{"id":288,"date":"2013-05-01T16:05:43","date_gmt":"2013-05-01T16:05:43","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/?p=288"},"modified":"2013-05-01T16:06:18","modified_gmt":"2013-05-01T16:06:18","slug":"el-fantastico-francis-hardy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/fernandojlopez\/2013\/05\/01\/el-fantastico-francis-hardy\/","title":{"rendered":"El fant\u00e1stico Francis Hardy"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\"><em>\u00abEs el m\u00e1s persistente de todos los recuerdos, el m\u00e1s persistente y el m\u00e1s terrible.\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">As\u00ed comienza Grace su mon\u00f3logo en <em><strong>El fant\u00e1stico Francis Hardy, curandero<\/strong><\/em>, una obra de <strong>Brian Friel<\/strong> que se estren\u00f3 en la <strong>sala Guindalera<\/strong> la temporada pasada. Afortunadamente, en Guindalera no tienen ning\u00fan miedo a la hora de apostar por el mejor teatro, as\u00ed que no solo nos permiti\u00f3 disfrutar de esta emocionante pieza hace ya casi un a\u00f1o, sino que ahora vuelve con su mismo elenco y con la misma energ\u00eda -si no m\u00e1s- con la que se estren\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Frank, Grace, Teddy<\/strong>. <strong>Un tri\u00e1ngulo de personajes donde la memoria y el paso del tiempo libran un combate desigual<\/strong>: porque ni recuerdan todo lo que necesitar\u00edan ni han sido capaces de olvidar lo que el tiempo podr\u00eda haber sepultado bajo los escombros del ayer. Sus heridas, lejos de cerrarse, han seguido abiertas, as\u00ed que la curaci\u00f3n -met\u00e1fora del texto que, como toda gran obra, se abre a muy diversas lecturas e interpretaciones- requiere un acto de fe similar al de los pacientes que se someten al propio Hardy en sus rituales m\u00e1gicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El regreso al hogar -una \u00cdtaca perversa donde la familia no nos espera para acogernos, sino para recordarnos la distancia que hay entre el yo que somos y el yo que pensaron que ser\u00edamos-, la convivencia en la pareja y en la amistad -con las mezquindades a que nos aboca el intento por encontrarnos y encontrar, a ratos, a los dem\u00e1s-, el amor como una atadura que nos niega y, a la vez, nos hace seguir respirando y, entre otros tantos temas, la necesidad de ser algo que no sabemos bien siquiera en qu\u00e9 consiste, en una constante construcci\u00f3n, en un sue\u00f1o donde la identidad tiene que ver con el riesgo y el riesgo ocupa un lugar proporcionalmente opuesto a la intolerancia del mundo -mec\u00e1nico, brutal, hiperrealista- que a menudo nos rodea. Un mundo contra el que se alza este singular curandero, un cruce entre el mito de don Juan, el h\u00e9roe hom\u00e9rico y el dandy transgresor de Joyce. Un personaje que se construye en su voz y en la de la mujer que lo am\u00f3 -Grace, la mujer que convirti\u00f3 esa pasi\u00f3n en una droga: qui\u00e9n no lo ha hecho alguna vez- y en la del hombre que lo construy\u00f3 y, a su modo, lo quiso m\u00e1s de lo que jam\u00e1s lleg\u00f3 a querer a nadie -Teddy, su representante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>La grandeza de la propuesta que nos trae la sala Guindalera reside en el exquisito respeto del director hacia su texto<\/strong>: Juan Pastor construye el volumen de cada frase, de cada palabra, esculpiendo un tiempo, un lugar y una emoci\u00f3n donde resulta imposible no sentirse uno m\u00e1s en ese extra\u00f1o tr\u00edo que se abre, mon\u00f3logo tras mon\u00f3logo, ante nosotros. <strong>Una direcci\u00f3n que potencia lo mejor de sus tres actores<\/strong>: <strong>Bruno Lastra, hipn\u00f3tico y sugerent<\/strong>e en un curandero al que dota de tantos matices en su voz como en sus intenciones; <strong>Mar\u00eda Pastor, inmensa<\/strong> en el dolor y en el desgarro de ese amor que, vivido en Grace, revivimos todos; <strong>Felipe Andr\u00e9s<\/strong> (que siempre ser\u00e1, para m\u00ed, el inolvidable Eloy de <strong><em>Cuando fuimos dos<\/em><\/strong>) <strong>camale\u00f3nico y preciso<\/strong>, alternando la vis c\u00f3mica y la emoci\u00f3n dram\u00e1tica en una continua acrobacia actoral. <strong>Gigantes los tres en escena.<\/strong> Gigantes porque no se recrean subrayando la poes\u00eda sino que, parafraseando al gran Huidobro, hacen vivir esa poes\u00eda en sus palabras. Y en cada funci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Si est\u00e1n en Madrid, si tienen ocasi\u00f3n, si pueden ara\u00f1ar dos horas de su tiempo para acompa\u00f1ar a Francis, a Grace y a Teddy, no duden en hacerlo. Es una de las experiencias teatrales m\u00e1s intensas que he vivido en los \u00faltimos a\u00f1os. Y, qui\u00e9n sabe, puede que si acuden con la suficiente fe -en el teatro y en la poes\u00eda- ustedes tambi\u00e9n salgan algo m\u00e1s curados de esta -cat\u00e1rtica- experiencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEs el m\u00e1s persistente de todos los recuerdos, el m\u00e1s persistente y el m\u00e1s terrible.\u00bb As\u00ed comienza Grace su mon\u00f3logo en El fant\u00e1stico Francis Hardy, curandero, una obra de Brian Friel que se estren\u00f3 en la sala Guindalera la temporada pasada. 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