{"id":439,"date":"2013-11-06T23:34:28","date_gmt":"2013-11-06T23:34:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/?p=439"},"modified":"2013-11-06T23:57:01","modified_gmt":"2013-11-06T23:57:01","slug":"el-teatro-de-camus-la-revolucion-en-su-laberinto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/2013\/11\/06\/el-teatro-de-camus-la-revolucion-en-su-laberinto\/","title":{"rendered":"El teatro de Camus: la revoluci\u00f3n en su laberinto"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Resulta imposible leer el teatro de Camus sin encontrar en \u00e9l resonancias de nuestro presente. Sus obras dram\u00e1ticas nos obligan a abrir interrogantes que van m\u00e1s all\u00e1 de la abstracci\u00f3n filos\u00f3fica y que conectan, de manera inmediata, con nuestros miedos e inseguridades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A pesar del car\u00e1cter eminentemente intelectual de su teatro, sus personajes no dejan de estar construidos con una psicolog\u00eda lo suficientemente elaborada como para no ser meros arquetipos, proporcion\u00e1ndoles una humanidad que los aleja de las figuras m\u00e1s bien ensay\u00edsticas del teatro de Sartre y convirti\u00e9ndolos en reflejos deconstruidos de nosotros mismos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">As\u00ed que, de repente, sus f\u00e1bulas filos\u00f3ficas se revelan como episodios mucho m\u00e1s cotidianos de lo que podr\u00edamos pensar. Y nos sentimos tan perdidos como el Jan que regresa a sus ra\u00edces en <i>El malentendido<\/i>. O tan llenos de contradicciones como los revolucionarios en <i>Los justos<\/i>. O tan atemorizados como los ciudadanos en <i>Estado de sitio<\/i>. Incluso \u2013en una de esas proezas que solo consiguen los grandes autores- Camus es capaz de que nos aproximemos a la figura de Cal\u00edgula desde una \u00f3ptica radicalmente opuesta a la convencional, forz\u00e1ndonos a sentir en \u00e9l \u2013y a trav\u00e9s de \u00e9l- la angustia del determinismo y la necesidad de convertirnos en nuestros propios dioses al precio que sea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero sus textos no solo abren puertas hacia nuestro interior, forzando una introspecci\u00f3n en esa identidad que la literatura nos ayuda, al menos, a intentar entender, sino que tambi\u00e9n constituyen llamadas de atenci\u00f3n a una sociedad cobarde e inmovilista, donde el autor se debate entre la tentaci\u00f3n del nihilismo y la necesidad de un fuerte compromiso que permita que esa \u201cEuropa triste\u201d de la que hablan los personajes de <i>El malentendido<\/i> salga de su miseria moral y econ\u00f3mica (\u201c<strong>Desconf\u00edo de todo desde que he llegado a este pa\u00eds, donde busco in\u00fatilmente una cara feliz. Esta Europa es tan triste&#8230;<\/strong>\u201d). Una salida que, a pesar de los esfuerzos de sus h\u00e9roes, acaba condenada \u2013como Teseo sin la ayuda de Ariadna- a vagar por el laberinto del absurdo, ese lugar que \u2013en la mitolog\u00eda de Camus- se funde con la piedra de S\u00edsifo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El contexto en que fueron escritas sus obras es muy diferente, en lo te\u00f3rico, del actual. Sin embargo, la crisis que nos asfixia desde hace unos a\u00f1os \u2013esa gran excusa para desmontar el supuesto Estado del bienestar- hace que las frases de los personajes de Camus adquieran una nueva lectura. No tanto por el valor prof\u00e9tico de sus textos, sino por su capacidad para universalizar los grandes males que asocian al ser humano y que son, en definitiva, la base de cuanta crisis hayamos de afrontar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u201c<strong>Cada uno de nosotros est\u00e1 solo a causa de la cobard\u00eda de los otros<\/strong>\u201d, afirma Diego en <i>Estado de sitio<\/i>. En esta obra, en la que un C\u00e1diz m\u00edtico y simb\u00f3lico es asolado por la muerte y\u00a0 la enfermedad (y donde resulta imposible no ver reminiscencias de su novela <i>La peste<\/i>), la solidaridad se convierte en el protagonista ausente. Personajes que temen, que se escapan, que huyen y cuya desuni\u00f3n permite el avance de la desgracia y el fin de un modelo de vida que guarda muchas semejanzas con la situaci\u00f3n actual: \u201c<strong>He comprendido bien su sistema\u00a0 -afirma Diego-. Les dan ustedes el dolor del hambre y de las separaciones para distraerles de su rebeli\u00f3n.\u00a0 Los agotan, devoran su tiempo y sus fuerzas para que no tengan ni la ocasi\u00f3n ni el impulso del furor.<\/strong>\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ante esa continua injusticia la \u00fanica opci\u00f3n es la rebeld\u00eda pero, de nuevo, la pregunta se vuelve m\u00e1s compleja de lo que parece. \u00bfQu\u00e9 es lo necesario y admisible? El debate centra su obra <i>Los justos<\/i>, donde el personaje de Dora se convierte en la catalizadora de las contradicciones que viven los terroristas con quienes prepara un atentado: \u201c<strong>Si la \u00fanica soluci\u00f3n es la muerte, no vamos por buen camino<\/strong>\u201d. \u00bfHay otras opciones? Los personajes las buscan y son conscientes de la contradicci\u00f3n que albergan sus m\u00e9todos, pero tambi\u00e9n lo son de las paradojas \u2013crueles y violentas- que sirven de coartada al sistema. Un sistema que Camus desnuda en su teatro y al que nos muestra desde la \u00f3ptica de personajes cr\u00edticos en los que se atisba el aliento de los h\u00e9roes de Ibsen. Este es el caso de Diego en <i>Estado de sitio<\/i>, cuya visi\u00f3n de la realidad \u2013l\u00facida y contestataria- recuerda el sentido c\u00edvico del protagonista de <em>Un enemigo del pueblo <\/em>(Ibsen): \u00ab<strong>EL JUEZ. No sirvo a la ley por lo que ella dice, sino porque es la ley. DIEGO.\u00a0Pero \u00bfy si la ley es el crimen?<\/strong>\u00ab<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ante el horror,\u00a0 la muerte es \u2013en muchos de sus textos- la \u00faltima esperanza de los personajes a quienes el devenir cotidiano ha robado toda opci\u00f3n, tal y como le sucede a Marta en <i>El Malentendido<\/i> (\u201c<strong>Poco a poco han ido enfriando la casa. Han borrado de nuestra alma la simpat\u00eda<\/strong>\u201d) o al protagonista de <i>Cal\u00edgula<\/i>, cuyo af\u00e1n de imposibles acaba derrotando a su cordura y convirti\u00e9ndolo en el monstruo que nos ha devuelto la Historia: \u201c<strong>Todav\u00eda no he agotado lo que puede mantenerme vivo. Por eso quiero la luna.<\/strong>\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La casa que Marta regenta en <i>El malentendido<\/i> junto a su madre es el lugar al que llega Jan para encontrar, de modo tan tr\u00e1gico como absurdo, su propia muerte. La trama \u2013inspirada en un hecho real- se convierte en una historia con m\u00faltiples lecturas, donde se nos habla tanto de las relaciones familiares y del sinsentido de la existencia como del deterioro de una Europa a la que las guerras \u2013y la muerte- han robado su identidad y, peor a\u00fan, su vitalismo: \u201cNo me quedan ya reservas de paciencia para soportar esta Europa donde el oto\u00f1o tiene cara de primavera y la primavera olor a oto\u00f1o\u201d, afirma Marta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A pesar de todo, en los textos de Camus siempre hay voces y personajes que se niegan a dejarse llevar por la desidia y la apat\u00eda generalizada. Por eso Jan no se resigna a vivir alejado de sus ra\u00edces y arriesga cuanto tiene \u2013sea o no consciente de ello- para buscar ese lugar en el que pueda volver a sentirse \u00e9l mismo, reconstruyendo una identidad que \u2013como la de la civilizaci\u00f3n a la que pertenece- ha quedado asolada: \u201c<strong>No se puede ser feliz viviendo en el exilio\u00a0 en el olvido. No se puede ser siempre un extra\u00f1o.<\/strong>\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y por eso, porque no se puede ser siempre un extra\u00f1o, es necesario leer a Camus en nuestras aulas. Porque desperdiciamos \u2013entre fragmentos del <i>Poema de Mio Cid<\/i>, escenas de Morat\u00edn y trillados cuentos del <i>Conde Lucanor<\/i>&#8211; los mejores a\u00f1os de nuestros alumnos para inculcar en ellos la pasi\u00f3n por la duda, por el teatro, por la filosof\u00eda y, en definitiva, por esa visi\u00f3n de la literatura como un mundo en el que pueden hallar caminos hacia lugares que desconoc\u00edan de s\u00ed mismos. Un laberinto en el que no ha salida pero donde resulta fascinante perderse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Podemos, por supuesto, obviar la fascinaci\u00f3n que, pese a su dificultad, pueden ejercer de autores como Camus si somos capaces de comunicarlos bien a nuestros estudiantes y nos ce\u00f1imos, a cambio, al manido programa de literatura espa\u00f1ola, en esta visi\u00f3n rid\u00edculamente ombliguista de la cultura donde lo universal es anecd\u00f3tico y tristemente colateral. Despu\u00e9s, cuando hemos aburrido a nuestros alumnos de la ESO con obras de Lope en verso que ni les divierten ni tendr\u00edan por qu\u00e9 divertirles, nos preguntamos por qu\u00e9 no van al teatro y, por supuesto, por qu\u00e9 no leen jam\u00e1s una sola obra de este g\u00e9nero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Quiz\u00e1, si dejamos de subestimarles, si remodelamos de una vez nuestro curr\u00edculo educativo, si tenemos el valor de dejar que se peleen con otros textos, podremos despertar en ellos la inquietud y, sobre todo, la conciencia de que el teatro es un g\u00e9nero que no solo se disfruta en un escenario sino que, en casos como el de Camus, es una lectura ante la que resulta imposible no implicarse y subrayar, l\u00e1piz en mano, cuanta sentencia provocadora deja caer en nosotros su autor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como afirma Yanek en <i>Los justos<\/i>, \u201c<strong>la poes\u00eda es revolucionaria<\/strong>\u201d. Poes\u00eda que en el caso del teatro de Camus se construye desde la belleza de lo intelectual y el ritmo inarm\u00f3nico del dolor y la angustia. Personajes que, como Victoria en <i>Estado de sitio<\/i>, ruegan amor (\u201c<strong>B\u00e9same. Me muero de sed<\/strong>\u201d); que, como la Madre de <i>El malentendido<\/i>, ruegan la muerte para escapar de su rutina (\u201c<strong>La costumbre empieza a partir del segundo crimen<\/strong>\u201d); o que, como el Juez en <i>Estado de Sitio<\/i>, enuncian verdades que es bueno escuchar para oponerse a ellas (\u201c<strong>Todo el mundo traiciona porque todo el mundo tiene miedo<\/strong>\u201d). Personajes, en definitiva, que pueden ayudarnos a revolucionar las aulas. A provocar e incitar a esos alumnos a los que dormimos y adocenamos con \u00e9glogas y pasajes \u00e9picos en castellano antiguo. A hacerles buscar el modo de que esa \u201cEuropa triste\u201d que horroriza a Mar\u00eda en <i>El malentendido<\/i> deje de serlo. O, al menos, a intentarlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Resulta imposible leer el teatro de Camus sin encontrar en \u00e9l resonancias de nuestro presente. Sus obras dram\u00e1ticas nos obligan a abrir interrogantes que van m\u00e1s all\u00e1 de la abstracci\u00f3n filos\u00f3fica y que conectan, de manera inmediata, con nuestros miedos e inseguridades. A pesar del car\u00e1cter eminentemente intelectual de su teatro, sus personajes no dejan<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/2013\/11\/06\/el-teatro-de-camus-la-revolucion-en-su-laberinto\/\">Leer m\u00e1s&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":12,"featured_media":440,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-439","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ultimas-entradas"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/files\/2013\/11\/Albert-Camus-smoking-on-a-008.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2Wqis-75","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/439","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/users\/12"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=439"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/439\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":445,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/439\/revisions\/445"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/media\/440"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=439"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=439"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=439"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}