{"id":68,"date":"2015-04-29T08:01:34","date_gmt":"2015-04-29T08:01:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/?p=68"},"modified":"2015-04-29T08:01:34","modified_gmt":"2015-04-29T08:01:34","slug":"sobre-los-traductores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2015\/04\/29\/sobre-los-traductores\/","title":{"rendered":"Sobre los traductores"},"content":{"rendered":"<p>Por <a href=\"https:\/\/twitter.com\/silviap3\">@SilviaP3<\/a><\/p>\n<p>Est\u00e1n ah\u00ed, en la sombra. Nadie repara en ellos y, sin embargo, han dejado su impronta en cada texto que han vertido a otra lengua proveniente de un idioma ajeno. Son los traductores; hombres y mujeres de letras, amantes de las palabras y fascinados por la ling\u00fc\u00edstica, que saben que, la mayor\u00eda de las veces, apenas unos pocos reparar\u00e1n en sus nombres y elogiar\u00e1n su labor.<\/p>\n<p>No es un asunto balad\u00ed. Nadie habla todos los idiomas del mundo. Ya sea uno biling\u00fce, triling\u00fce o pol\u00edglota, siempre habr\u00e1 obras que, necesariamente, habr\u00e1 de leer traducidas para poder disfrutarlas. Y ya no digamos todo lo que ha llegado hasta nosotros a trav\u00e9s de la tarea de unos nombres que hubo \u00e9pocas en las que ni siquiera aparec\u00edan en las cubiertas de los libros.<\/p>\n<p>Resulta curioso pensar c\u00f3mo han estado ah\u00ed tanto tiempo que hay lectores que se han acostumbrado a su presencia como si se tratara de entes ajenos al mundo, como si fueran programas de ordenador que traducen sin orden ni concierto, infravalorando una actividad laboriosa y loable que permite que la voz de un escritor llegue a los o\u00eddos de aquellos que, de otro modo, jam\u00e1s podr\u00edan escucharle.<\/p>\n<p>Ser consciente de esa labor provoca que haya lectores que reparemos siempre en el nombre de quien ha realizado la traducci\u00f3n de una obra, y terminemos reconoci\u00e9ndolos, al igual que a sus autores. Pero no nos enga\u00f1emos; as\u00ed como habr\u00e1 algunos que no nos defraudar\u00e1n con el resultado de la tarea realizada, habr\u00e1 unos cuantos, no demasiados, de los que jam\u00e1s volveremos a leer la edici\u00f3n de las obras en las que han intervenido. Al fin y al cabo, no todo aquel que puede hablar un idioma, puede traducirlo.<\/p>\n<p>Tal es as\u00ed que, al tiempo de elaborar rese\u00f1as literarias, no podemos obviar la labor del traductor del libro que nos ocupe, porque la marca que ha dejado en \u00e9l, nos lo parezca o no, es imborrable. Resulta ir\u00f3nico pensar que, cuanto mayor es la fidelidad y el respeto por la obra original, y m\u00e1s encomiable el trabajo de quien ha realizado su traducci\u00f3n, m\u00e1s f\u00e1cilmente desaparece o se nos olvida la figura de quien se ha encargado de ella.<\/p>\n<p>Casi nadie se acuerda del traductor cuando la obra es buena. Ha sido fiel al escrito original, ha respetado sus giros, ha interpretado sus coloquialismos, ha transmitido de la forma m\u00e1s fidedigna posible aquello que quer\u00eda transmitir su creador, captando las emociones para ser evocadas en otra lengua, y tan bien lo ha hecho que es el autor quien se lleva absolutamente todos los elogios. Cuando el traductor es bueno, normalmente, nadie recuerda que est\u00e1.<\/p>\n<p>Pero como todo en esta vida, esta situaci\u00f3n tiene dos caras. \u00bfQu\u00e9 ocurre cuando la traducci\u00f3n es mala?<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s no sea pol\u00edticamente correcto mencionarlo, pero es una realidad que de malas traducciones est\u00e1 la literatura llena. Con frecuencia, los lectores de fantas\u00eda y ciencia ficci\u00f3n hemos padecido, y seguiremos muchas veces padeciendo, las traducciones del g\u00e9nero a mano de aquellos cuya preparaci\u00f3n es escasa (eso suponiendo que las obras se traduzcan, que ya es mucho suponer). As\u00ed pues, la edici\u00f3n de malas traducciones ha contribuido a menudo a que en estos lares se considere de forma absoluta la literatura de g\u00e9nero de baja calidad, cuando entre la lectura del texto original y su versi\u00f3n en nuestra lengua puede mediar por completo un abismo.<\/p>\n<p>Volviendo en este punto a las rese\u00f1as literarias, vale la pena reflexionar sobre la ausencia en muchas de ellas de una m\u00ednima menci\u00f3n a quien ha realizado la traducci\u00f3n. La importancia de esta, tanto para el autor como para la obra, es inmensa. As\u00ed como antes destacaba que, cuando la labor del traductor es buena ayuda a ensalzar tanto el libro como su autor\u00eda, permaneciendo aquel normalmente en la sombra, cuando su tarea se convierte en apresurada, sobre materias completamente ajenas y tom\u00e1ndose libertades sobre el texto, puede destrozar la mejor de las historias. Es ah\u00ed donde uno ha de ser cuidadoso.<\/p>\n<div id=\"attachment_70\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/pixabay.com\/es\/traducir-teclado-internet-bot%C3%B3n-110777\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-70\" class=\"wp-image-70 size-medium\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/04\/translate-110777_1280-300x183.jpg\" alt=\"translate-110777_1280\" width=\"300\" height=\"183\" srcset=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/04\/translate-110777_1280-300x183.jpg 300w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/04\/translate-110777_1280-1024x624.jpg 1024w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/04\/translate-110777_1280.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-70\" class=\"wp-caption-text\">Fuente: Pixabay<\/p><\/div>\n<p>En un tiempo en el que las rese\u00f1as negativas y con sa\u00f1a se han impuesto con normalidad por el universo digital, alejadas de la exposici\u00f3n de un pensamiento absolutamente subjetivo sobre un tema expuesto con respeto (no olvidemos que estamos en un pa\u00eds donde es posible leer entre l\u00edneas opiniones gratuitas del tipo: \u00abEste libro es una porquer\u00eda, no s\u00e9 por qu\u00e9 no publicaron el m\u00edo\u00bb), es frecuente que ni siquiera se repare en que, si se realizan las cr\u00edticas sobre las formas de una obra traducida, ya sea sobre su l\u00e9xico, la utilizaci\u00f3n de sus adjetivos o la estructura de sus oraciones, entre otras muchas cosas, dif\u00edcilmente podremos juzgarla por completo en ese aspecto sin tener en cuenta la traducci\u00f3n, a menos que hayamos le\u00eddo la obra original. \u00bfHasta qu\u00e9 punto tenemos la seguridad sino de que la persona que la ha traducido no ha contribuido a eso que estamos percibiendo?<\/p>\n<p>Como autor, uno espera que quien tiene el poder de posibilitar que otros lectores le lean respete todas y cada una de las palabras elegidas, siempre que sea posible, con el mismo amor y esmero con el que uno lo ha hecho. Porque las palabras son nuestra herramienta, y cuando uno decide usar \u00absolitud\u00bb, en vez de \u00absoledad\u00bb, lo hace por alg\u00fan motivo, por alg\u00fan matiz en la acepci\u00f3n que le ha conducido a ello, o cuando uno utiliza una expresi\u00f3n en desuso est\u00e1 marcando, consciente o inconscientemente, su estilo. Hay traductores que respetar\u00e1n eso y transmitir\u00e1n todos esos matices en diversas lenguas, pero habr\u00e1 otros que se tomar\u00e1n unas libertades que en absoluto les pertenecen, convirtiendo la obra en otra cosa que lo que realmente es.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, por m\u00e1s que nos encontremos en el siglo XXI, sigue siendo necesario alabar la labor de traductores, editores y correctores, aunque de estos \u00faltimos hablaremos otro d\u00eda, porque los lectores nunca agradeceremos lo suficiente toda esa tarea bien hecha que nos pone en las manos uno de los mayores tesoros: un libro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por @SilviaP3 Est\u00e1n ah\u00ed, en la sombra. Nadie repara en ellos y, sin embargo, han dejado su impronta en cada texto que han vertido a otra lengua proveniente de un idioma ajeno. Son los traductores; hombres y mujeres de letras, amantes de las palabras y fascinados por la ling\u00fc\u00edstica, que saben que, la mayor\u00eda de las veces, apenas unos pocos reparar\u00e1n en sus nombres y elogiar\u00e1n su labor. No es un asunto balad\u00ed. Nadie habla todos los idiomas del mundo. Ya sea uno biling\u00fce, triling\u00fce o pol\u00edglota, siempre habr\u00e1 obras que, necesariamente, habr\u00e1 de leer traducidas para poder disfrutarlas. Y ya no digamos todo lo que ha llegado hasta nosotros a trav\u00e9s de la tarea de unos nombres que hubo \u00e9pocas en las que ni siquiera aparec\u00edan en las cubiertas de los libros. Resulta curioso pensar c\u00f3mo han estado ah\u00ed tanto tiempo que hay lectores que se han acostumbrado a su presencia como si se tratara de entes ajenos al mundo, como si fueran programas de ordenador que traducen sin orden ni concierto, infravalorando una actividad laboriosa y loable que permite que la voz de un escritor llegue a los o\u00eddos de aquellos que, de otro modo, jam\u00e1s podr\u00edan escucharle. Ser consciente de esa labor provoca que haya lectores que reparemos siempre en el nombre de quien ha realizado la traducci\u00f3n de una obra, y terminemos reconoci\u00e9ndolos, al igual que a sus autores. Pero no nos enga\u00f1emos; as\u00ed como habr\u00e1 algunos que no nos defraudar\u00e1n con el resultado de la tarea realizada, habr\u00e1 unos cuantos, no demasiados, de los que jam\u00e1s volveremos a leer la edici\u00f3n de las obras en las que han intervenido. Al fin y al cabo, no todo aquel que puede hablar un idioma, puede traducirlo. Tal es as\u00ed que, al tiempo de elaborar rese\u00f1as literarias, no podemos obviar la labor del traductor del libro que nos ocupe, porque la marca que ha dejado en \u00e9l, nos lo parezca o no, es imborrable. Resulta ir\u00f3nico pensar que, cuanto mayor es la fidelidad y el respeto por la obra original, y m\u00e1s encomiable el trabajo de quien ha realizado su traducci\u00f3n, m\u00e1s f\u00e1cilmente desaparece o se nos olvida la figura de quien se ha encargado de ella. Casi nadie se acuerda del traductor cuando la obra es buena. Ha sido fiel al escrito original, ha respetado sus giros, ha interpretado sus coloquialismos, ha transmitido de la forma m\u00e1s fidedigna posible aquello que quer\u00eda transmitir su creador, captando las emociones para ser evocadas en otra lengua, y tan bien lo ha hecho que es el autor quien se lleva absolutamente todos los elogios. Cuando el traductor es bueno, normalmente, nadie recuerda que est\u00e1. Pero como todo en esta vida, esta situaci\u00f3n tiene dos caras. \u00bfQu\u00e9 ocurre cuando la traducci\u00f3n es mala? Quiz\u00e1s no sea pol\u00edticamente correcto mencionarlo, pero es una realidad que de malas traducciones est\u00e1 la literatura llena. Con frecuencia, los lectores de fantas\u00eda y ciencia ficci\u00f3n hemos padecido, y seguiremos muchas veces padeciendo, las traducciones del g\u00e9nero a mano de aquellos cuya preparaci\u00f3n es escasa (eso suponiendo que las obras se traduzcan, que ya es mucho suponer). As\u00ed pues, la edici\u00f3n de malas traducciones ha contribuido a menudo a que en estos lares se considere de forma absoluta la literatura de g\u00e9nero de baja calidad, cuando entre la lectura del texto original y su versi\u00f3n en nuestra lengua puede mediar por completo un abismo. Volviendo en este punto a las rese\u00f1as literarias, vale la pena reflexionar sobre la ausencia en muchas de ellas de una m\u00ednima menci\u00f3n a quien ha realizado la traducci\u00f3n. La importancia de esta, tanto para el autor como para la obra, es inmensa. As\u00ed como antes destacaba que, cuando la labor del traductor es buena ayuda a ensalzar tanto el libro como su autor\u00eda, permaneciendo aquel normalmente en la sombra, cuando su tarea se convierte en apresurada, sobre materias completamente ajenas y tom\u00e1ndose libertades sobre el texto, puede destrozar la mejor de las historias. Es ah\u00ed donde uno ha de ser cuidadoso. En un tiempo en el que las rese\u00f1as negativas y con sa\u00f1a se han impuesto con normalidad por el universo digital, alejadas de la exposici\u00f3n de un pensamiento absolutamente subjetivo sobre un tema expuesto con respeto (no olvidemos que estamos en un pa\u00eds donde es posible leer entre l\u00edneas opiniones gratuitas del tipo: \u00abEste libro es una porquer\u00eda, no s\u00e9 por qu\u00e9 no publicaron el m\u00edo\u00bb), es frecuente que ni siquiera se repare en que, si se realizan las cr\u00edticas sobre las formas de una obra traducida, ya sea sobre su l\u00e9xico, la utilizaci\u00f3n de sus adjetivos o la estructura de sus oraciones, entre otras muchas cosas, dif\u00edcilmente podremos juzgarla por completo en ese aspecto sin tener en cuenta la traducci\u00f3n, a menos que hayamos le\u00eddo la obra original. \u00bfHasta qu\u00e9 punto tenemos la seguridad sino de que la persona que la ha traducido no ha contribuido a eso que estamos percibiendo? Como autor, uno espera que quien tiene el poder de posibilitar que otros lectores le lean respete todas y cada una de las palabras elegidas, siempre que sea posible, con el mismo amor y esmero con el que uno lo ha hecho. Porque las palabras son nuestra herramienta, y cuando uno decide usar \u00absolitud\u00bb, en vez de \u00absoledad\u00bb, lo hace por alg\u00fan motivo, por alg\u00fan matiz en la acepci\u00f3n que le ha conducido a ello, o cuando uno utiliza una expresi\u00f3n en desuso est\u00e1 marcando, consciente o inconscientemente, su estilo. Hay traductores que respetar\u00e1n eso y transmitir\u00e1n todos esos matices en diversas lenguas, pero habr\u00e1 otros que se tomar\u00e1n unas libertades que en absoluto les pertenecen, convirtiendo la obra en otra cosa que lo que realmente es. As\u00ed pues, por m\u00e1s que nos encontremos en el siglo XXI, sigue siendo necesario alabar la labor de traductores, editores y correctores, aunque de estos \u00faltimos hablaremos otro d\u00eda, porque los lectores nunca agradeceremos lo suficiente toda esa tarea bien hecha que nos pone en las manos uno de los mayores tesoros: un libro.<\/p>\n","protected":false},"author":69,"featured_media":70,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[11,10],"class_list":["post-68","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-divagaciones","tag-edicion","tag-traduccion"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/04\/translate-110777_1280.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5XwHR-16","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/69"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=68"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":74,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68\/revisions\/74"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/70"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=68"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=68"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=68"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}