{"id":389,"date":"2016-12-18T18:18:42","date_gmt":"2016-12-18T18:18:42","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/?p=389"},"modified":"2016-12-18T18:26:53","modified_gmt":"2016-12-18T18:26:53","slug":"correr-riesgos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2016\/12\/18\/correr-riesgos\/","title":{"rendered":"Correr riesgos"},"content":{"rendered":"<p>Por <a href=\"https:\/\/twitter.com\/SilviaP3\">@SilviaP3<\/a><\/p>\n<p>Con frecuencia escuchamos que cuantos m\u00e1s a\u00f1os pasan, menos <strong>paciencia<\/strong> tenemos. Suelen decirlo aquellos que tambi\u00e9n afirman que el transcurso del<strong> tiempo<\/strong> nos vuelve m\u00e1s exigentes. Siempre he relativizado tanto una afirmaci\u00f3n como la otra. Al fin y al cabo, algunos hemos tenido esos niveles de exigencia toda la vida, as\u00ed que poco nos puede afectar. En cuanto a la paciencia, vale la pena recordar que es la experiencia la que consique que no perdamos tiempo en aquello que, con una mirada l\u00f3gica y la sabidur\u00eda adquirida por los a\u00f1os, sabemos c\u00f3mo se desarrollar\u00e1 o c\u00f3mo se resolver\u00e1.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, es precisamente el<strong> tiempo<\/strong>, para aquellos que somos conscientes de su valor, el que nos lleva a mostrarnos, en ocasiones, ansiosos, hastiados, decepcionados o puntillosos a la hora de organizar su gesti\u00f3n. Piensen que el d\u00eda tiene veinticuatro horas para todo el mundo, pero no todos las aprovechamos igual. La pose que adopta cada persona con respecto a las manecillas del reloj es bastante reveladora, tanto de su actitud ante la vida como de sus valores. Porque si hay algo que requiere tiempo por encima de todo son las relaciones humanas.<\/p>\n<p>As\u00ed, hay personas que creen que tienen toda la vida por delante para hacer lo que deseen, e incluso las escuchas afirmar que har\u00e1n tal o cual cosa cuando se jubilen, como si supieran con absoluta certeza que van a estar vivos y sanos dentro de diez, veinte, treinta o cuarenta a\u00f1os. Hay otras que piensan que su tiempo es m\u00e1s valioso que el de aquellos que les rodean; y que siempre les parecer\u00e1 mal que uno les haga pagar con su misma moneda, porque eso de <strong>\u00abno hagas a los dem\u00e1s lo que no quieres que te hagan a ti\u00bb<\/strong> no va con ellos. Hay algunas m\u00e1s que se dejan arrastrar por el entorno convecional, por un lado, y por los instintos m\u00e1s primarios por otro, y dejan pasar su existencia de la forma m\u00e1s plana posible, hasta que el destino, el azar o lo que ustedes quieran sacuden sus cimientos y se les cae la casa encima.<\/p>\n<p>Seguramente, esta reflexi\u00f3n sobre el tiempo siempre acude a estas l\u00edneas cuando los \u00e1rboles encienden y apagan sus luces en las ventanas, cuando las de la calles iluminan con colores las aceras. Y aunque pueda parecer que hay muchos adultos que ya habr\u00e1n pensado, razonado o enfocado este asunto en la cotidianidad de sus vidas, sigue sorprendiendo descubrir que no es as\u00ed. Podr\u00eda decirse que muchos prefieren no pensar en estas cosas. Suelen ser los que nunca asumen<strong> riesgos<\/strong>, los que buscan la eterna coartada de evitar un enfrentamiento para jam\u00e1s tener una conversaci\u00f3n en la que muestren realmente sus ideas, emociones o sentimientos, sean del tipo que sean.<\/p>\n<p>Por el contrario, aquellas personas que aprecian cada segundo de su vida, con pasi\u00f3n, con ganas de comerse el mundo a cada paso, con las ansias de aprender y de descubrir, y con la sabidur\u00eda de aprovechar lo poco que tienen del modo que puedan, jam\u00e1s eluden mostrarse con aquellos que de verdad les importan; hecho que a los que habitan sus jaulas interiores aterra. Porque si hay algo que aprendemos con los a\u00f1os es que <strong>vivir es asumir riesgos;<\/strong> y quien no los asume, quien no toma decisiones, quien deja que sea el tiempo o los dem\u00e1s quienes decidan por \u00e9l, al final, no ha vivido o, cuando menos, lo ha hecho a medias.<\/p>\n<p>Para muchos de nosotros el<strong> fracaso<\/strong> no es hacer o decir cosas y que salgan mal, al contrario, el fracaso es no hacer nada. Y no hacer nada, que no se nos olvide nunca, tambi\u00e9n es una opci\u00f3n, as\u00ed que jam\u00e1s ser\u00e1 una excusa. Otros nos arriesgamos, erramos, acertamos, aprendemos, nos caemos, levantamos la cabeza, damos otro paso y volvemos a andar. <strong>Vivimos<\/strong>. Quien simplemente camina, seguramente, tendr\u00e1 m\u00e1s paciencia, le afectar\u00e1n menos las cosas, llorar\u00e1 menos, tendr\u00e1 menos problemas y le har\u00e1n menos da\u00f1o; pero tambi\u00e9n reir\u00e1 menos, no sentir\u00e1 pasiones, amistades profundas, veneraciones ni momentos de gozo, alborozo o locura, o esos instantes de infinita dicha o de peque\u00f1as e intensas alegr\u00edas que nos llevan a saltar, aplaudir, gritar y abrazarnos como locos con la gente que nos ama y a la que amamos.<\/p>\n<p>Cuando esas personas observan a las llenas de vida, asemejan no comprenderlas. Algunos miran con envidia. Otros parecen desear ser como ellos, e incluso se piensan que, si se arriman, se contagia. Alg\u00fan osado pregunta <strong>cu\u00e1l es el secreto<\/strong>. \u00a1C\u00f3mo si hubiera un secreto!<\/p>\n<p>Realmente, todo es m\u00e1s f\u00e1cil de lo que en realidad creemos, tan simple como utilizar uno de los mayores poderes que tenemos:<strong> la palabra.<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2016\/12\/cat-1055602_640.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-390 alignleft\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2016\/12\/cat-1055602_640-300x199.jpg\" alt=\"cat-1055602_640\" width=\"300\" height=\"199\" srcset=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2016\/12\/cat-1055602_640-300x199.jpg 300w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2016\/12\/cat-1055602_640.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>El poder de las palabras es incre\u00edble, tanto que hay que tener valor para usarlo. Hay que mostrarse. Hay que expresarse. Hay que atreverse. Seguramente, este sea uno de los grandes problemas de las relaciones personales de nuestro tiempo: <strong>la comunicaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>Muchas personas no hablan y, a veces, ni siquiera escuchan. Otras no quieren saber, ni siquiera lo que piensan ellas mismas, por lo que escapan de la soledad como de la peste, no vayan a escuchar el eco de sus propias mentes. Lo cierto es que poner nombre a las cosas nos hace darles poder. <strong>Una palabra puede herir como una espada, pero tambi\u00e9n puede despejar un cielo cubierto de nubes.<\/strong><\/p>\n<p>Hablar significa correr riesgos. <strong>Correr riesgos es vivir<\/strong>. El mundo, cada vez m\u00e1s, parece dividirse en ambos bandos. Los que hablamos y luchamos por vivir, cada d\u00eda, sabiendo que no tenemos ni idea de cu\u00e1nto tiempo nos queda ni de c\u00f3mo van a evolucionar las cosas, pero preocup\u00e1ndonos por los dem\u00e1s y por sus necesidades; y los que callan, sin atreverse a salir de una burbuja desde la que observan al resto del mundo, ya sea por miedo, por cobard\u00eda o por pura comodidad. Con frecuencia, estos \u00faltimos hacen da\u00f1o a los primeros, que tendr\u00e1n que escuchar c\u00f3mo los acusan de no tener paciencia y de ser exigentes, cuando, en realidad, deber\u00edan de comprender ellos mismos que es imposible relacionarse con alguien que est\u00e1 dentro de una burbuja o de una jaula interior que se construye para aislarse del mundo. <strong>Es imposible entablar un di\u00e1logo con el silencio<\/strong>, adem\u00e1s de exasperante.<\/p>\n<p>Nadie puede saber lo que no decimos. Nadie puede adivinar lo que pensamos. Por m\u00e1s que conozcamos a una persona y creamos que acertamos en sus contestaciones futuras, desenga\u00f1\u00e9monos, de seguro, habr\u00e1 ocasiones en que nos equivoquemos y nos sorprendan con creces. Respetemos su derecho a responder como deseamos respeten el nuestro. As\u00ed pues, la pr\u00f3xima vez que acusen a alguien de no tener paciencia, analicen bien qu\u00e9 es lo que est\u00e1n haciendo y c\u00f3mo para que eso sea as\u00ed. No vaya a ser que est\u00e9n culpando a otro de sus propias faltas. Y si quieren saber qu\u00e9 se le pasa por la cabeza, asuman el riesgo y pregunten. Hasta el momento no hay otra forma de relacionarse.<strong> No somos tel\u00e9patas.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por @SilviaP3 Con frecuencia escuchamos que cuantos m\u00e1s a\u00f1os pasan, menos paciencia tenemos. Suelen decirlo aquellos que tambi\u00e9n afirman que el transcurso del tiempo nos vuelve m\u00e1s exigentes. Siempre he relativizado tanto una afirmaci\u00f3n como la otra. Al fin y al cabo, algunos hemos tenido esos niveles de exigencia toda la vida, as\u00ed que poco nos puede afectar. En cuanto a la paciencia, vale la pena recordar que es la experiencia la que consique que no perdamos tiempo en aquello que, con una mirada l\u00f3gica y la sabidur\u00eda adquirida por los a\u00f1os, sabemos c\u00f3mo se desarrollar\u00e1 o c\u00f3mo se resolver\u00e1. Por lo dem\u00e1s, es precisamente el tiempo, para aquellos que somos conscientes de su valor, el que nos lleva a mostrarnos, en ocasiones, ansiosos, hastiados, decepcionados o puntillosos a la hora de organizar su gesti\u00f3n. Piensen que el d\u00eda tiene veinticuatro horas para todo el mundo, pero no todos las aprovechamos igual. La pose que adopta cada persona con respecto a las manecillas del reloj es bastante reveladora, tanto de su actitud ante la vida como de sus valores. Porque si hay algo que requiere tiempo por encima de todo son las relaciones humanas. As\u00ed, hay personas que creen que tienen toda la vida por delante para hacer lo que deseen, e incluso las escuchas afirmar que har\u00e1n tal o cual cosa cuando se jubilen, como si supieran con absoluta certeza que van a estar vivos y sanos dentro de diez, veinte, treinta o cuarenta a\u00f1os. Hay otras que piensan que su tiempo es m\u00e1s valioso que el de aquellos que les rodean; y que siempre les parecer\u00e1 mal que uno les haga pagar con su misma moneda, porque eso de \u00abno hagas a los dem\u00e1s lo que no quieres que te hagan a ti\u00bb no va con ellos. Hay algunas m\u00e1s que se dejan arrastrar por el entorno convecional, por un lado, y por los instintos m\u00e1s primarios por otro, y dejan pasar su existencia de la forma m\u00e1s plana posible, hasta que el destino, el azar o lo que ustedes quieran sacuden sus cimientos y se les cae la casa encima. Seguramente, esta reflexi\u00f3n sobre el tiempo siempre acude a estas l\u00edneas cuando los \u00e1rboles encienden y apagan sus luces en las ventanas, cuando las de la calles iluminan con colores las aceras. Y aunque pueda parecer que hay muchos adultos que ya habr\u00e1n pensado, razonado o enfocado este asunto en la cotidianidad de sus vidas, sigue sorprendiendo descubrir que no es as\u00ed. Podr\u00eda decirse que muchos prefieren no pensar en estas cosas. Suelen ser los que nunca asumen riesgos, los que buscan la eterna coartada de evitar un enfrentamiento para jam\u00e1s tener una conversaci\u00f3n en la que muestren realmente sus ideas, emociones o sentimientos, sean del tipo que sean. Por el contrario, aquellas personas que aprecian cada segundo de su vida, con pasi\u00f3n, con ganas de comerse el mundo a cada paso, con las ansias de aprender y de descubrir, y con la sabidur\u00eda de aprovechar lo poco que tienen del modo que puedan, jam\u00e1s eluden mostrarse con aquellos que de verdad les importan; hecho que a los que habitan sus jaulas interiores aterra. Porque si hay algo que aprendemos con los a\u00f1os es que vivir es asumir riesgos; y quien no los asume, quien no toma decisiones, quien deja que sea el tiempo o los dem\u00e1s quienes decidan por \u00e9l, al final, no ha vivido o, cuando menos, lo ha hecho a medias. Para muchos de nosotros el fracaso no es hacer o decir cosas y que salgan mal, al contrario, el fracaso es no hacer nada. Y no hacer nada, que no se nos olvide nunca, tambi\u00e9n es una opci\u00f3n, as\u00ed que jam\u00e1s ser\u00e1 una excusa. Otros nos arriesgamos, erramos, acertamos, aprendemos, nos caemos, levantamos la cabeza, damos otro paso y volvemos a andar. Vivimos. Quien simplemente camina, seguramente, tendr\u00e1 m\u00e1s paciencia, le afectar\u00e1n menos las cosas, llorar\u00e1 menos, tendr\u00e1 menos problemas y le har\u00e1n menos da\u00f1o; pero tambi\u00e9n reir\u00e1 menos, no sentir\u00e1 pasiones, amistades profundas, veneraciones ni momentos de gozo, alborozo o locura, o esos instantes de infinita dicha o de peque\u00f1as e intensas alegr\u00edas que nos llevan a saltar, aplaudir, gritar y abrazarnos como locos con la gente que nos ama y a la que amamos. Cuando esas personas observan a las llenas de vida, asemejan no comprenderlas. Algunos miran con envidia. Otros parecen desear ser como ellos, e incluso se piensan que, si se arriman, se contagia. Alg\u00fan osado pregunta cu\u00e1l es el secreto. \u00a1C\u00f3mo si hubiera un secreto! Realmente, todo es m\u00e1s f\u00e1cil de lo que en realidad creemos, tan simple como utilizar uno de los mayores poderes que tenemos: la palabra. El poder de las palabras es incre\u00edble, tanto que hay que tener valor para usarlo. Hay que mostrarse. Hay que expresarse. Hay que atreverse. Seguramente, este sea uno de los grandes problemas de las relaciones personales de nuestro tiempo: la comunicaci\u00f3n. Muchas personas no hablan y, a veces, ni siquiera escuchan. Otras no quieren saber, ni siquiera lo que piensan ellas mismas, por lo que escapan de la soledad como de la peste, no vayan a escuchar el eco de sus propias mentes. Lo cierto es que poner nombre a las cosas nos hace darles poder. Una palabra puede herir como una espada, pero tambi\u00e9n puede despejar un cielo cubierto de nubes. Hablar significa correr riesgos. Correr riesgos es vivir. El mundo, cada vez m\u00e1s, parece dividirse en ambos bandos. Los que hablamos y luchamos por vivir, cada d\u00eda, sabiendo que no tenemos ni idea de cu\u00e1nto tiempo nos queda ni de c\u00f3mo van a evolucionar las cosas, pero preocup\u00e1ndonos por los dem\u00e1s y por sus necesidades; y los que callan, sin atreverse a salir de una burbuja desde la que observan al resto del mundo, ya sea por miedo, por cobard\u00eda o por pura comodidad. Con frecuencia, estos \u00faltimos hacen da\u00f1o a los primeros, que tendr\u00e1n que escuchar c\u00f3mo los acusan de no tener paciencia y de ser exigentes, cuando, en realidad, deber\u00edan de comprender ellos mismos que es imposible relacionarse con alguien que est\u00e1 dentro de una burbuja o de una jaula interior que se construye para aislarse del mundo. Es imposible entablar un di\u00e1logo con el silencio, adem\u00e1s de exasperante. Nadie puede saber lo que no decimos. Nadie puede adivinar lo que pensamos. Por m\u00e1s que conozcamos a una persona y creamos que acertamos en sus contestaciones futuras, desenga\u00f1\u00e9monos, de seguro, habr\u00e1 ocasiones en que nos equivoquemos y nos sorprendan con creces. Respetemos su derecho a responder como deseamos respeten el nuestro. As\u00ed pues, la pr\u00f3xima vez que acusen a alguien de no tener paciencia, analicen bien qu\u00e9 es lo que est\u00e1n haciendo y c\u00f3mo para que eso sea as\u00ed. No vaya a ser que est\u00e9n culpando a otro de sus propias faltas. Y si quieren saber qu\u00e9 se le pasa por la cabeza, asuman el riesgo y pregunten. Hasta el momento no hay otra forma de relacionarse. 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