{"id":228,"date":"2015-11-29T20:47:06","date_gmt":"2015-11-29T20:47:06","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/?p=228"},"modified":"2015-11-29T20:47:06","modified_gmt":"2015-11-29T20:47:06","slug":"elogio-de-la-lentitud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2015\/11\/29\/elogio-de-la-lentitud\/","title":{"rendered":"Elogio de la lentitud"},"content":{"rendered":"<p>Por <a href=\"https:\/\/twitter.com\/SilviaP3\" target=\"_blank\">@SilviaP3<\/a><\/p>\n<p>Tiempo, siempre el tiempo. Se cuela en las conversaciones, se convierte en la excusa para no escribir correctamente un mensaje, se utiliza para la exaltaci\u00f3n de las virtudes de las \u00faltimas tecnolog\u00edas, se valora conforme la velocidad de nuestros veh\u00edculos y se convierte en las cadenas que atan nuestras mu\u00f1ecas.<\/p>\n<p>El ritmo fren\u00e9tico en el que vivimos contribuye a que su menci\u00f3n sea constante, a que su escasez sea enervante, a que su valor sea enga\u00f1osamente frivolizado; porque, a la hora de la verdad, el tiempo que ahorramos te\u00f3ricamente con esos mensajes, con esos r\u00e1pidos desplazamientos, con ese recordatorio constante de la hora en nuestras pantallas, es invertido en m\u00e1s carreras, m\u00e1s mensajes, m\u00e1s compras, m\u00e1s trabajo y m\u00e1s competitividad.<\/p>\n<p><strong>Algunos no recuerdan cu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que caminaron por la calle sin prisa, sosegados, observando los p\u00e1jaros<\/strong>, sorprendiendo la charla amena de dos transe\u00fantes ancianos, siguiendo con la vista al ni\u00f1o que se tira de un tobog\u00e1n, percat\u00e1ndose de que han cambiado las petunias por azaleas en los jardines de la ciudad.<\/p>\n<p>El tel\u00e9fono m\u00f3vil se ha convertido en una extensi\u00f3n de nuestros cuerpos, azuzando la velocidad de nuestro ritmo de vida; un ritmo de vida en el que, con demasiada frecuencia, las v\u00edctimas son nuestros corazones.<\/p>\n<p>Todo es fugaz. Todo tiene que ser inmediato. Solo es v\u00e1lido lo nuevo, lo joven, lo reci\u00e9n descubierto. Poco dura sin embargo esa sensaci\u00f3n. En seguida, la atenci\u00f3n es captada por otra cosa, por otro asunto, por otra tarea, corriendo el riesgo de convertirnos en esclavos de la velocidad y el miedo.<\/p>\n<div id=\"attachment_229\" style=\"width: 286px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/pixabay.com\/en\/clock-clock-hands-time-old-antique-384646\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-229\" class=\"wp-image-229 size-full\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/11\/images.jpg\" alt=\"images\" width=\"276\" height=\"183\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-229\" class=\"wp-caption-text\">FUENTE: Pixabay<\/p><\/div>\n<p>Como resultado, m\u00e1s all\u00e1 de las cardiopat\u00edas o de los problemas de ansiedad, <strong>las tomas de decisiones, que nuestro cerebro demanda que sean pausadas y reflexivas, adoptan el ritmo de vida que llevamos, y se vuelven impulsivas, aceleradas, precipitadas, como si las personas estuvieran conduciendo sus vidas a golpe de rat\u00f3n, de pesta\u00f1a en pesta\u00f1a, de hiperv\u00ednculo en hiperv\u00ednculo<\/strong>, perdidas en la espiral fren\u00e9tica de sus rutinas.<\/p>\n<p><strong>El tiempo, sin embargo, lo sabe. Somos finitos.<\/strong> No existe tiempo para todo. Dosificar, priorizar, desconectar y detenerse de cuando en vez, nunca ha sido tan importante como ahora, en una \u00e9poca en la que todo demanda nuestra atenci\u00f3n, en la que las barreras entre el ocio, el trabajo y la intimidad se han venido abajo por avatares y perfiles.<\/p>\n<p><strong>El tiempo, sin embargo, lo sabe. Hay cosas que requieren lentitud<\/strong>: saborear una buena comida, disfrutar de una apacible conversaci\u00f3n, gozar de un soleado paseo, fundirse en un abrazo de los que detienen las manecillas del reloj\u2026<\/p>\n<div id=\"attachment_231\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/pixabay.com\/en\/departure-clock-time-schedule-hour-542550\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-231\" class=\"wp-image-231 size-medium\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/11\/departure-542550_640-300x200.jpg\" alt=\"departure-542550_640\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/11\/departure-542550_640-300x200.jpg 300w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/11\/departure-542550_640.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-231\" class=\"wp-caption-text\">FUENTE: Pixabay<\/p><\/div>\n<p>La naturaleza, que es sabia, conoce que las prisas nunca son buenas consejeras y que el apresuramiento suele ser padre de los fracasos, sabedora de que <strong>siempre hay que sembrar antes de recoger la cosecha.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Nuestra mente requiere tiempo para los placeres m\u00e1s sencillos de la vida y para los sentimientos m\u00e1s importantes del alma, cumpli\u00e9ndose la paradoja de que el mayor de nuestros dones es el que m\u00e1s desperdiciamos<\/strong>, pensando que siempre dispondremos de \u00e9l, creyendo que el futuro nos pertenece.<\/p>\n<p>Con el paso de los a\u00f1os, <strong>la experiencia ense\u00f1a que el \u00fanico momento que realmente poseemos es ahora, y <\/strong><strong>quien sea consciente de ello, dif\u00edcilmente podr\u00e1 desperdiciar la materia de la que est\u00e1 hecha la vida.<\/strong><\/p>\n<p><em>Art\u00edculo publicado el 26 de marzo de 2014 en el diario digital El Cotidiano.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por @SilviaP3 Tiempo, siempre el tiempo. Se cuela en las conversaciones, se convierte en la excusa para no escribir correctamente un mensaje, se utiliza para la exaltaci\u00f3n de las virtudes de las \u00faltimas tecnolog\u00edas, se valora conforme la velocidad de nuestros veh\u00edculos y se convierte en las cadenas que atan nuestras mu\u00f1ecas. El ritmo fren\u00e9tico en el que vivimos contribuye a que su menci\u00f3n sea constante, a que su escasez sea enervante, a que su valor sea enga\u00f1osamente frivolizado; porque, a la hora de la verdad, el tiempo que ahorramos te\u00f3ricamente con esos mensajes, con esos r\u00e1pidos desplazamientos, con ese recordatorio constante de la hora en nuestras pantallas, es invertido en m\u00e1s carreras, m\u00e1s mensajes, m\u00e1s compras, m\u00e1s trabajo y m\u00e1s competitividad. Algunos no recuerdan cu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que caminaron por la calle sin prisa, sosegados, observando los p\u00e1jaros, sorprendiendo la charla amena de dos transe\u00fantes ancianos, siguiendo con la vista al ni\u00f1o que se tira de un tobog\u00e1n, percat\u00e1ndose de que han cambiado las petunias por azaleas en los jardines de la ciudad. El tel\u00e9fono m\u00f3vil se ha convertido en una extensi\u00f3n de nuestros cuerpos, azuzando la velocidad de nuestro ritmo de vida; un ritmo de vida en el que, con demasiada frecuencia, las v\u00edctimas son nuestros corazones. Todo es fugaz. Todo tiene que ser inmediato. Solo es v\u00e1lido lo nuevo, lo joven, lo reci\u00e9n descubierto. Poco dura sin embargo esa sensaci\u00f3n. En seguida, la atenci\u00f3n es captada por otra cosa, por otro asunto, por otra tarea, corriendo el riesgo de convertirnos en esclavos de la velocidad y el miedo. Como resultado, m\u00e1s all\u00e1 de las cardiopat\u00edas o de los problemas de ansiedad, las tomas de decisiones, que nuestro cerebro demanda que sean pausadas y reflexivas, adoptan el ritmo de vida que llevamos, y se vuelven impulsivas, aceleradas, precipitadas, como si las personas estuvieran conduciendo sus vidas a golpe de rat\u00f3n, de pesta\u00f1a en pesta\u00f1a, de hiperv\u00ednculo en hiperv\u00ednculo, perdidas en la espiral fren\u00e9tica de sus rutinas. El tiempo, sin embargo, lo sabe. Somos finitos. No existe tiempo para todo. Dosificar, priorizar, desconectar y detenerse de cuando en vez, nunca ha sido tan importante como ahora, en una \u00e9poca en la que todo demanda nuestra atenci\u00f3n, en la que las barreras entre el ocio, el trabajo y la intimidad se han venido abajo por avatares y perfiles. El tiempo, sin embargo, lo sabe. Hay cosas que requieren lentitud: saborear una buena comida, disfrutar de una apacible conversaci\u00f3n, gozar de un soleado paseo, fundirse en un abrazo de los que detienen las manecillas del reloj\u2026 La naturaleza, que es sabia, conoce que las prisas nunca son buenas consejeras y que el apresuramiento suele ser padre de los fracasos, sabedora de que siempre hay que sembrar antes de recoger la cosecha. Nuestra mente requiere tiempo para los placeres m\u00e1s sencillos de la vida y para los sentimientos m\u00e1s importantes del alma, cumpli\u00e9ndose la paradoja de que el mayor de nuestros dones es el que m\u00e1s desperdiciamos, pensando que siempre dispondremos de \u00e9l, creyendo que el futuro nos pertenece. Con el paso de los a\u00f1os, la experiencia ense\u00f1a que el \u00fanico momento que realmente poseemos es ahora, y quien sea consciente de ello, dif\u00edcilmente podr\u00e1 desperdiciar la materia de la que est\u00e1 hecha la vida. Art\u00edculo publicado el 26 de marzo de 2014 en el diario digital El Cotidiano.<\/p>\n","protected":false},"author":69,"featured_media":231,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[5,21],"tags":[16],"class_list":["post-228","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-divagaciones","category-reflexiones-en-la-era-tecnologica","tag-reflexion"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/11\/departure-542550_640.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5XwHR-3G","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/228","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/69"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=228"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/228\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":232,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/228\/revisions\/232"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/media\/231"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=228"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=228"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=228"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}