda dura, el coraz\u00f3n partido se paraba un momento, y arrancaba con furia de nuevo. La pena y el rencor no ten\u00edan cabida en ella. Pero el comisario no pod\u00eda soportar ver el desprecio que todos le mostraban. Le acarici\u00f3 la cara con cari\u00f1o, y ella pos\u00f3 en su mano la cabeza, serena, tranquila, sin rabia, pero con tristeza. Su preciosa carita de ni\u00f1a bien estaba marcada para siempre por el dolor.<\/p>\n<p>Sus ojos grises, antes tan profundos y arrebatadores, ahora carec\u00edan de vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El tren parti\u00f3 de Chamart\u00edn muy despacio, traqueteando en cada cambio de v\u00eda. La ciudad ardiente y llena de vida se iba alejando poco a poco. 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