{"id":531,"date":"2014-03-26T23:52:48","date_gmt":"2014-03-26T23:52:48","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/?p=531"},"modified":"2014-03-27T07:11:10","modified_gmt":"2014-03-27T07:11:10","slug":"dionisio-ridruejo-teatro-politico-poetico-y-necesario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/2014\/03\/26\/dionisio-ridruejo-teatro-politico-poetico-y-necesario\/","title":{"rendered":"\u00abDionisio Ridruejo\u00bb: Teatro pol\u00edtico, po\u00e9tico y necesario"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Nada hay tan sinuoso como el pasado. Seguramente porque creemos poseerlo y, por eso mismo, su reconstrucci\u00f3n se nos escapa y se convierte en relato fragmentario y siempre mentiroso de cuanto cre\u00edmos que sucedi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En estos tiempos confusos y, a ratos, mezquinos, en los que todo el mundo parece colgarse medallas ajenas y donde se confunde la memoria hist\u00f3rica con el olvido -interesado y parcial- de cuanto estorba a la conciencia colectiva, <strong>el texto \u00a0y la funci\u00f3n de <em>Dionisio Ridruejo. Una pasi\u00f3n espa\u00f1ola<\/em> resultan no solo aconsejables sino, por encima de todo, necesarios<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Porque <strong>Ignacio Amestoy <\/strong>construye una obra donde realidad y sue\u00f1o -verdad y pesadilla- se funden para narrar, desde la emoci\u00f3n de lo teatral y la veracidad del documento, el ocaso del alienante y psic\u00f3tico sue\u00f1o del fascismo. Una historia contada desde dentro: desde la voz y la miseria moral del bando de los vencedores y, m\u00e1s a\u00fan, desde dentro de las conciencias de quienes, aun siendo testigos y c\u00f3mplices del horror, no se atrevieron a dejar dicho bando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La megaloman\u00eda del discurso se yuxtapone a la atrocidad de los hechos: los s\u00edmbolos del texto y la puesta en escena -magn\u00edfico trabajo de direcci\u00f3n de <strong>P\u00e9rez de la Fuente<\/strong>&#8211; ahondan en las m\u00faltiples lecturas de una obra que se sumerge, sin medias tintas, en las aguas m\u00e1s cenagosas de la <em>no revoluci\u00f3n<\/em>, esa que nunca lleg\u00f3 a suceder, que pudo haber sido y que al final tuvo que contentarse con asistir pasivamente a la muerte del tirano sin que nadie se atreviera -parafraseando a Lope, tal y como hacen los personajes- a enmudecer las voces desp\u00f3ticas y asesinas del Comendador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los actores, espl\u00e9ndidos en sus papeles, componen con precisi\u00f3n sus personajes, todos ellos dotados de una dimensi\u00f3n -cuando menos- doble: la persona que son y la persona que creen ser. La Espa\u00f1a que hubieran querido ser. Y as\u00ed nos encontramos con un soberbio <strong>Ernesto Arias<\/strong>, transformado en Dionisio y en su alter-ego cobarde, en quien -desencantado- se desvincul\u00f3 de un proyecto que nada ten\u00eda que ver con sus ideas de juventud y en quien, ensombrecido por su huella, solo es capaz de rebelarse desde la locura, sumido en la inacci\u00f3n donde a\u00fan hoy nos ahogamos. La dualidad de su creaci\u00f3n nos conduce por estados de lucidez y de locura con una precisi\u00f3n impecable, haci\u00e9ndonos part\u00edcipes de su tormento interior y permiti\u00e9ndonos asomarnos a todos y cada uno de sus vericuetos intelectuales y emocionales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No es f\u00e1cil darle la r\u00e9plica a un personaje tan complejo como este e interpretado con tanto talento -y tanta inteligencia esc\u00e9nica- como la que derrocha Ernesto Arias, pero sus compa\u00f1eros de reparto est\u00e1n a la altura y componen un fresco de personalidades en las que nos permiten atisbar no solo la evidente carga simb\u00f3lica de sus figuras, sino el trasfondo emocional sobre el que han optado por construirlas. As\u00ed, nos encontramos con un espl\u00e9ndido <strong>Daniel Muriel<\/strong> -actor que no deja de crecer en sus personajes: tanto en su elecci\u00f3n, no exenta de riesgos, como en su forma de desarrollarlos- o con un estupendo <strong>Paco Lahoz<\/strong> -que compone uno de los retratos m\u00e1s esperp\u00e9nticamente aterradores del dictador que recuerdo en el teatro y el cine reciente. Ambos, representante uno (Muriel) de la Espa\u00f1a joven que quiere sublevarse y otro (Lahoz) de la Espa\u00f1a oscura que se niega a desaparecer a pesar de su evidente agon\u00eda, llenan con fuerza el escenario, sortean las dificultades de una direcci\u00f3n muy exigente (portentoso el trabajo f\u00edsico y actoral de Muriel, por ejemplo) y aprovechan con astucia los puntos fuertes de su personajes, convirtiendo as\u00ed el gimnasio que sostiene la escenograf\u00eda en un espacio de verdadero entrenamiento y combate, donde los m\u00fasculos de los tres protagonistas se ejercitan con la misma violencia con la que caen, sobre el p\u00fablico, sus palabras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Amestoy<\/strong> no nos ahorra ni una sola coma en este on\u00edrico recorrido verbal -existencial- por la dureza de un pasado que resultar\u00eda m\u00e1s c\u00f3modo no ver. Y pone ante nuestros ojos -m\u00e1s a\u00fan, ante nuestros o\u00eddos- un ejemplo <strong>teatro discursivo, pol\u00edtico y, a la vez, po\u00e9tico<\/strong>, que se aleja conscientemente de la pirotecnia visual para centrarse en el rito de la palabra. Palabras que caminan entre la cordura y la paraonia, entre la luz y la pesadilla, dibujando la conciencia de sus personajes y, con ella, la de todo un pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y es que <strong>esta obra no es solo un ejemplo de buen -muy buen- teatro sino, tambi\u00e9n, un camino para comprender el hoy desde el ayer<\/strong>. Para preguntarnos por qu\u00e9 seguimos encerrados en ese sanatorio, en ese gimnasio anacr\u00f3nico, ensayando una revoluci\u00f3n que, desde hace a\u00f1os, sigue sin suceder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada hay tan sinuoso como el pasado. 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