{"id":753,"date":"2015-03-27T13:44:26","date_gmt":"2015-03-27T13:44:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/?p=753"},"modified":"2015-03-27T17:52:36","modified_gmt":"2015-03-27T17:52:36","slug":"el-grito-teatral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/2015\/03\/27\/el-grito-teatral\/","title":{"rendered":"El grito teatral"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><strong>El teatro es un grito. Un intento de di\u00e1logo que se establece cuando alguien nos observa en esa caja de resonancias que es el escenario.<\/strong> Porque all\u00ed todo se escucha diferente. Todo se parece a la vida, pero no lo es. Porque la realidad queda reducida a su esencial absurdo. A los minutos que dura la representaci\u00f3n, tan ef\u00edmera como nuestra existencia. A ese fragmento del mundo que sucede ante nuestros ojos y que, durante el tiempo que asistimos a \u00e9l, se hace real.\u00a0Una evidencia\u00a0que se repite funci\u00f3n tras funci\u00f3n -de nuevo en un c\u00edrculo absurdo- y que, sin embargo, nunca es id\u00e9ntica a s\u00ed misma, <strong>porque algo del r\u00edo de Her\u00e1clito tienen las aguas del teatro, un r\u00edo caudaloso que se desborda en la fuerza de los actores y en las sombras de sus palabras<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El grito puede ser en silencio. Verbal. F\u00edsico. Un efecto de sonido. De luz. Una coreograf\u00eda. Una sucesi\u00f3n de oraciones o una angustiosa concatenaci\u00f3n de pausas. <strong>El c\u00f3digo var\u00eda -todos los signos se admiten en este lenguaje-, pero el mensaje permanece. El teatro es\u00a0polis\u00e9mico.<\/strong> Porque nace de muchas voces desde que cobra vida por primera vez en la palabra escrita hasta que se hace adulto sobre las tablas. Entonces sucede el milagro. El sacramento en el que creemos quienes seguimos creyendo en este grito. Quienes estamos convencidos de\u00a0que podemos condensar en \u00e9l partes -inconexas y caprichosas- de la realidad. Un mosaico de vidas que se ofrecen al p\u00fablico como retrato de quienes, reales o inventados, somos cualquiera de nosotros. Por eso nos reconocemos en la angustia de <strong>Edipo<\/strong>. O en la ambici\u00f3n de<strong> Ricardo III<\/strong>. O en la rebeld\u00eda de <strong>Adela.<\/strong> O en la soledad de<strong> Blanche<\/strong>. Porque son m\u00e1s reales que nosotros mismos. Ellos -en ese m\u00e1gico absurdo teatral- s\u00ed permanecen. Su grito se seguir\u00e1 escuchando, en otros cuerpos, en otras voces, pero siempre tan fuerte. Tan necesario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Un grito que los autores del siglo XXI llevamos hasta el hoy con la intenci\u00f3n -conseguida o no: pero sin esfuerzo no hay posibilidad de logros- de dejar testimonio de lo que somos<\/strong>. De que los focos iluminen aspectos de cuanto nos rodea que, ni como ciudadanos ni como espectadores, siempre queremos ver. <strong>Por eso la necesidad de las m\u00e1scaras, por eso la comedia y la tragedia, por eso los g\u00e9neros. Porque es necesario encontrar el modo de contar la verdad sin que, en ocasiones, lo parezca.<\/strong> As\u00ed que nos refugiamos la preceptiva y, enfundados en reglas y normas que cumplimos o transgredimos, despu\u00e9s lloramos. O re\u00edmos.\u00a0O contenemos el aliento en una escena donde creemos que es <strong>Ariadna<\/strong> quien sufre el abandono de <strong>Teseo<\/strong> o que es <strong>Segismundo<\/strong> quien condena el desprecio de su padre. O soltamos una carcajada ante las ocurrencias de <strong>Vladimir<\/strong> y <strong>Estrag\u00f3n<\/strong> o los planes ut\u00f3picos de <strong>Lis\u00edstrata.<\/strong> Y creemos que son ellos, que son de verdad ellos, hasta que, al salir del teatro, nos damos cuenta de que siempre fuimos nosotros. Son nuestras esas l\u00e1grimas y esas risas. Y es nuestro el di\u00e1logo que nace ahora que ya no queda un solo actor en escena, justo cuando el teatro -el verdadero teatro- levanta su tel\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Porque el teatro es un grito en escena, s\u00ed. Pero, sobre todo, es el grito que se provoca fuera de ella. Dentro de nosotros. <strong>Un grito a la vida. Al ser humano. Y a ese ma\u00f1ana<\/strong> en el que seguiremos intentando explicarnos&#8230; Tras el tel\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>27 de marzo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>D\u00eda Mundial del Teatro<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El teatro es un grito. Un intento de di\u00e1logo que se establece cuando alguien nos observa en esa caja de resonancias que es el escenario. Porque all\u00ed todo se escucha diferente. Todo se parece a la vida, pero no lo es. Porque la realidad queda reducida a su esencial absurdo. 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