{"id":133,"date":"2015-08-18T09:43:00","date_gmt":"2015-08-18T09:43:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/?p=133"},"modified":"2015-08-15T17:40:28","modified_gmt":"2015-08-15T17:40:28","slug":"el-otro-lado-del-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2015\/08\/18\/el-otro-lado-del-silencio\/","title":{"rendered":"El otro lado del silencio"},"content":{"rendered":"<p>El silencio es un tesoro cada vez m\u00e1s dif\u00edcil de disfrutar cuando estamos acompa\u00f1ados, aislados en medio del ruido, olvidando lo maravilloso que puede llegar a ser; pero no siempre es as\u00ed.<\/p>\n<p>Existen dos tipos de silencio. El primero de ellos es aquel luminoso y placentero, un silencio compartido; el segundo es, sin embargo, oscuro y frustrante, simplemente, da\u00f1ino.<\/p>\n<p>El silencio compartido se produce entre dos personas que, sin decirse nada, ya pueden decirse todo. Se comprenden, se comunican con una mirada y viven instantes de complicidad cuando se encuentran a solas o cuando, en el medio de la gente, se buscan y se miran, y sin mediar palabra, perciben la conexi\u00f3n con el otro; o ese silencio tan hermoso que se produce entre dos almas que, a pesar de querer decirse todo, todav\u00eda no han osado a decirse nada, ninguna dispuesta a dar el primer paso.<\/p>\n<p>Ese es el silencio que se exalta en las frases, sobre el que escriben los poetas y el que se menciona al hablar del amor o de la amistad; un silencio al que s\u00f3lo se llega a trav\u00e9s del v\u00ednculo de las confidencias anteriores, de las vivencias comunes y del tiempo.<\/p>\n<p>Pero el otro silencio es m\u00e1s inquietante. Duele. Todos lo hemos padecido. Se produce en esas ocasiones en que uno habla y el otro opta por callar. Da igual cu\u00e1ntas veces se insista, porque el interlocutor ha decidido guardar silencio, ha concluido sin m\u00e1s que no mereces o\u00edrle o pone fin a una conversaci\u00f3n sin siquiera decir que lo ha hecho. Puede ser en un di\u00e1logo cotidiano o una conversaci\u00f3n importante, pero ese silencio nunca es agradable.<\/p>\n<div id=\"attachment_137\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/pixabay.com\/en\/board-questions-who-what-how-why-776688\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-137\" class=\"wp-image-137 size-medium\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/08\/board-776688_640-300x200.jpg\" alt=\"board-776688_640\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/08\/board-776688_640-300x200.jpg 300w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/08\/board-776688_640.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-137\" class=\"wp-caption-text\">FUENTE: Pixabay<\/p><\/div>\n<p>Mientras en el silencio c\u00f3mplice nadie habla, pues ninguno ha iniciado una conversaci\u00f3n, en este otro lado del silencio, el acto de comunicaci\u00f3n se ha iniciado, pero el hablante siente la frustraci\u00f3n de no obtener respuesta alguna.<\/p>\n<p><strong>Quien opta por callar ni siquiera comprende el dolor que causa.<\/strong> Quien opta por no despegar los labios ni siquiera imagina el dolor que provoca en los o\u00eddos de aquel que espera una respuesta, lo menospreciado que puede llegar a sentirse o la poca importancia que se le concede.<\/p>\n<p><strong>Quien opta por callar escoge no implicarse.<\/strong> Al fin y al cabo, somos esclavos de nuestras palabras, nos comprometen y todos somos conscientes de que en el futuro podr\u00e1n record\u00e1rnoslas.<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil lidiar con ese silencio que todos sufrimos en distintos momentos y \u00e1mbitos de nuestra vida. Seguramente, lo menos da\u00f1ino sea guardar las distancias con esas personas que apenas se asoman a sus propios ojos, al menos, mientras no se arriesguen. <strong>Hace m\u00e1s da\u00f1o una palabra no dicha que una verdad declarada.<\/strong> Aquella da lugar al eterno tormento de las suposiciones; esta, en cambio, concede una realidad que afrontar y una decepci\u00f3n que asumir. Cr\u00e9anme, es menos cruel. M\u00e1s r\u00e1pido.<\/p>\n<p>Curiosamente, <strong>los que se refugian tras el silencio,<\/strong> los que se escudan en esa actitud, a menudo, cobarde, frente a quien osa ir de frente y preguntar, <strong>terminan<\/strong> acusando a este \u00faltimo de no comprenderle, <strong>exigiendo dotes de adivinaci\u00f3n y tomando decisiones en base a c\u00f3mo creen que responder\u00eda la otra persona si ellos optaran por decir las cosas en voz alta en vez de permanecer en silencio.<\/strong> En definitiva, responden por ti, y terminan siendo tan injustos para con los dem\u00e1s como para s\u00ed mismos, porque, por si todo eso no fuera suficiente, quien empieza a responder por los otros sin preguntarles, lo acaba convirtiendo en un h\u00e1bito.<\/p>\n<p><strong>No somos adivinos.<\/strong> No se puede pretender que una persona act\u00fae de forma determinada cuando ni siquiera conoce las circunstancias que deber\u00edan condicionarla. No podemos exigirles a los dem\u00e1s que hagan lo que no hemos tenido la responsabilidad de hacer por nosotros mismos. Para bien y para mal, no se sabr\u00e1 nunca lo que nunca digamos.<\/p>\n<p>Supongo que, siendo consciente de todo eso, uno siempre procura responder, en mayor o menor medida, dependiendo del grado de confianza que el interlocutor se haya ganado, a esos di\u00e1logos que mantenemos cada d\u00eda en nuestra relaci\u00f3n con las personas que nos rodean; pues responder implica tener en valor al resto del mundo. <strong>Nunca sabremos si nuestro silencio cae como una tromba en el peque\u00f1o universo de alguien.<\/strong><\/p>\n<p>No podemos pretender ser comprendidos cuando ni siquiera nos hemos explicado.<\/p>\n<p>Como resultado, es imposible relacionarse de verdad con las personas si ni siquiera nos mostramos. Y para aquellos que no lo aprecien una vez lo hayamos hecho, es probable que ni siquiera tengan nuestro silencio, porque, seguramente, ya no se merecer\u00e1n nuestro trato.<\/p>\n<p>As\u00ed que, cuando no obtengan respuestas, cuando esas contestaciones no lleguen nunca o si, cuando lo hacen, se refieren a cosas que ni siquiera han preguntado, en vez de responder a aquello que s\u00ed deseaban saber, recuerden que ustedes no tienen el problema. El problema es del otro. El problema es de quien act\u00faa as\u00ed. Bastante energ\u00eda han gastado ya intentando entender a quien ni siquiera se entiende a s\u00ed mismo. Suya es la decisi\u00f3n de abrir las ventanas, de tenerlas entreabiertas o de cerrarlas para siempre. Y recuerden, <strong>nunca exijan m\u00e1s de lo que est\u00e9n dispuestos a dar, pero jam\u00e1s se conformen con menos.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El silencio es un tesoro cada vez m\u00e1s dif\u00edcil de disfrutar cuando estamos acompa\u00f1ados, aislados en medio del ruido, olvidando lo maravilloso que puede llegar a ser; pero no siempre es as\u00ed. Existen dos tipos de silencio. El primero de ellos es aquel luminoso y placentero, un silencio compartido; el segundo es, sin embargo, oscuro y frustrante, simplemente, da\u00f1ino. El silencio compartido se produce entre dos personas que, sin decirse nada, ya pueden decirse todo. Se comprenden, se comunican con una mirada y viven instantes de complicidad cuando se encuentran a solas o cuando, en el medio de la gente, se buscan y se miran, y sin mediar palabra, perciben la conexi\u00f3n con el otro; o ese silencio tan hermoso que se produce entre dos almas que, a pesar de querer decirse todo, todav\u00eda no han osado a decirse nada, ninguna dispuesta a dar el primer paso. Ese es el silencio que se exalta en las frases, sobre el que escriben los poetas y el que se menciona al hablar del amor o de la amistad; un silencio al que s\u00f3lo se llega a trav\u00e9s del v\u00ednculo de las confidencias anteriores, de las vivencias comunes y del tiempo. Pero el otro silencio es m\u00e1s inquietante. Duele. Todos lo hemos padecido. Se produce en esas ocasiones en que uno habla y el otro opta por callar. Da igual cu\u00e1ntas veces se insista, porque el interlocutor ha decidido guardar silencio, ha concluido sin m\u00e1s que no mereces o\u00edrle o pone fin a una conversaci\u00f3n sin siquiera decir que lo ha hecho. Puede ser en un di\u00e1logo cotidiano o una conversaci\u00f3n importante, pero ese silencio nunca es agradable. Mientras en el silencio c\u00f3mplice nadie habla, pues ninguno ha iniciado una conversaci\u00f3n, en este otro lado del silencio, el acto de comunicaci\u00f3n se ha iniciado, pero el hablante siente la frustraci\u00f3n de no obtener respuesta alguna. Quien opta por callar ni siquiera comprende el dolor que causa. Quien opta por no despegar los labios ni siquiera imagina el dolor que provoca en los o\u00eddos de aquel que espera una respuesta, lo menospreciado que puede llegar a sentirse o la poca importancia que se le concede. Quien opta por callar escoge no implicarse. Al fin y al cabo, somos esclavos de nuestras palabras, nos comprometen y todos somos conscientes de que en el futuro podr\u00e1n record\u00e1rnoslas. No es f\u00e1cil lidiar con ese silencio que todos sufrimos en distintos momentos y \u00e1mbitos de nuestra vida. Seguramente, lo menos da\u00f1ino sea guardar las distancias con esas personas que apenas se asoman a sus propios ojos, al menos, mientras no se arriesguen. Hace m\u00e1s da\u00f1o una palabra no dicha que una verdad declarada. Aquella da lugar al eterno tormento de las suposiciones; esta, en cambio, concede una realidad que afrontar y una decepci\u00f3n que asumir. Cr\u00e9anme, es menos cruel. M\u00e1s r\u00e1pido. Curiosamente, los que se refugian tras el silencio, los que se escudan en esa actitud, a menudo, cobarde, frente a quien osa ir de frente y preguntar, terminan acusando a este \u00faltimo de no comprenderle, exigiendo dotes de adivinaci\u00f3n y tomando decisiones en base a c\u00f3mo creen que responder\u00eda la otra persona si ellos optaran por decir las cosas en voz alta en vez de permanecer en silencio. En definitiva, responden por ti, y terminan siendo tan injustos para con los dem\u00e1s como para s\u00ed mismos, porque, por si todo eso no fuera suficiente, quien empieza a responder por los otros sin preguntarles, lo acaba convirtiendo en un h\u00e1bito. No somos adivinos. No se puede pretender que una persona act\u00fae de forma determinada cuando ni siquiera conoce las circunstancias que deber\u00edan condicionarla. No podemos exigirles a los dem\u00e1s que hagan lo que no hemos tenido la responsabilidad de hacer por nosotros mismos. Para bien y para mal, no se sabr\u00e1 nunca lo que nunca digamos. Supongo que, siendo consciente de todo eso, uno siempre procura responder, en mayor o menor medida, dependiendo del grado de confianza que el interlocutor se haya ganado, a esos di\u00e1logos que mantenemos cada d\u00eda en nuestra relaci\u00f3n con las personas que nos rodean; pues responder implica tener en valor al resto del mundo. Nunca sabremos si nuestro silencio cae como una tromba en el peque\u00f1o universo de alguien. No podemos pretender ser comprendidos cuando ni siquiera nos hemos explicado. Como resultado, es imposible relacionarse de verdad con las personas si ni siquiera nos mostramos. Y para aquellos que no lo aprecien una vez lo hayamos hecho, es probable que ni siquiera tengan nuestro silencio, porque, seguramente, ya no se merecer\u00e1n nuestro trato. As\u00ed que, cuando no obtengan respuestas, cuando esas contestaciones no lleguen nunca o si, cuando lo hacen, se refieren a cosas que ni siquiera han preguntado, en vez de responder a aquello que s\u00ed deseaban saber, recuerden que ustedes no tienen el problema. El problema es del otro. El problema es de quien act\u00faa as\u00ed. Bastante energ\u00eda han gastado ya intentando entender a quien ni siquiera se entiende a s\u00ed mismo. Suya es la decisi\u00f3n de abrir las ventanas, de tenerlas entreabiertas o de cerrarlas para siempre. 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