{"id":43,"date":"2015-04-10T14:20:46","date_gmt":"2015-04-10T14:20:46","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/?p=43"},"modified":"2015-04-11T13:11:42","modified_gmt":"2015-04-11T13:11:42","slug":"la-creatividad-no-tiene-edad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2015\/04\/10\/la-creatividad-no-tiene-edad\/","title":{"rendered":"La creatividad no tiene edad"},"content":{"rendered":"<p>Por Silvia Pato @SilviaP3<\/p>\n<p>A menudo uno lee alg\u00fan art\u00edculo en el que se plantea la idea de que, a partir de un momento en la vida, la creatividad empieza a decaer, lo que provoca que se cuestione si un artista, despu\u00e9s de determinado instante de su biograf\u00eda, ya no est\u00e1 capacitado para realizar grandes obras. Aunque esa perspectiva pueda dar lugar a interesantes debates, es cierto que produce desaz\u00f3n comprobar que siempre se realiza bajo el mismo enfoque: la edad.<\/p>\n<p>Estamos siempre a vueltas con la edad, e incluso cuando no la percibimos, la publicidad acude, omnipresente, para record\u00e1rnosla. <strong>\u00bfSiempre fue tan exagerada para el hombre la preocupaci\u00f3n por el transcurso de los a\u00f1os como lo es en la actualidad?<\/strong><\/p>\n<p>El problema no es la edad; <strong>el problema es una sociedad en la que la juventud es considerada una virtud por s\u00ed misma, y como consecuencia el mensaje subliminal que se transmite desde todas partes es que ser adulto es un defecto.<\/strong> Incluso los art\u00edculos que se comparten por las redes sociales y las opiniones que se expresan en voz alta sobre las etapas de la vida no dejan de ser, en ocasiones, meras poses por parte de la mayor\u00eda de la gente. Los actos desdicen con creces sus palabras.<\/p>\n<p><strong>Y es que escuchas a algunas personas criticar esta sociedad en la que vivimos mientras siguen eternizando los h\u00e1bitos que ten\u00edan con veinte a\u00f1os<\/strong>, repitiendo bajo otra visi\u00f3n exactamente los mismos errores, tropezando con las mismas piedras, alimentando id\u00e9nticas dependencias y padeciendo el mismo comportamiento ego\u00edsta caracter\u00edstico del adolescente que busca su sitio en el mundo. \u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil es encontrar coherencia y honestidad en un mismo cuerpo en el siglo XXI!<\/p>\n<p>En el arte, la situaci\u00f3n no es muy distinta. Podr\u00eda decirse que <strong>el \u00e1mbito art\u00edstico se erige como un peque\u00f1o mundo dentro del mundo en el que vivimos;<\/strong> y si tenemos en cuenta que en sectores como el musical o el literario, al final, se conoce m\u00e1s o menos todo el mundo (m\u00e1s en los casos en los que habitamos ciudades de mediano o peque\u00f1o tama\u00f1o, por mucho que algunos crean que las mismas son el centro del universo),<strong> las quejas y las influencias del entorno, si uno se deja absorber por \u00e9l, terminan convirti\u00e9ndose en un freno repleto de frustraciones para el avance de cualquier creador y para el aprendizaje sin prejuicios de cualquier mente inquieta, por no hablar del desgaste de un saludable estado emocional.<\/strong><\/p>\n<p>Sin embargo, y <strong>como consecuencia de <a href=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2015\/03\/29\/el-don-no-existe\/\">esa idea tan manida de que nacemos con un don<\/a> para escribir, componer, tocar, filmar, esculpir, dibujar o pintar, alimentamos la creencia de que hay cosas que se pueden hacer con doce, quince o veinte a\u00f1os,<\/strong> carg\u00e1ndonos las espaldas con esas prisas inexplicables de creer que hay que lograr las cosas de inmediato, en un par de a\u00f1os como mucho, y antes de una edad biol\u00f3gica que no se sabe muy bien qui\u00e9n nos introduce a veces en la cabeza, porque parece que despu\u00e9s de esa fecha del calendario, los logros tienen menor valor.<\/p>\n<p>Como si no se adorara ya suficientemente la juventud, a\u00fan encima, le concedemos los valores que se consiguen con el transcurso de los a\u00f1os. Sin duda, hay creadores, cient\u00edficos y pensadores que han alcanzado grandes logros a edades intempestivas, eso nadie lo pone en duda, pero no olvidemos que son excepciones, y <strong>no podemos convertir la excepci\u00f3n en norma en ning\u00fan caso de la vida, o perderemos por completo la perspectiva.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Nuestra mejor obra siempre est\u00e1 por llegar.<\/strong><\/p>\n<p>Si hay algo que hace falta para escribir es la experiencia vital de aquello que nos hace humanos: las emociones, los sentimientos. Uno puede ambientar una novela en un lugar en el que no ha estado y hacerlo cre\u00edble; sin embargo, \u00bfpuede alguien escribir sobre la muerte de un padre o una madre o un hijo sin haberla padecido? Por poder, se puede, pero ese tipo de vivencias y esa madurez emocional se reflejan luego en cada l\u00ednea y convierten\u00a0 el trabajo en honesto, y eso es lo que provoca la empat\u00eda de un lector que siente la desgracia, o en su caso, la alegr\u00eda ajena, como propia. Al fin y al cabo, <strong>los poetas no est\u00e1n relacionados con la tristeza por pura casualidad, por m\u00e1s que se empe\u00f1en en hacernos creer que \u00fanicamente con la imaginaci\u00f3n uno puede sentir lo que nunca ha sentido.<\/strong><\/p>\n<p>Si admitimos entonces que la experiencia vital es un tesoro inigualable para crecer como personas y creadores, tendremos que asumir que ser\u00e1 muy distinto escribir con veinte, con treinta o con cincuenta a\u00f1os. Es m\u00e1s, <strong>en nuestra vida como lectores ya es distinto leer determinadas obras en la adolescencia o en la madurez, as\u00ed que imagin\u00e9monos lo que debe ser expresar las emociones, narrar las historias o escribir los versos m\u00e1s tristes esta noche con una o con otra edad.<\/strong><\/p>\n<p>Los a\u00f1os nos alejan de los extremos, y nos permiten observar toda la amalgama gris de matices con la que se colorea nuestras vidas. Cuantos m\u00e1s tonos veamos, m\u00e1s podremos avanzar en este eterno camino del aprendizaje, sea cual sea el que estemos recorriendo. Por supuesto, esto es as\u00ed siempre y cuando uno contin\u00fae esa senda avanzando, y no se empe\u00f1e, por ese af\u00e1n de simplificar las cosas, en alimentar el ego y caer en la trampa de lo que la sociedad nos inculca sobre ser joven, sobre ser artista, sobre triunfar. El peligro de asumir esas premisas es terminar viviendo la vida en c\u00edrculos, yendo para atr\u00e1s cada vez que haya que dar un paso hacia adelante, la mitad de las veces por miedo y la otra mitad por sucumbir ante los convencionalismos, el entorno y la presi\u00f3n ejercida por otros.<\/p>\n<p><strong>Hay tres cosas imprescindibles para cualquier creador que no tienen nada que ver con la edad, y que ir\u00f3nicamente son las que nos mantienen j\u00f3venes: la curiosidad, la ilusi\u00f3n y la capacidad de maravillarnos.<\/strong> No son las cremas, ni las salidas nocturnas, ni la ropa, ni determinada forma de vida que nos anuncian a diestro y siniestro desde todas direcciones; cuidar al ni\u00f1o que llevamos dentro es lo que mantiene la llama que nos alegra el d\u00eda, nos conduce a aprender, a crear y a ser esponjas en un mundo cada vez m\u00e1s hostil. Porque por m\u00e1s hostil que sea, el mundo es inmenso, y hay gente admirable de todas las edades en todas partes.<\/p>\n<p><strong>Hay muchos que prefieren ser el pez grande en el acuario m\u00e1s peque\u00f1o, pero<\/strong> <strong>otros, tengamos el tama\u00f1o que tengamos, por m\u00e1s diminutos que seamos, preferimos vivir en el mar; porque despu\u00e9s de todo, un acuario no deja de ser una jaula.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Silvia Pato @SilviaP3 A menudo uno lee alg\u00fan art\u00edculo en el que se plantea la idea de que, a partir de un momento en la vida, la creatividad empieza a decaer, lo que provoca que se cuestione si un artista, despu\u00e9s de determinado instante de su biograf\u00eda, ya no est\u00e1 capacitado para realizar grandes obras. Aunque esa perspectiva pueda dar lugar a interesantes debates, es cierto que produce desaz\u00f3n comprobar que siempre se realiza bajo el mismo enfoque: la edad. Estamos siempre a vueltas con la edad, e incluso cuando no la percibimos, la publicidad acude, omnipresente, para record\u00e1rnosla. \u00bfSiempre fue tan exagerada para el hombre la preocupaci\u00f3n por el transcurso de los a\u00f1os como lo es en la actualidad? El problema no es la edad; el problema es una sociedad en la que la juventud es considerada una virtud por s\u00ed misma, y como consecuencia el mensaje subliminal que se transmite desde todas partes es que ser adulto es un defecto. Incluso los art\u00edculos que se comparten por las redes sociales y las opiniones que se expresan en voz alta sobre las etapas de la vida no dejan de ser, en ocasiones, meras poses por parte de la mayor\u00eda de la gente. Los actos desdicen con creces sus palabras. Y es que escuchas a algunas personas criticar esta sociedad en la que vivimos mientras siguen eternizando los h\u00e1bitos que ten\u00edan con veinte a\u00f1os, repitiendo bajo otra visi\u00f3n exactamente los mismos errores, tropezando con las mismas piedras, alimentando id\u00e9nticas dependencias y padeciendo el mismo comportamiento ego\u00edsta caracter\u00edstico del adolescente que busca su sitio en el mundo. \u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil es encontrar coherencia y honestidad en un mismo cuerpo en el siglo XXI! En el arte, la situaci\u00f3n no es muy distinta. Podr\u00eda decirse que el \u00e1mbito art\u00edstico se erige como un peque\u00f1o mundo dentro del mundo en el que vivimos; y si tenemos en cuenta que en sectores como el musical o el literario, al final, se conoce m\u00e1s o menos todo el mundo (m\u00e1s en los casos en los que habitamos ciudades de mediano o peque\u00f1o tama\u00f1o, por mucho que algunos crean que las mismas son el centro del universo), las quejas y las influencias del entorno, si uno se deja absorber por \u00e9l, terminan convirti\u00e9ndose en un freno repleto de frustraciones para el avance de cualquier creador y para el aprendizaje sin prejuicios de cualquier mente inquieta, por no hablar del desgaste de un saludable estado emocional. Sin embargo, y como consecuencia de esa idea tan manida de que nacemos con un don para escribir, componer, tocar, filmar, esculpir, dibujar o pintar, alimentamos la creencia de que hay cosas que se pueden hacer con doce, quince o veinte a\u00f1os, carg\u00e1ndonos las espaldas con esas prisas inexplicables de creer que hay que lograr las cosas de inmediato, en un par de a\u00f1os como mucho, y antes de una edad biol\u00f3gica que no se sabe muy bien qui\u00e9n nos introduce a veces en la cabeza, porque parece que despu\u00e9s de esa fecha del calendario, los logros tienen menor valor. Como si no se adorara ya suficientemente la juventud, a\u00fan encima, le concedemos los valores que se consiguen con el transcurso de los a\u00f1os. Sin duda, hay creadores, cient\u00edficos y pensadores que han alcanzado grandes logros a edades intempestivas, eso nadie lo pone en duda, pero no olvidemos que son excepciones, y no podemos convertir la excepci\u00f3n en norma en ning\u00fan caso de la vida, o perderemos por completo la perspectiva. Nuestra mejor obra siempre est\u00e1 por llegar. Si hay algo que hace falta para escribir es la experiencia vital de aquello que nos hace humanos: las emociones, los sentimientos. Uno puede ambientar una novela en un lugar en el que no ha estado y hacerlo cre\u00edble; sin embargo, \u00bfpuede alguien escribir sobre la muerte de un padre o una madre o un hijo sin haberla padecido? Por poder, se puede, pero ese tipo de vivencias y esa madurez emocional se reflejan luego en cada l\u00ednea y convierten\u00a0 el trabajo en honesto, y eso es lo que provoca la empat\u00eda de un lector que siente la desgracia, o en su caso, la alegr\u00eda ajena, como propia. Al fin y al cabo, los poetas no est\u00e1n relacionados con la tristeza por pura casualidad, por m\u00e1s que se empe\u00f1en en hacernos creer que \u00fanicamente con la imaginaci\u00f3n uno puede sentir lo que nunca ha sentido. Si admitimos entonces que la experiencia vital es un tesoro inigualable para crecer como personas y creadores, tendremos que asumir que ser\u00e1 muy distinto escribir con veinte, con treinta o con cincuenta a\u00f1os. Es m\u00e1s, en nuestra vida como lectores ya es distinto leer determinadas obras en la adolescencia o en la madurez, as\u00ed que imagin\u00e9monos lo que debe ser expresar las emociones, narrar las historias o escribir los versos m\u00e1s tristes esta noche con una o con otra edad. Los a\u00f1os nos alejan de los extremos, y nos permiten observar toda la amalgama gris de matices con la que se colorea nuestras vidas. Cuantos m\u00e1s tonos veamos, m\u00e1s podremos avanzar en este eterno camino del aprendizaje, sea cual sea el que estemos recorriendo. Por supuesto, esto es as\u00ed siempre y cuando uno contin\u00fae esa senda avanzando, y no se empe\u00f1e, por ese af\u00e1n de simplificar las cosas, en alimentar el ego y caer en la trampa de lo que la sociedad nos inculca sobre ser joven, sobre ser artista, sobre triunfar. El peligro de asumir esas premisas es terminar viviendo la vida en c\u00edrculos, yendo para atr\u00e1s cada vez que haya que dar un paso hacia adelante, la mitad de las veces por miedo y la otra mitad por sucumbir ante los convencionalismos, el entorno y la presi\u00f3n ejercida por otros. Hay tres cosas imprescindibles para cualquier creador que no tienen nada que ver con la edad, y que ir\u00f3nicamente son las que nos mantienen j\u00f3venes: la curiosidad, la ilusi\u00f3n y la capacidad de maravillarnos. No son las cremas, ni las salidas nocturnas, ni la ropa, ni determinada forma de vida que nos anuncian a diestro y siniestro desde todas direcciones; cuidar al ni\u00f1o que llevamos dentro es lo que mantiene la llama que nos alegra el d\u00eda, nos conduce a aprender, a crear y a ser esponjas en un mundo cada vez m\u00e1s hostil. Porque por m\u00e1s hostil que sea, el mundo es inmenso, y hay gente admirable de todas las edades en todas partes. Hay muchos que prefieren ser el pez grande en el acuario m\u00e1s peque\u00f1o, pero otros, tengamos el tama\u00f1o que tengamos, por m\u00e1s diminutos que seamos, preferimos vivir en el mar; porque despu\u00e9s de todo, un acuario no deja de ser una jaula.<\/p>\n","protected":false},"author":69,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[6,7],"class_list":["post-43","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-divagaciones","tag-artes","tag-artistas"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5XwHR-H","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/69"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=43"}],"version-history":[{"count":15,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":58,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43\/revisions\/58"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=43"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=43"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=43"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}