{"id":29,"date":"2015-03-29T09:38:41","date_gmt":"2015-03-29T09:38:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/?p=29"},"modified":"2015-03-30T12:33:32","modified_gmt":"2015-03-30T12:33:32","slug":"el-don-no-existe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2015\/03\/29\/el-don-no-existe\/","title":{"rendered":"El don no existe"},"content":{"rendered":"<p>Por Silvia Pato <a href=\"https:\/\/twitter.com\/SilviaP3\">@Silvia P3<\/a><\/p>\n<p><strong>El don no existe<\/strong>. No existe tal y como lo entiende la gente; no existe tal y como se nos ense\u00f1a desde ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Seguramente esa sea la maldici\u00f3n y el prejuicio art\u00edstico m\u00e1s alimentado por todos. Tal es as\u00ed que expresar esa aseveraci\u00f3n conlleva a provocar un debate inevitable, aunque siempre interesante, sobre aquellas ideas difundidas en nuestra sociedad que se han convertido en una especie de convencionalismo irrefutable.<\/p>\n<p>Las definiciones de la Real Academia Espa\u00f1ola son una ayuda imprescindible en estos casos. As\u00ed, en el avance de su vig\u00e9sima tercera edici\u00f3n podemos leer las siguientes acepciones:<\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"p\" style=\"text-align: left\"><a href=\"http:\/\/lema.rae.es\/drae\/srv\/search?id=MV8JgiXbk2x50YCfaCK\"><span class=\"f\"><b>don<\/b><\/span><span class=\"f\"><b><sup>1<\/sup><\/b><\/span><span class=\"f\"><b>.<\/b><\/span><\/a><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\"><span class=\"a\"> (<a>Del<\/a> <a title=\"lat\u00edn, latino o latina\">lat.<\/a> <i>donum<\/i>).<\/span><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\"><span class=\"d\"><b> 1.<\/b><\/span> <span class=\"d\" title=\"nombre masculino\">m.<\/span><span class=\"b\"> D\u00e1diva, presente o regalo.<\/span><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\"><span class=\"d\"><b> 2.<\/b><\/span><span class=\"g\"> <span class=\"g\" title=\"nombre masculino\">m.<\/span><\/span><span class=\"b\"> Bien natural o sobrenatural que tiene el cristiano, respecto a Dios, de quien lo recibe.<\/span><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\"><span class=\"d\"><b> 3.<\/b><\/span><span class=\"g\"> <span class=\"g\" title=\"nombre masculino\">m.<\/span><\/span><span class=\"b\"> Gracia especial o habilidad para hacer algo. <span class=\"d\" title=\"Usado, usada, usados o usadas tambi\u00e9n en sentido ir\u00f3nico\">U. t. en sent. ir\u00f3n.<\/span><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">Cuando uno las lee, la reflexi\u00f3n es inevitable. Si tenemos en cuenta que un regalo lo recibimos de alguien, y reparamos en el hecho de que se considera un bien sobrenatural adquirido, podr\u00edamos reafirmar nuestra opini\u00f3n, pues parece que la RAE nos da la raz\u00f3n: el don no existe. Aunque si hay algo bien curioso en esa entrada del diccionario es la tercera acepci\u00f3n. F\u00edjense en la coletilla: <em>util\u00edcese en sentido ir\u00f3nico.<\/em> Lo dicho, el don, tal y como lo conocemos, no existe.<\/p>\n<div id=\"attachment_38\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/03\/magic-33848_1280.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-38\" class=\"wp-image-38 size-medium\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/03\/magic-33848_1280-300x217.png\" alt=\"http:\/\/pixabay.com\/en\/magic-wand-female-flying-fantasy-33848\/\" width=\"300\" height=\"217\" srcset=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/03\/magic-33848_1280-300x217.png 300w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/03\/magic-33848_1280-1024x740.png 1024w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/03\/magic-33848_1280.png 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-38\" class=\"wp-caption-text\">Fuente: Pixabay<\/p><\/div>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\"><strong>\u00bfAcaso acudi\u00f3 un hada madrina a la cabecera de nuestras cunas a concedernos la gracia de las letras, la composici\u00f3n, la pintura, o cualquier forma de expresi\u00f3n art\u00edstica como si pudiera haberse imbuido en nuestras mentes por ciencia infusa?<\/strong><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">\u00bfAcaso infravaloramos tanto las experiencias, el aprendizaje y el esfuerzo que cada d\u00eda realizamos para ir mejorando en todas las facetas de la vida?<\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">\u00bfAcaso valorando todo ello, siendo conscientes de que somos la suma de nuestras vivencias, de nuestros gustos, de nuestras inquietudes, de nuestra capacidad intelectual, de nuestra curiosidad y nuestra constancia, no estimar\u00edamos m\u00e1s la madurez de nuestros artistas y la sabidur\u00eda de nuestros abuelos?<\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">Podemos hablar de<a href=\"http:\/\/lema.rae.es\/drae\/srv\/search?key=talento\"> talento, <\/a>de alguna destreza o facilidad de la mente hacia una u otra materia, de una imaginaci\u00f3n m\u00e1s o menos desarrollada, pero no podemos obviar que eso no es suficiente, porque siempre, siempre, es necesario todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\"><strong>El secreto de cualquier actividad reposa en el trabajo y la perseverancia,<\/strong> salpimentada con la humildad necesaria para aprender de los errores y asumir los fracasos; inspirarse en aquellos que sabemos mejores que nosotros; y sentir que todav\u00eda no hemos logrado nuestra mejor obra, porque la intensa necesidad de recorrer el camino, del eterno aprendizaje, de la imprescindible emoci\u00f3n de maravillarnos, sin complejos, sin competencias y sin comparativas es mayor que todas las etiquetas que el mundo nos impone. <strong>Vivimos \u00fanicamente buscando superar nuestros propios l\u00edmites, siempre un poco m\u00e1s all\u00e1, en un eterno viaje hacia \u00cdtaca.<\/strong><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">Resulta f\u00e1cil, o tal vez sea un vano consuelo, esa tendencia a pensar que cualquier artista, se encuadre en la disciplina que se encuadre, nace con una facultad sobrenatural que le permite alcanzar con facilidad y sin esfuerzo la excelencia en su trabajo, como si en el momento de su nacimiento se le hubiera otorgado el don divino de la m\u00fasica, la escritura, el dibujo, la escultura o las lenguas. Y a\u00fan reconociendo que ciertos rasgos de la personalidad cuentan, como la inquietud, la expresividad o la curiosidad, <strong>no podemos alimentar la idea de que se nace con una especie de superpoder por el cual, sin haber sido antes un gran lector, un gran oyente o un excelente observador, se pueda escribir, componer o pintar de forma exquisita.<\/strong><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">Aquellos que no aceptan sus propios rasgos de personalidad, o las limitaciones que cada uno de nosotros tiene en determinadas actividades, puesto que, al fin y al cabo, somos un c\u00famulo de circunstancias, prefieren agarrarse a esa idea del don y de las musas. Adem\u00e1s de ello, muchos de los que se dedican a alguna actividad art\u00edstica, cuando no a varias, vencidos por su propio ego, colaboran en fomentar esa idea para ver acrecentada su unicidad o para sentirse especiales o superiores al resto. Lo cual no deja de ser una estupidez. <strong>Nadie es superior a nadie. Por fortuna, todos somos distintos y \u00fanicos.<\/strong><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">As\u00ed que algunos, por el contrario, creemos que esa actitud, que no deja de ser reflejo de un gran problema de autoestima, infravalora lo que s\u00ed es verdaderamente importante para todos: el trabajo, el esfuerzo, la capacidad de superaci\u00f3n, la humildad de la equivocaci\u00f3n y la constancia de todo aquel que crea, divulga y expone, sin darse por vencido, sin prisas, movido no por la necesidad de demostrarle nada a nadie, sino por la necesidad de expresarse, de compartir, de sentir.<\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">Quienes as\u00ed pensamos, continuamos aprendiendo. <strong>Antes que escritores, somos lectores; antes que compositores, somos oyentes; antes que cineastas, somos espectadores; antes que fot\u00f3grafos, dibujantes o pintores, somos observadores embelesados del mundo.<\/strong><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">Todo eso nos conduce por el eterno camino del aprendizaje, guiados por una fuerza interior que no deja de hacer preguntas, que no cesa en su b\u00fasqueda de respuestas.<\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\"><strong>Creer en el don tal y como nos ense\u00f1an infravalora el trabajo y las verdaderas aptitudes de creadores y divulgadores,<\/strong> como si al suponer que su labor, al ser realizada sin esfuerzo alguno, viera restado por completo su valor; como si parte del mundo no sintiera herida su vanidad al albergar la creencia de que las cualidades de esas personas son una facultad divina.<\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">Por otro lado, si tenemos en cuenta que cualquiera se etiqueta a s\u00ed mismo como artista, tendremos que asumir que <strong>todav\u00eda queda mucho por conversar, desmitificar y sentido cr\u00edtico que inculcar para poder vaciar de prejuicios todo eso que responde al ep\u00edgrafe de \u00abactividades art\u00edsticas\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p class=\"q\" style=\"text-align: left\">Pero de eso hablaremos otro d\u00eda.<\/p>\n<p><span class=\"b\"> <span class=\"d\" title=\"Usado, usada, usados o usadas tambi\u00e9n en sentido ir\u00f3nico\"><br \/>\n<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Silvia Pato @Silvia P3 El don no existe. No existe tal y como lo entiende la gente; no existe tal y como se nos ense\u00f1a desde ni\u00f1os. Seguramente esa sea la maldici\u00f3n y el prejuicio art\u00edstico m\u00e1s alimentado por todos. Tal es as\u00ed que expresar esa aseveraci\u00f3n conlleva a provocar un debate inevitable, aunque siempre interesante, sobre aquellas ideas difundidas en nuestra sociedad que se han convertido en una especie de convencionalismo irrefutable. Las definiciones de la Real Academia Espa\u00f1ola son una ayuda imprescindible en estos casos. As\u00ed, en el avance de su vig\u00e9sima tercera edici\u00f3n podemos leer las siguientes acepciones: don1. (Del lat. donum). 1. m. D\u00e1diva, presente o regalo. 2. m. Bien natural o sobrenatural que tiene el cristiano, respecto a Dios, de quien lo recibe. 3. m. Gracia especial o habilidad para hacer algo. U. t. en sent. ir\u00f3n. Cuando uno las lee, la reflexi\u00f3n es inevitable. Si tenemos en cuenta que un regalo lo recibimos de alguien, y reparamos en el hecho de que se considera un bien sobrenatural adquirido, podr\u00edamos reafirmar nuestra opini\u00f3n, pues parece que la RAE nos da la raz\u00f3n: el don no existe. Aunque si hay algo bien curioso en esa entrada del diccionario es la tercera acepci\u00f3n. F\u00edjense en la coletilla: util\u00edcese en sentido ir\u00f3nico. Lo dicho, el don, tal y como lo conocemos, no existe. \u00bfAcaso acudi\u00f3 un hada madrina a la cabecera de nuestras cunas a concedernos la gracia de las letras, la composici\u00f3n, la pintura, o cualquier forma de expresi\u00f3n art\u00edstica como si pudiera haberse imbuido en nuestras mentes por ciencia infusa? \u00bfAcaso infravaloramos tanto las experiencias, el aprendizaje y el esfuerzo que cada d\u00eda realizamos para ir mejorando en todas las facetas de la vida? \u00bfAcaso valorando todo ello, siendo conscientes de que somos la suma de nuestras vivencias, de nuestros gustos, de nuestras inquietudes, de nuestra capacidad intelectual, de nuestra curiosidad y nuestra constancia, no estimar\u00edamos m\u00e1s la madurez de nuestros artistas y la sabidur\u00eda de nuestros abuelos? Podemos hablar de talento, de alguna destreza o facilidad de la mente hacia una u otra materia, de una imaginaci\u00f3n m\u00e1s o menos desarrollada, pero no podemos obviar que eso no es suficiente, porque siempre, siempre, es necesario todo lo dem\u00e1s. El secreto de cualquier actividad reposa en el trabajo y la perseverancia, salpimentada con la humildad necesaria para aprender de los errores y asumir los fracasos; inspirarse en aquellos que sabemos mejores que nosotros; y sentir que todav\u00eda no hemos logrado nuestra mejor obra, porque la intensa necesidad de recorrer el camino, del eterno aprendizaje, de la imprescindible emoci\u00f3n de maravillarnos, sin complejos, sin competencias y sin comparativas es mayor que todas las etiquetas que el mundo nos impone. Vivimos \u00fanicamente buscando superar nuestros propios l\u00edmites, siempre un poco m\u00e1s all\u00e1, en un eterno viaje hacia \u00cdtaca. Resulta f\u00e1cil, o tal vez sea un vano consuelo, esa tendencia a pensar que cualquier artista, se encuadre en la disciplina que se encuadre, nace con una facultad sobrenatural que le permite alcanzar con facilidad y sin esfuerzo la excelencia en su trabajo, como si en el momento de su nacimiento se le hubiera otorgado el don divino de la m\u00fasica, la escritura, el dibujo, la escultura o las lenguas. Y a\u00fan reconociendo que ciertos rasgos de la personalidad cuentan, como la inquietud, la expresividad o la curiosidad, no podemos alimentar la idea de que se nace con una especie de superpoder por el cual, sin haber sido antes un gran lector, un gran oyente o un excelente observador, se pueda escribir, componer o pintar de forma exquisita. Aquellos que no aceptan sus propios rasgos de personalidad, o las limitaciones que cada uno de nosotros tiene en determinadas actividades, puesto que, al fin y al cabo, somos un c\u00famulo de circunstancias, prefieren agarrarse a esa idea del don y de las musas. Adem\u00e1s de ello, muchos de los que se dedican a alguna actividad art\u00edstica, cuando no a varias, vencidos por su propio ego, colaboran en fomentar esa idea para ver acrecentada su unicidad o para sentirse especiales o superiores al resto. Lo cual no deja de ser una estupidez. Nadie es superior a nadie. Por fortuna, todos somos distintos y \u00fanicos. As\u00ed que algunos, por el contrario, creemos que esa actitud, que no deja de ser reflejo de un gran problema de autoestima, infravalora lo que s\u00ed es verdaderamente importante para todos: el trabajo, el esfuerzo, la capacidad de superaci\u00f3n, la humildad de la equivocaci\u00f3n y la constancia de todo aquel que crea, divulga y expone, sin darse por vencido, sin prisas, movido no por la necesidad de demostrarle nada a nadie, sino por la necesidad de expresarse, de compartir, de sentir. Quienes as\u00ed pensamos, continuamos aprendiendo. Antes que escritores, somos lectores; antes que compositores, somos oyentes; antes que cineastas, somos espectadores; antes que fot\u00f3grafos, dibujantes o pintores, somos observadores embelesados del mundo. Todo eso nos conduce por el eterno camino del aprendizaje, guiados por una fuerza interior que no deja de hacer preguntas, que no cesa en su b\u00fasqueda de respuestas. Creer en el don tal y como nos ense\u00f1an infravalora el trabajo y las verdaderas aptitudes de creadores y divulgadores, como si al suponer que su labor, al ser realizada sin esfuerzo alguno, viera restado por completo su valor; como si parte del mundo no sintiera herida su vanidad al albergar la creencia de que las cualidades de esas personas son una facultad divina. Por otro lado, si tenemos en cuenta que cualquiera se etiqueta a s\u00ed mismo como artista, tendremos que asumir que todav\u00eda queda mucho por conversar, desmitificar y sentido cr\u00edtico que inculcar para poder vaciar de prejuicios todo eso que responde al ep\u00edgrafe de \u00abactividades art\u00edsticas\u00bb. 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