{"id":120,"date":"2015-08-09T10:44:49","date_gmt":"2015-08-09T10:44:49","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/?p=120"},"modified":"2015-08-09T10:50:01","modified_gmt":"2015-08-09T10:50:01","slug":"a-vueltas-con-la-felicidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/2015\/08\/09\/a-vueltas-con-la-felicidad\/","title":{"rendered":"A vueltas con la felicidad"},"content":{"rendered":"<p>Por<a href=\"https:\/\/twitter.com\/silviap3\"> @SilviaP3<\/a><\/p>\n<p><strong>Cada d\u00eda es lo mismo.<\/strong> Navegas en internet y te tropiezas la misma palabra, una y otra vez, en cada red social; en cada cartel con aforismos m\u00e1s o menos acertados; en cada art\u00edculo de <em>coaching<\/em>, esa moda m\u00e1s de<em> marketing<\/em> que psicol\u00f3gica. Enciendes el televisor y ah\u00ed est\u00e1n los anuncios, haciendo llamadas a la felicidad; vendiendo a trav\u00e9s de objetos la promesa de conseguirla; escuchando los comentarios de los adalides de las nuevas tendencias; culpando de su situaci\u00f3n a aquellos que, en determinado momento, se sienten tristes o dolidos o abatidos por el mundo, como si esos instantes no fueran necesarios para retomar fuerzas, como si uno tuviera que sentirse culpable por no alcanzar los par\u00e1metros imposibles que una sociedad le impone, por estar vivo.<\/p>\n<p><strong>Nunca jam\u00e1s la palabra \u00abfelicidad\u00bb fue tan vilipendiada como ahora.<\/strong> Nunca fue tan menospreciada, tan infravalorada. Se utiliza de tal forma que pocos comprenden su significado. La parte filos\u00f3fica de la misma se ha perdido en aras del hedonismo, del individualismo y de un ego\u00edsmo que alimenta el propio estado de las cosas que, a\u00fan encima, todos esos que la explotan dicen pretender destruir.<\/p>\n<div id=\"attachment_125\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/pixabay.com\/en\/happiness-happy-smile-smiling-glad-725847\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-125\" class=\"wp-image-125 size-medium\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/08\/happiness-725847_640-300x210.jpg\" alt=\"happiness-725847_640\" width=\"300\" height=\"210\" srcset=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/08\/happiness-725847_640-300x210.jpg 300w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/librosdefondo\/files\/2015\/08\/happiness-725847_640.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-125\" class=\"wp-caption-text\">FUENTE: Pixabay<\/p><\/div>\n<p><strong>La felicidad se ha pervertido e infantilizado.<\/strong> Un adulto satisfecho con su vida, seguramente, le recordar\u00e1 que la felicidad completa no existe. Un ser equilibrado, generoso y emp\u00e1tico que est\u00e1 en el mundo viviendo plenamente, que se entrega a los suyos desinteresadamente y que se come a bocados la vida, le dir\u00e1 que la felicidad completa no existe porque valorar\u00e1 realmente los instantes felices, esos que s\u00ed se cruzan en nuestro camino, esos que s\u00ed podemos disfrutar al cien por cien, compartir con los nuestros y regalar a los otros.<\/p>\n<p><strong>Seguramente, venda m\u00e1s el uso de la palabra \u00abfelicidad\u00bb en este mundo que,<\/strong> en ocasiones, asemeja adolescente, que el de <strong>otras expresiones m\u00e1s realistas, m\u00e1s sinceras, y no por ello de menor valor, como el bienestar interior, la armon\u00eda, el equilibrio&#8230;<\/strong> Pero estos \u00faltimos t\u00e9rminos no est\u00e1n relacionados con lo que uno posee o con lo que los otros ven. No tienen nada que ver con la escala de valores de la sociedad que uno habita, sino que dependen de nuestra conciencia, de nuestras decisiones, de la capacidad de sentirnos orgullosos de nosotros mismos y de poder mirarnos al espejo sin avergonzarnos de qui\u00e9nes somos. Aunque haya gente que precisamente para no afrontar eso, se agarre a todo lo sensorial, evitando as\u00ed mirar hacia adentro.<\/p>\n<p>Los publicistas no te van a decir que, si te encuentras satisfecho con tu vida, vas a ser igual de feliz con una colonia que con un perfume caro; no te van a decir que si eres honesto, seguro y encantador, vas a resultar tanto o m\u00e1s atractivo que si tienes una berlina de lujo; no te van a decir que si te encuentras mal y aborreces tu vida, poco importa que te vayas de viaje a las Seychelles, porque tus frustraciones viajar\u00e1n contigo, o que cuando regreses, los problemas seguir\u00e1n esper\u00e1ndote en tu residencia.<\/p>\n<p><strong>La publicidad es lo que es. Siempre ha sido as\u00ed, y seguramente sea fiel reflejo del estado de la sociedad en la que nos encontramos<\/strong>. Los publicistas no tienen la culpa. Las personas que compran esas historias s\u00ed que act\u00faan como c\u00f3mplices de las mismas. Y es muy f\u00e1cil que cualquiera de nosotros caiga presa de ese embrujo visual cuando est\u00e1 mal o d\u00e9bil psicol\u00f3gicamente, o que un d\u00eda, baje la guardia y en su subconsciente se almacenen una serie de mensajes subliminales que, de otra forma, dificilmente, hubiera tenido.<\/p>\n<p>En este lugar en el que todo se compra y se vende, pretenden hacernos creer que tambi\u00e9n podemos adquirir sentimientos con dinero, pero no es verdad. Hay cosas que no tienen precio. Hay cosas que no pueden forzarse. Puede comprarse la ilusi\u00f3n de tenerlas, pero no deja de ser pura ficci\u00f3n. Hay personas que pagan por amor, por deseo o por amistad, pero son emociones falsas; pagan porque el entorno finja lo que no osan conseguir de otra forma, lo que no es camino f\u00e1cil, lo que llega despu\u00e9s de tiempo, sinceridad y esfuerzo; y lo peor es que, si tienen la suerte de que lo real se cruce en su camino, tal vez, tan acostumbrados est\u00e9n a ese otro juego, que se aterroricen de lo que sienten y no tengan el valor de emprender esa nueva senda, seguramente, lo que emprendan es la huida.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo es internet, no s\u00f3lo es la televisi\u00f3n. Es frecuente estar en una charla cualquiera y escuchar<strong> esa manida frase que ha corrido como la p\u00f3lvora en los \u00faltimos a\u00f1os: <em>\u00a1Hay que ser feliz!<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Ser feliz. No te hablan de \u00absentirse felices\u00bb o \u00abestar bien\u00bb,\u00a0 ni siquiera suelen decir \u00abestar felices\u00bb, te hablan de \u00abser\u00bb. Cualquiera dir\u00eda que es un imperativo, una obligaci\u00f3n, o que pretenden alargar en el tiempo un estado imposible de mantener en una vida en constante cambio, en el que todo son ciclos que comienzan y acaban, en el que las l\u00e1grimas son inseparables de las risas, en el que la vida es la otra cara de la muerte, en el que <strong>el dolor posterior es el precio que hay que pagar por la dicha.<\/strong><\/p>\n<p>Y <strong>lo peor de todo es cuando la utilizaci\u00f3n de esa frase se realiza para justificar la ley del m\u00ednimo esfuerzo<\/strong>. Cuando una situaci\u00f3n, ya sea personal, laboral o familiar, no les hace felices, la abandonan a la primera de cambio. No existe la lucha, la motivaci\u00f3n de intentar mejorarla antes de renunciar; no existe la lealtad hacia los otros, la oportunidad de ser consciente de un problema para solventarlo y convertir esa situaci\u00f3n, precisamente, en una ocasi\u00f3n propicia. Quien tira la toalla en el minuto uno, en cualquier situaci\u00f3n de su vida, s\u00f3lo se encuentra motivado por un egocentrismo que se retroalimenta.<\/p>\n<p>Lo que no saben aquellos que as\u00ed act\u00faan es que los que, por el contrario, s\u00f3lo abandonan cuando son conscientes de que no hay nada que hacer, pueden seguir su vida sinti\u00e9ndose satisfechos, sabiendo que van a seguir gozando de instantes de felicidad plena; porque los que a la m\u00ednima se dejan guiar por esa autocomplacencia de una felicidad manida, enga\u00f1osa y torticera, acumulan a lo largo de su existencia tales dosis de frustraci\u00f3n, al ser conscientes de que no han hecho todo lo que pod\u00edan y que han renunciado por oropeles e instantes ef\u00edmeros de placer a tantas cosas, que terminan conden\u00e1ndose ellos mismos a vivir siempre atormentados, pregunt\u00e1ndose qu\u00e9 habr\u00eda pasado. Vivir con los interrogantes provocados por ser consciente de que se ha sido cobarde conduce, para soportarlo, a negarse a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>As\u00ed que, por favor, cuando hagan algo, cuando act\u00faen de forma da\u00f1ina, intencionadamente o no, para con los otros, asuman lo que est\u00e1n haciendo y c\u00f3mo lo est\u00e1n haciendo, y no perviertan la palabra felicidad para usarla como coartada de una actuaci\u00f3n que reconocen deplorable.<\/p>\n<p>Y aquellos otros que anhelan la felicidad como la soluci\u00f3n a todos sus males, miren hacia adentro; porque si ah\u00ed no existe serenidad, si a\u00fan no son capaces de pasar una tarde en silencio a solas con ustedes mismos, pensando que aquellos que se han ido y que nunca volver\u00e1n estar\u00edan orgullosos de ver en qu\u00e9 personas se han convertido; si todav\u00eda no han sido capaces de reconciliarse con su pasado ni de mirarse con cari\u00f1o a un espejo, olv\u00eddenlo. Sepan que no van encontrar la felicidad nunca, por m\u00e1s que cambien las circunstancias del exterior. Tal vez, es hora de asumir que est\u00e1n errando la senda; porque<strong>, aunque no lo veamos, siempre hay otro camino.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por @SilviaP3 Cada d\u00eda es lo mismo. Navegas en internet y te tropiezas la misma palabra, una y otra vez, en cada red social; en cada cartel con aforismos m\u00e1s o menos acertados; en cada art\u00edculo de coaching, esa moda m\u00e1s de marketing que psicol\u00f3gica. Enciendes el televisor y ah\u00ed est\u00e1n los anuncios, haciendo llamadas a la felicidad; vendiendo a trav\u00e9s de objetos la promesa de conseguirla; escuchando los comentarios de los adalides de las nuevas tendencias; culpando de su situaci\u00f3n a aquellos que, en determinado momento, se sienten tristes o dolidos o abatidos por el mundo, como si esos instantes no fueran necesarios para retomar fuerzas, como si uno tuviera que sentirse culpable por no alcanzar los par\u00e1metros imposibles que una sociedad le impone, por estar vivo. Nunca jam\u00e1s la palabra \u00abfelicidad\u00bb fue tan vilipendiada como ahora. Nunca fue tan menospreciada, tan infravalorada. Se utiliza de tal forma que pocos comprenden su significado. La parte filos\u00f3fica de la misma se ha perdido en aras del hedonismo, del individualismo y de un ego\u00edsmo que alimenta el propio estado de las cosas que, a\u00fan encima, todos esos que la explotan dicen pretender destruir. La felicidad se ha pervertido e infantilizado. Un adulto satisfecho con su vida, seguramente, le recordar\u00e1 que la felicidad completa no existe. Un ser equilibrado, generoso y emp\u00e1tico que est\u00e1 en el mundo viviendo plenamente, que se entrega a los suyos desinteresadamente y que se come a bocados la vida, le dir\u00e1 que la felicidad completa no existe porque valorar\u00e1 realmente los instantes felices, esos que s\u00ed se cruzan en nuestro camino, esos que s\u00ed podemos disfrutar al cien por cien, compartir con los nuestros y regalar a los otros. Seguramente, venda m\u00e1s el uso de la palabra \u00abfelicidad\u00bb en este mundo que, en ocasiones, asemeja adolescente, que el de otras expresiones m\u00e1s realistas, m\u00e1s sinceras, y no por ello de menor valor, como el bienestar interior, la armon\u00eda, el equilibrio&#8230; Pero estos \u00faltimos t\u00e9rminos no est\u00e1n relacionados con lo que uno posee o con lo que los otros ven. No tienen nada que ver con la escala de valores de la sociedad que uno habita, sino que dependen de nuestra conciencia, de nuestras decisiones, de la capacidad de sentirnos orgullosos de nosotros mismos y de poder mirarnos al espejo sin avergonzarnos de qui\u00e9nes somos. Aunque haya gente que precisamente para no afrontar eso, se agarre a todo lo sensorial, evitando as\u00ed mirar hacia adentro. Los publicistas no te van a decir que, si te encuentras satisfecho con tu vida, vas a ser igual de feliz con una colonia que con un perfume caro; no te van a decir que si eres honesto, seguro y encantador, vas a resultar tanto o m\u00e1s atractivo que si tienes una berlina de lujo; no te van a decir que si te encuentras mal y aborreces tu vida, poco importa que te vayas de viaje a las Seychelles, porque tus frustraciones viajar\u00e1n contigo, o que cuando regreses, los problemas seguir\u00e1n esper\u00e1ndote en tu residencia. La publicidad es lo que es. Siempre ha sido as\u00ed, y seguramente sea fiel reflejo del estado de la sociedad en la que nos encontramos. Los publicistas no tienen la culpa. Las personas que compran esas historias s\u00ed que act\u00faan como c\u00f3mplices de las mismas. Y es muy f\u00e1cil que cualquiera de nosotros caiga presa de ese embrujo visual cuando est\u00e1 mal o d\u00e9bil psicol\u00f3gicamente, o que un d\u00eda, baje la guardia y en su subconsciente se almacenen una serie de mensajes subliminales que, de otra forma, dificilmente, hubiera tenido. En este lugar en el que todo se compra y se vende, pretenden hacernos creer que tambi\u00e9n podemos adquirir sentimientos con dinero, pero no es verdad. Hay cosas que no tienen precio. Hay cosas que no pueden forzarse. Puede comprarse la ilusi\u00f3n de tenerlas, pero no deja de ser pura ficci\u00f3n. Hay personas que pagan por amor, por deseo o por amistad, pero son emociones falsas; pagan porque el entorno finja lo que no osan conseguir de otra forma, lo que no es camino f\u00e1cil, lo que llega despu\u00e9s de tiempo, sinceridad y esfuerzo; y lo peor es que, si tienen la suerte de que lo real se cruce en su camino, tal vez, tan acostumbrados est\u00e9n a ese otro juego, que se aterroricen de lo que sienten y no tengan el valor de emprender esa nueva senda, seguramente, lo que emprendan es la huida. Pero no s\u00f3lo es internet, no s\u00f3lo es la televisi\u00f3n. Es frecuente estar en una charla cualquiera y escuchar esa manida frase que ha corrido como la p\u00f3lvora en los \u00faltimos a\u00f1os: \u00a1Hay que ser feliz! Ser feliz. No te hablan de \u00absentirse felices\u00bb o \u00abestar bien\u00bb,\u00a0 ni siquiera suelen decir \u00abestar felices\u00bb, te hablan de \u00abser\u00bb. Cualquiera dir\u00eda que es un imperativo, una obligaci\u00f3n, o que pretenden alargar en el tiempo un estado imposible de mantener en una vida en constante cambio, en el que todo son ciclos que comienzan y acaban, en el que las l\u00e1grimas son inseparables de las risas, en el que la vida es la otra cara de la muerte, en el que el dolor posterior es el precio que hay que pagar por la dicha. Y lo peor de todo es cuando la utilizaci\u00f3n de esa frase se realiza para justificar la ley del m\u00ednimo esfuerzo. Cuando una situaci\u00f3n, ya sea personal, laboral o familiar, no les hace felices, la abandonan a la primera de cambio. No existe la lucha, la motivaci\u00f3n de intentar mejorarla antes de renunciar; no existe la lealtad hacia los otros, la oportunidad de ser consciente de un problema para solventarlo y convertir esa situaci\u00f3n, precisamente, en una ocasi\u00f3n propicia. Quien tira la toalla en el minuto uno, en cualquier situaci\u00f3n de su vida, s\u00f3lo se encuentra motivado por un egocentrismo que se retroalimenta. Lo que no saben aquellos que as\u00ed act\u00faan es que los que, por el contrario, s\u00f3lo abandonan cuando son conscientes de que no hay nada que hacer, pueden seguir su vida sinti\u00e9ndose satisfechos, sabiendo que van a seguir gozando de instantes de felicidad plena; porque los que a la m\u00ednima se dejan guiar por esa autocomplacencia de una felicidad manida, enga\u00f1osa y torticera, acumulan a lo largo de su existencia tales dosis de frustraci\u00f3n, al ser conscientes de que no han hecho todo lo que pod\u00edan y que han renunciado por oropeles e instantes ef\u00edmeros de placer a tantas cosas, que terminan conden\u00e1ndose ellos mismos a vivir siempre atormentados, pregunt\u00e1ndose qu\u00e9 habr\u00eda pasado. Vivir con los interrogantes provocados por ser consciente de que se ha sido cobarde conduce, para soportarlo, a negarse a s\u00ed mismo. As\u00ed que, por favor, cuando hagan algo, cuando act\u00faen de forma da\u00f1ina, intencionadamente o no, para con los otros, asuman lo que est\u00e1n haciendo y c\u00f3mo lo est\u00e1n haciendo, y no perviertan la palabra felicidad para usarla como coartada de una actuaci\u00f3n que reconocen deplorable. Y aquellos otros que anhelan la felicidad como la soluci\u00f3n a todos sus males, miren hacia adentro; porque si ah\u00ed no existe serenidad, si a\u00fan no son capaces de pasar una tarde en silencio a solas con ustedes mismos, pensando que aquellos que se han ido y que nunca volver\u00e1n estar\u00edan orgullosos de ver en qu\u00e9 personas se han convertido; si todav\u00eda no han sido capaces de reconciliarse con su pasado ni de mirarse con cari\u00f1o a un espejo, olv\u00eddenlo. Sepan que no van encontrar la felicidad nunca, por m\u00e1s que cambien las circunstancias del exterior. 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