{"id":361,"date":"2013-07-04T07:45:57","date_gmt":"2013-07-04T07:45:57","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/?p=361"},"modified":"2013-07-04T07:45:57","modified_gmt":"2013-07-04T07:45:57","slug":"carrozas-desfiles-y-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/2013\/07\/04\/carrozas-desfiles-y-palabras\/","title":{"rendered":"Carrozas, desfiles&#8230; y palabras"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Es divertido subirse a una carroza. <strong>Pasearse rodeado de amigos en un desfile donde se es uno m\u00e1s entre la multitud. Donde, aunque estemos all\u00ed arriba, nadie nos ve.<\/strong> Porque no somos m\u00e1s que parte de un colectivo que disfruta de su d\u00eda de fiesta. Que sumerge a toda la ciudad en esa misma fiesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero despu\u00e9s, <strong>cuando el evento acaba, cuando la ciudad intenta superar la resaca de su hip\u00e9rbole hedonista, comienza otro desfile. Uno muy diferente en el que ya s\u00ed somos<\/strong>. Porque de repente, en nuestra carroza, solo estamos nosotros. Y no es ni tan vistosa, ni tan llamativa, ni tan original. En realidad, es anodina de puro repetida.<strong> Una carroza que se llama cotidianidad y donde, parad\u00f3jicamente, somos mucho m\u00e1s visibles que antes.<\/strong> Porque en esa carroza ya no nos sirve el camuflaje de la multitud, ni la coartada de la fiesta, ni la org\u00eda de libertades compartidas que celebr\u00e1bamos solo unos d\u00edas atr\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ahora, en esta carroza monovolumen, solo somos ese yo que es hijo, o que es amigo, o que es compa\u00f1ero de trabajo, o que es vecino. Ese yo que tiene responsabilidades, obligaciones, miedos, dudas y lazos emocionales con el mundo que le rodea. <strong>Ese yo que puede optar por subirse a la carroza del lenguaje expl\u00edcito o por regresar al armario<\/strong> hasta que llegue el pr\u00f3ximo desfile colectivo de las otras carrozas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La alternativa se puede resolver con f\u00f3rmulas cobardes y manidas. <strong>Con ese \u00abmi pareja\u00bb que carece de sexo y que preferimos a otras palabras d<\/strong>onde la desinencia de g\u00e9nero -una simple <em>a<\/em>, una simple <em>o<\/em>: depende del qui\u00e9n- se convierte en la \u00fanica bandera que realmente necesitamos. En mi caso, se me ocurren mil carrozas ling\u00fc\u00edsticas para llamar al hombre que comparte la vida conmigo y que no tienen nada que ver con esa ambig\u00fcedad calculada que encierra el epiceno \u00abpareja\u00bb. <strong>Esa ambig\u00fcedad que nos devuelve, como tantos otros peque\u00f1os gestos, a la oscuridad de lo que no se dice, de lo que no se cuenta, de lo que no se ve<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Llevo a\u00f1os oyendo excusas de todo tipo para no dar pasos al frente<\/strong>. Y no es que no las respete. O que no las entienda. C\u00f3mo no voy a comprender los mismos miedos que he sentido yo. <strong>C\u00f3mo no voy a ser consciente de los riesgos de exclusi\u00f3n social, de exclusi\u00f3n laboral, de exclusi\u00f3n personal que he afrontado y, en algunos casos, sufrido en mi propio recorrido vital<\/strong>. Y quiz\u00e1 por eso, defiendo con rotundidad la necesidad de esas otras carrozas: las del d\u00eda a d\u00eda, las que no tienen el glamour ni la gracia de las que veremos inundar Madrid este fin de semana. Porque esas carrozas de la palabra, de lo cotidiano, de lo diario no son tan divertidas, ni tan brillantes, ni est\u00e1n habitadas por cuerpos tan espectaculares como los que pueblan la Gran V\u00eda cada Orgullo, pero son s\u00f3lidas y necesarias, imprescindibles para que la normalidad se imponga y los m\u00e1s j\u00f3venes tengan cada vez menos miedo en dar el primer paso. <strong>Ese paso que reside en encontrar las palabras para definirse como nos d\u00e9 la gana o en hallar las fuerzas coger de la mano a alguien -en ese instante, en esa eternidad fugaz que es el amor- en plena calle<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No se trata de definirnos por el sexo de aquel a quien amamos: somos mucho m\u00e1s complejos y heterog\u00e9neos que eso. Se trata de no escoger las palabras como un escudo. De no emplear sin\u00f3nimos asexuados para camuflar una identidad que no tenemos por qu\u00e9 explicar y que s\u00ed tenemos por qu\u00e9 vivir. A plena luz. <strong>Bajo esa luz que solo nos dan las palabras -la realidad no verbalizada corre el riesgo de volverse irreal- y que es la aut\u00e9ntica carroza a la que todos deber\u00edamos subirnos<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es divertido subirse a una carroza. Pasearse rodeado de amigos en un desfile donde se es uno m\u00e1s entre la multitud. Donde, aunque estemos all\u00ed arriba, nadie nos ve. Porque no somos m\u00e1s que parte de un colectivo que disfruta de su d\u00eda de fiesta. 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