{"id":67,"date":"2013-10-31T11:08:57","date_gmt":"2013-10-31T09:08:57","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/franportillo\/?p=67"},"modified":"2015-06-24T08:20:26","modified_gmt":"2015-06-24T06:20:26","slug":"la-soledad-del-caminante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/franportillo\/2013\/10\/31\/la-soledad-del-caminante\/","title":{"rendered":"La soledad del caminante"},"content":{"rendered":"<p>\u00abSe encontraba s\u00f3lo en el bosque.<\/p>\n<p>Su espalda continuaba postrada pesadamente contra el tronco de un sauce, cuya corteza empezaba a hacerle mella en la piel. Todo estaba en silencio. Hac\u00eda tiempo que ya no escuchaba el rumor de los p\u00e1jaros, ni de ning\u00fan animal que rondara normalmente por aquel h\u00e1bitat. Todos hab\u00edan emigrado hacia rincones m\u00e1s seguros, o al menos es lo que su irracionalidad les ordenaba. El alegre cantar de las aves, que antes vagamente apreciaba, ahora se tornaba una preferente necesidad ante el cruel futuro que se auguraba.<\/p>\n<p>El bosque era grande, apacible y majestuoso. Sus verdes ramas asim\u00e9tricas ocupaban la mayor\u00eda del espacio a unos metros sobre el suelo, un espect\u00e1culo precioso ante los escasos rayos del atardecer que penetraban entre ellas. Pero para \u00e9l se volv\u00eda ag\u00f3nico, desesperante y peligroso, muy peligroso. Pues aunque sab\u00eda que la distancia que le separa de <i>ellos<\/i> era mucha, en alg\u00fan momento le dar\u00edan caza, y entonces ser\u00eda el fin.<\/p>\n<p>El dolor de su pierna era cada vez m\u00e1s insoportable. Hac\u00eda d\u00edas que se hab\u00eda fracturado la tibia por tres sitios, o quiz\u00e1 fueran cuatro. Francamente, lo ignoraba.<\/p>\n<p><i>\u201c\u00bfNo hay ning\u00fan m\u00e9dico en la zona?\u201d,<\/i> se pregunt\u00f3 con sarcasmo. Sab\u00eda de sobra que all\u00ed tan solo estaba \u00e9l. Adem\u00e1s de \u00e1rboles, \u00e1rboles y m\u00e1s \u00e1rboles. Y oscuridad, eso lo inundaba todo. A cada minuto que bajaba m\u00e1s el sol, su nerviosismo aumentaba y comenzaba a ver sobras a diestro y siniestro. Entonces era cuando regresaba el miedo, el p\u00e1nico que prevalec\u00eda cada anochecer desde el primer instante en que comenz\u00f3 todo. Aunque a esas alturas ya estaba acostumbrado a las cuatro respuestas autom\u00e1ticas que el cuerpo humano ejerce ante el miedo: hu\u00edda, custodia agresiva, falta de movilidad y sometimiento. A cada cual m\u00e1s tortuosa que la anterior y siempre, siempre, siempre en el mismo orden.<\/p>\n<p>Aquel ocaso que viv\u00eda era de los peores. Totalmente indefenso, inm\u00f3vil e irascible. Intent\u00f3 alejar la mente de all\u00ed todo lo que pudo. Se remont\u00f3 tan solo tres d\u00edas atr\u00e1s, al instante en que empez\u00f3 todo, aunque sinceramente le importaba un pimiento aquel maldito domingo de abril, ya lo hab\u00eda olvidado. O quiz\u00e1 no. Y \u00bfpara qu\u00e9 pensar en escenas de una vida pasada?, pues en ella aparec\u00edan amigos, familiares, vecinos, comerciantes, la vieja del quiosco, el perro que no le dejaba dormir, Elena\u2026 No, para qu\u00e9 pensar en eso. Estaban todos muertos, o por lo menos como si lo estuviesen.<i> <\/i><\/p>\n<p>Ya no hab\u00eda marcha atr\u00e1s. El mundo hab\u00eda agotado su \u00faltimo cartucho y el ser humano hab\u00eda demostrado una vez m\u00e1s su alto nivel de autodestrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>Llevaba d\u00edas sin comer, y eso le llev\u00f3 a pensar una vez m\u00e1s en las t\u00e9cnicas de supervivencia que ofrec\u00eda a los ni\u00f1os, en aquel asqueroso campamento donde trabajaba en verano por cuatro malditos duros. Y siempre les repet\u00eda la misma retah\u00edla a aquellos mocosos hijos de pap\u00e1 que alucinaban cuando ve\u00edan una vaca o una ardilla: <i>\u201cEl cuerpo humano no puede estar m\u00e1s de tres d\u00edas sin agua, ni m\u00e1s de tres semanas sin comida.\u201d<\/i> \u00a1Mentira podrida! \u00c9l llevaba cinco d\u00edas sin agua y a\u00fan no se hab\u00eda muerto, por desgracia.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a un l\u00edmite insostenible, ya no aguantaba m\u00e1s aquella agon\u00eda. <i>\u201cSi \u00c9l existe<\/i> \u2014pensaba\u2014, <i>que me lleve ya de una maldita vez. Cu\u00e1nto le gusta ver padecer a los suyos, a aquellos que desfilan como corderitos hacia la iglesia todos los domingos o los que se pasan la mitad del d\u00eda rezando en sus casas por un familiar o por alguien querido que se les va. Entonces acuden a \u00c9l. \u00bfY qu\u00e9 reciben?: Silencio. Parece que disfruta desde sus aposentos divinos viendo la pobreza y la inmundicia. Del mal del ser humano hacia su pr\u00f3jimo. Pero si dej\u00f3 morir hasta a su propio hijo. \u00a1Crucificado! No imagino muerte peor que esa.\u201d<\/i> Bueno, salvo la de su vecina unas semanas atr\u00e1s, cuando uno de <i>ellos<\/i> se abalanz\u00f3 sobre la pobre ancianita, despedaz\u00e1ndole la carne con sus dientes, en el portal n\u00famero 9 de la calle Pizarro, mientras su voz emit\u00eda unos alaridos indecibles.<\/p>\n<p>Aquel olor persistente a ceniza llegaba hasta \u00e9l desde ciudades lejanas, donde ya no exist\u00eda nada; \u00fanicamente vac\u00edo, un inmundo vac\u00edo y los restos de lo que alg\u00fan d\u00eda fueron personas.<\/p>\n<p>Hac\u00eda unos d\u00edas que hab\u00eda estallado aquella locura. Pocos datos obtuvieron entonces las masas, que se agolpaban frente al televisor visualizando un bucle de im\u00e1genes publicitarias. El primer d\u00eda las noticias hablaron de un peque\u00f1o brote en Formentera y quince personas hospitalizadas en la pen\u00ednsula por un nuevo virus llamado RGB y recomendaban a la poblaci\u00f3n que tuviesen precauci\u00f3n con algunos alimentos provenientes de pa\u00edses orientales.<\/p>\n<p>La gente se lo tom\u00f3 como tantos otros brotes que hab\u00edan recorrido los espacios televisivos anteriormente: la gripe aviar, el mal de las vacas locas, etc.<\/p>\n<p>Pero esta vez fue diferente\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Extracto de \u00abLa soledad del caminante\u00bb<\/p>\n<p>Una novela de un servidor, Fran Portillo<\/p>\n<p>Si quieres leerla de forma gratuita pincha el siguiente enlace:<\/p>\n<p>http:\/\/w.tt\/1eGOIga<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abSe encontraba s\u00f3lo en el bosque. Su espalda continuaba postrada pesadamente contra el tronco de un sauce, cuya corteza empezaba a hacerle mella en la piel. Todo estaba en silencio. 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