{"id":373,"date":"2016-09-17T17:05:07","date_gmt":"2016-09-17T17:05:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/?p=373"},"modified":"2016-09-19T15:29:03","modified_gmt":"2016-09-19T15:29:03","slug":"elogio-de-la-sinceridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2016\/09\/17\/elogio-de-la-sinceridad\/","title":{"rendered":"Elogio de la sinceridad"},"content":{"rendered":"<p>Por<a href=\"https:\/\/twitter.com\/SilviaP3\"> @SilviaP3<\/a><\/p>\n<p>Hablar de <strong>sinceridad<\/strong> en un tiempo en el que la mayor\u00eda de las personas adoptan falsas poses para la consecuci\u00f3n de sus intereses, sin importar si sus declaraciones son verdad o mentira, parece una osad\u00eda en este mundo nuestro. Sin embargo, tal vez por eso, deber\u00edamos recordar una cualidad a menudo olvidada.<\/p>\n<p>No fui la \u00fanica educada en el <strong>respeto<\/strong> y la <strong>honestidad<\/strong> a la palabra dada. No fui la \u00fanica educada para recordar que, en el trato con los otros, si no tienes nada agradable que decir, no lo digas, pero jam\u00e1s mientas. No fui la \u00fanica educada en recordar que debemos tratar a los dem\u00e1s como nos gustar\u00eda que nos trataran a nosotros mismos. Y aunque no fui la \u00fanica educada as\u00ed, parece que cada vez somos menos los que tenemos en cuenta aquellas ense\u00f1anzas.<\/p>\n<p>Si<a href=\"http:\/\/www.elcotidiano.es\/al-otro-lado-del-espejo\/\"> los <strong>encantadores de serpientes<\/strong><\/a> que nos rodean en todos los sectores de nuestra vida son abundantes, los <strong>aduladores<\/strong> que solo buscan alimentar su propia satisfacci\u00f3n personal, sea del tipo que sea, no son menos. Despu\u00e9s de todo, algunas personas est\u00e1n tan habituadas a actuar de la forma que la sociedad espera de ellos que ni siquiera saben qu\u00e9 es lo que desean realmente. As\u00ed las cosas, en las <strong>relaciones personales<\/strong>, las palabras se convierten en vanas y <a href=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2015\/07\/07\/los-hechos\/\">los hechos son los \u00fanicos que tienen peso<\/a>. Es una pena. Todos los que amamos el <strong>lenguaje<\/strong>, desde los escritores hasta los lectores, desde los fil\u00f3logos hasta los fil\u00f3sofos, pasando por todo tipo de bibli\u00f3filos, aficionados e intelectuales, no podemos evitar entristecernos al comprobar c\u00f3mo se le vilipendia, c\u00f3mo se hace perder el valor a aquellos vocablos y a aquellas frases que deber\u00edan tenerlo todo.<\/p>\n<p>La <strong>sinceridad<\/strong> es la gran ausente. La mayor\u00eda espera complacer a todo el mundo, sin comprender que as\u00ed acabar\u00e1 por no complacer a nadie, y uno se pregunta si en medio de esas mentiras o de esas verdades que dicen en broma, se encuentra la \u00fanica realidad de que viven enga\u00f1\u00e1ndose a s\u00ed mismos, siendo ajenos a la mentira porque no la identifican como tal.<\/p>\n<p>Piensen un poco. Seguro que conocen a un mont\u00f3n de buenas personas que tienen la peligrosa costumbre del<strong> autoenga\u00f1o<\/strong>. No hace falta ponerles una venda en los ojos. Ellos mismos se la colocan cada d\u00eda voluntariamente. Tal vez, tengan miedo a vivir sin ella. Tal vez, sea m\u00e1s f\u00e1cil autoenga\u00f1arse y decirle a los dem\u00e1s lo que esperan o\u00edr sin necesidad de pararse a pensar si uno desea decirlo o no. Lo cierto es que para poder ser sincero con el mundo, primero hay que serlo con uno mismo.<\/p>\n<p>Las <strong>costumbres<\/strong> y los <strong>convencionalismos<\/strong> nos apresan ahora por partida doble, tanto en la vida <em>online<\/em> como en la <em>offline<\/em>. Miramos a nuestro alrededor intentando lidiar con todo ello. Luego, descubrimos que, aun cuando se han multiplicado algunas alegr\u00edas, las decepciones se llevan la palma a la hora de descubrir las dobles caras, las falsas apariencias y la frivolidad de muchos de los que nos rodean. Confieso que nunca lo he entendido. Siempre me ha parecido m\u00e1s complicado y agotador vivir siendo esclavo de las mentiras y de las conciencias de los otros, que hacerlo siendo honesto con la propia. Cargarse de cadenas y terminar convirtiendo la propia existencia en una doble vida resulta deprimente y, en los tiempos que vivimos, completamente innecesario. Pero tanto la libertad como la honestidad tienen un precio.<\/p>\n<p>La sinceridad, por m\u00e1s que la utilicemos con extremo cuidado para decir las cosas sin herir a los otros, requiere valent\u00eda y transparencia; no es uno de esos caminos f\u00e1ciles tan de moda ahora. Adem\u00e1s, no nos enga\u00f1emos. Cuando se habla de <strong>sinceridad<\/strong> parece que lo que uno tiene que decir siempre es desagradable. Y no es cierto. Precisamente quien m\u00e1s se esconde en las mentiras o practica el autoenga\u00f1o, menos capacitado suele estar para hablar con el coraz\u00f3n, exponerse verdaderamente a aquellos que le importan, transmitir las cosas bellas. Porque exponerse implica el m\u00e1ximo de los riesgos. La <strong>amistad<\/strong> de verdad, as\u00ed como el amor, requieren mostrarse vulnerable. Quien no sigue esa premisa, pierde una las facetas m\u00e1s maravillosas de la vida, uno de esos tesoros que no pueden comprarse con dinero. Por si fuera poco, seguramente habita un <strong>limbo<\/strong> en el que observa a los dem\u00e1s danzar sin haber escuchado jam\u00e1s la m\u00fasica, no pidan ya que la comprendan.<\/p>\n<p>Seamos sinceros. Vivamos pues. \u00bfCreen que importar\u00e1n realmente todos esos convencionalismos que les atan dentro de cien a\u00f1os? \u00bfCreen que complacer a otros les har\u00e1 sentirse bien cuando, dentro de veinte a\u00f1os, comprendan que no han vivido la vida que ustedes quer\u00edan vivir y que ya no hay marcha atr\u00e1s? \u00bfAcaso creen que tienen todo el tiempo del mundo? \u00bfTodav\u00eda no han aprendido que solo poseen este mismo instante en el que est\u00e1n leyendo estas l\u00edneas?<\/p>\n<div id=\"attachment_375\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/pixabay.com\/es\/carretera-signo-de-ciudad-924566\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-375\" class=\"wp-image-375 size-medium\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2016\/09\/road-924566_1280-300x154.jpg\" alt=\"Authenticity\" width=\"300\" height=\"154\" srcset=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2016\/09\/road-924566_1280-300x154.jpg 300w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2016\/09\/road-924566_1280-768x395.jpg 768w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2016\/09\/road-924566_1280-1024x526.jpg 1024w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2016\/09\/road-924566_1280.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-375\" class=\"wp-caption-text\">FUENTE: Pixabay<\/p><\/div>\n<p>Siempre he sido sincera. No es una pose. Ya les digo que hay que pagar un precio; a veces, un precio muy alto. Sin embargo, reconforta cuando aquellos que te conocen \u00edntimamente desde hace d\u00e9cadas te dicen que cada uno de tus p\u00e1rrafos es exactamente igual a cuando te oyen hablar cara a cara, y te elogian por tu sinceridad y tu coherencia. Pero no siempre es as\u00ed.<\/p>\n<p>A medida que pasan los a\u00f1os, hay mucha gente que se va quedando por el camino, precisamente porque desprecia aquello que otros alaban. Esas personas que practican el vicio del <strong>autoenga\u00f1o<\/strong>, que por las ma\u00f1anas antes de la camiseta se ponen la venda en los ojos, aborrecen que alguien aparezca para quit\u00e1rsela y exponerles ante el mundo sin su disfraz. Mas uno es quien es y as\u00ed ha de ser aceptado. Y no dice jam\u00e1s lo que no se le pregunta, pero si se le inquiere, no esperen que una persona sincera les diga lo que ustedes quieren o\u00edr. Es m\u00e1s, si verdaderamente les quiere, les dir\u00e1 lo que es necesario que oigan, aunque despu\u00e9s respetar\u00e1 por completo lo que ustedes decidan hacer. Ya les digo que normalmente los que se autoenga\u00f1an suelen rodearse de una caterva de aduladores que son como ellos. Como resultado, a los que nos mostramos honestos nos causa siempre dolor y decepci\u00f3n descubrir cuando alguien que cre\u00edamos verdad es en realidad una mentira, ya sea porque lo fue siempre, ya sea porque se ha convertido en ella.<\/p>\n<p>Por ese motivo, cuantos m\u00e1s a\u00f1os tienes y m\u00e1s personas te decepcionan en su transcurrir, m\u00e1s aprecias y valoras a ese peque\u00f1o pu\u00f1ado, sincero y honesto, que jam\u00e1s lo ha hecho. Los que por c\u00f3mo eres, y a pesar de c\u00f3mo eres, siempre est\u00e1n ah\u00ed, siempre se exponen, siempre te aguardan y apoyan. Y jam\u00e1s te traicionan.<\/p>\n<div class=\"js-tweet-text-container\">\n<p class=\"TweetTextSize TweetTextSize--26px js-tweet-text tweet-text\" lang=\"es\"><strong>Cuiden a esas personas. Sin ellas, estamos perdidos.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"ProfileTweet-action ProfileTweet-action--favorite js-toggleState\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por @SilviaP3 Hablar de sinceridad en un tiempo en el que la mayor\u00eda de las personas adoptan falsas poses para la consecuci\u00f3n de sus intereses, sin importar si sus declaraciones son verdad o mentira, parece una osad\u00eda en este mundo nuestro. Sin embargo, tal vez por eso, deber\u00edamos recordar una cualidad a menudo olvidada. No fui la \u00fanica educada en el respeto y la honestidad a la palabra dada. No fui la \u00fanica educada para recordar que, en el trato con los otros, si no tienes nada agradable que decir, no lo digas, pero jam\u00e1s mientas. No fui la \u00fanica educada en recordar que debemos tratar a los dem\u00e1s como nos gustar\u00eda que nos trataran a nosotros mismos. Y aunque no fui la \u00fanica educada as\u00ed, parece que cada vez somos menos los que tenemos en cuenta aquellas ense\u00f1anzas. Si los encantadores de serpientes que nos rodean en todos los sectores de nuestra vida son abundantes, los aduladores que solo buscan alimentar su propia satisfacci\u00f3n personal, sea del tipo que sea, no son menos. Despu\u00e9s de todo, algunas personas est\u00e1n tan habituadas a actuar de la forma que la sociedad espera de ellos que ni siquiera saben qu\u00e9 es lo que desean realmente. As\u00ed las cosas, en las relaciones personales, las palabras se convierten en vanas y los hechos son los \u00fanicos que tienen peso. Es una pena. Todos los que amamos el lenguaje, desde los escritores hasta los lectores, desde los fil\u00f3logos hasta los fil\u00f3sofos, pasando por todo tipo de bibli\u00f3filos, aficionados e intelectuales, no podemos evitar entristecernos al comprobar c\u00f3mo se le vilipendia, c\u00f3mo se hace perder el valor a aquellos vocablos y a aquellas frases que deber\u00edan tenerlo todo. La sinceridad es la gran ausente. La mayor\u00eda espera complacer a todo el mundo, sin comprender que as\u00ed acabar\u00e1 por no complacer a nadie, y uno se pregunta si en medio de esas mentiras o de esas verdades que dicen en broma, se encuentra la \u00fanica realidad de que viven enga\u00f1\u00e1ndose a s\u00ed mismos, siendo ajenos a la mentira porque no la identifican como tal. Piensen un poco. Seguro que conocen a un mont\u00f3n de buenas personas que tienen la peligrosa costumbre del autoenga\u00f1o. No hace falta ponerles una venda en los ojos. Ellos mismos se la colocan cada d\u00eda voluntariamente. Tal vez, tengan miedo a vivir sin ella. Tal vez, sea m\u00e1s f\u00e1cil autoenga\u00f1arse y decirle a los dem\u00e1s lo que esperan o\u00edr sin necesidad de pararse a pensar si uno desea decirlo o no. Lo cierto es que para poder ser sincero con el mundo, primero hay que serlo con uno mismo. Las costumbres y los convencionalismos nos apresan ahora por partida doble, tanto en la vida online como en la offline. Miramos a nuestro alrededor intentando lidiar con todo ello. Luego, descubrimos que, aun cuando se han multiplicado algunas alegr\u00edas, las decepciones se llevan la palma a la hora de descubrir las dobles caras, las falsas apariencias y la frivolidad de muchos de los que nos rodean. Confieso que nunca lo he entendido. Siempre me ha parecido m\u00e1s complicado y agotador vivir siendo esclavo de las mentiras y de las conciencias de los otros, que hacerlo siendo honesto con la propia. Cargarse de cadenas y terminar convirtiendo la propia existencia en una doble vida resulta deprimente y, en los tiempos que vivimos, completamente innecesario. Pero tanto la libertad como la honestidad tienen un precio. La sinceridad, por m\u00e1s que la utilicemos con extremo cuidado para decir las cosas sin herir a los otros, requiere valent\u00eda y transparencia; no es uno de esos caminos f\u00e1ciles tan de moda ahora. Adem\u00e1s, no nos enga\u00f1emos. Cuando se habla de sinceridad parece que lo que uno tiene que decir siempre es desagradable. Y no es cierto. Precisamente quien m\u00e1s se esconde en las mentiras o practica el autoenga\u00f1o, menos capacitado suele estar para hablar con el coraz\u00f3n, exponerse verdaderamente a aquellos que le importan, transmitir las cosas bellas. Porque exponerse implica el m\u00e1ximo de los riesgos. La amistad de verdad, as\u00ed como el amor, requieren mostrarse vulnerable. Quien no sigue esa premisa, pierde una las facetas m\u00e1s maravillosas de la vida, uno de esos tesoros que no pueden comprarse con dinero. Por si fuera poco, seguramente habita un limbo en el que observa a los dem\u00e1s danzar sin haber escuchado jam\u00e1s la m\u00fasica, no pidan ya que la comprendan. Seamos sinceros. Vivamos pues. \u00bfCreen que importar\u00e1n realmente todos esos convencionalismos que les atan dentro de cien a\u00f1os? \u00bfCreen que complacer a otros les har\u00e1 sentirse bien cuando, dentro de veinte a\u00f1os, comprendan que no han vivido la vida que ustedes quer\u00edan vivir y que ya no hay marcha atr\u00e1s? \u00bfAcaso creen que tienen todo el tiempo del mundo? \u00bfTodav\u00eda no han aprendido que solo poseen este mismo instante en el que est\u00e1n leyendo estas l\u00edneas? Siempre he sido sincera. No es una pose. Ya les digo que hay que pagar un precio; a veces, un precio muy alto. Sin embargo, reconforta cuando aquellos que te conocen \u00edntimamente desde hace d\u00e9cadas te dicen que cada uno de tus p\u00e1rrafos es exactamente igual a cuando te oyen hablar cara a cara, y te elogian por tu sinceridad y tu coherencia. Pero no siempre es as\u00ed. A medida que pasan los a\u00f1os, hay mucha gente que se va quedando por el camino, precisamente porque desprecia aquello que otros alaban. Esas personas que practican el vicio del autoenga\u00f1o, que por las ma\u00f1anas antes de la camiseta se ponen la venda en los ojos, aborrecen que alguien aparezca para quit\u00e1rsela y exponerles ante el mundo sin su disfraz. Mas uno es quien es y as\u00ed ha de ser aceptado. Y no dice jam\u00e1s lo que no se le pregunta, pero si se le inquiere, no esperen que una persona sincera les diga lo que ustedes quieren o\u00edr. Es m\u00e1s, si verdaderamente les quiere, les dir\u00e1 lo que es necesario que oigan, aunque despu\u00e9s respetar\u00e1 por completo lo que ustedes decidan hacer. Ya les digo que normalmente los que se autoenga\u00f1an suelen rodearse de una caterva de aduladores que son como ellos. Como resultado, a los que nos mostramos honestos nos causa siempre dolor y decepci\u00f3n descubrir cuando alguien que cre\u00edamos verdad es en realidad una mentira, ya sea porque lo fue siempre, ya sea porque se ha convertido en ella. Por ese motivo, cuantos m\u00e1s a\u00f1os tienes y m\u00e1s personas te decepcionan en su transcurrir, m\u00e1s aprecias y valoras a ese peque\u00f1o pu\u00f1ado, sincero y honesto, que jam\u00e1s lo ha hecho. Los que por c\u00f3mo eres, y a pesar de c\u00f3mo eres, siempre est\u00e1n ah\u00ed, siempre se exponen, siempre te aguardan y apoyan. Y jam\u00e1s te traicionan. Cuiden a esas personas. 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