{"id":220,"date":"2013-05-20T07:48:11","date_gmt":"2013-05-20T07:48:11","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/?p=220"},"modified":"2013-05-20T07:49:20","modified_gmt":"2013-05-20T07:49:20","slug":"angel-olgoso-sobre-las-frutas-de-la-luna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/2013\/05\/20\/angel-olgoso-sobre-las-frutas-de-la-luna\/","title":{"rendered":"\u00c1NGEL OLGOSO, SOBRE LAS FRUTAS DE LA LUNA"},"content":{"rendered":"<p>Desde que la editorial P\u00e1ginas de Espuma publicara en 2009 <em>La m\u00e1quina de languidecer<\/em>, \u00c1ngel Olgoso ha permanecido en un prudente silencio que le ha permitido ir conformando su nuevo libro, <em>Las frutas de la luna<\/em> (Menoscuarto). Olgoso trabaja cada uno de los cuentos con una meticulosidad propia de otro tiempo, cuando la \u00a0reflexi\u00f3n a\u00fan era habitual en la literatura.<\/p>\n<p>Las frutas de la luna, es un libro que demuestra una gran capacidad de silencio y ya se sabe que, tanto para la m\u00fasica como para la literatura, estos son absolutamente imprescindibles.<\/p>\n<p>Carmen Moreno: \u00bfSabes que en la luna no hay vida?<\/p>\n<p>\u00c1ngel Olgoso: Puede que as\u00ed sea pero seguro que, a pesar de este peque\u00f1o inconveniente, hay ahora mismo m\u00e1s sentido com\u00fan en nuestro sat\u00e9lite que aqu\u00ed en la Tierra. Hablando ya en serio, con este libro deseaba que al lector le invadiera ese v\u00e9rtigo, esa misteriosa melancol\u00eda, esa sombra de fatalidad que solemos sentir al estar en presencia de un eclipse. Si el lector nota un escalofr\u00edo de inquietud o de belleza, si piensa durante un solo instante que su mundo se tambalea, que su raz\u00f3n se perturba, mi trabajo no habr\u00e1 sido en vano. Alguien dijo que lo fant\u00e1stico es la realidad vista por dentro. Mi forma de luchar contra la tiran\u00eda de lo real consiste en intentar alcanzar lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de nuestras limitaciones, mediante ensue\u00f1os y especulaciones que dejen al descubierto lo que no es obvio, lo que se oculta bajo la fina pel\u00edcula de la realidad. Poner a prueba, en definitiva, la percepci\u00f3n de lo familiar. Si consideramos acertada la definici\u00f3n que dio Walter Pater del Romanticismo (\u201cla suma de la extra\u00f1eza y la belleza\u201d), entonces soy un rom\u00e1ntico, un enso\u00f1ador. Y en <i>Las frutas de la luna<\/i> he intentado dar forma a ese \u201cdolor c\u00f3smico\u201d del Romanticismo, contemplar el planeta -en palabras de Chateaubriand- como un insecto microsc\u00f3pico inadvertido en el pliegue del manto del cielo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>C.M.: Sin embargo todos miramos a la luna como nuestro futuro vital m\u00e1s cercano, \u00bfpor qu\u00e9 crees que pasa?<\/p>\n<p>A.O.: Supongo que salir de nosotros mismos y de nuestro planeta nos relativiza y, al mismo tiempo, acent\u00faa el significado de nuestras vidas. Como dijo Carl Sagan, vivimos en una moto de polvo suspendida en un rayo de sol en el vac\u00edo del espacio \u00bfSe puede pensar en algo m\u00e1s fant\u00e1stico? Quiz\u00e1 yo mismo escribo textos alejados de una representaci\u00f3n fiel de la c\u00e9lebre vida corriente de todos los d\u00edas porque sospecho que la realidad, aunque inevitable, siempre est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de nosotros, como lo est\u00e1 un cosmos lleno de maravillas colosales y sobrecogedoras. El astr\u00f3nomo Fred Hoyle comparaba nuestra percepci\u00f3n del Universo con la que podr\u00eda tener del mar un escarabajo dentro de una patata metida en la bodega de un barco. Y es, precisamente, la perspectiva totalizadora de muchos de los textos de este libro su principal marca diferencial. Por cierto, tras acabarlo supe que, mientras escrib\u00eda <i>Las frutas de la luna<\/i>, se hab\u00edan rodado tambi\u00e9n <i>Melancol\u00eda<\/i> de Lars von Trier y <i>El \u00e1rbol de la vida<\/i> de Terrence Malick, como si particip\u00e1ramos de una misma perspectiva c\u00f3smica, de un momento cuasi apocal\u00edptico,\u00a0 de cambio de ciclo, de replanteamiento, de viaje al origen o al destino de nuestra especie. Y no somos los \u00fanicos que han abandonado en sus obras la vista de gusano, a ras de tierra: acaba de aparecer, por poner unos pocos ejemplos,\u00a0 <i>\u00c1tomos y galaxias<\/i>, el \u00faltimo poemario de Miguel D&#8217;Ors, y el ambicioso proyecto fotogr\u00e1fico de Sebastiao Salgado, <i>G\u00e9nesis<\/i>.<\/p>\n<p>C.M.: \u00bfCu\u00e1les son las frutas de un desierto fr\u00edo, al que todos miramos con esperanza?<\/p>\n<p>A.O.:\u00a0De hecho el t\u00edtulo -que me ha permitido confraternizar con Fellini, con los locos, con los lobos y con todos los que sienten una irresistible atracci\u00f3n por la luna, la de todas las noches y la so\u00f1ada- alude a la posibilidad de contemplar los relatos del libro como frutos de formas y sabores extra\u00f1os, a ese aire entre v\u00edvido y enso\u00f1ado de sus atm\u00f3sferas, al\u00a0 deseo de hacer eclosionar la inquietud en la mente del lector. La misma extra\u00f1eza que sentir\u00edamos ante la visi\u00f3n imposible de una fruta lunar, con su p\u00e1tina plateada, sobrenatural, de ensue\u00f1o, como un ascua fr\u00eda de otro mundo. La misma extra\u00f1eza con que vemos la Tierra desde nuestro sat\u00e9lite, una canica azul y blanca, una tenue lucecita del tama\u00f1o de una punta de alfiler sobre la que nos api\u00f1amos todos mientras cargamos a la espalda con la pluralidad de nuestra historia particular y la de la especie.<\/p>\n<p>Carlos Edmundo de Ory escribi\u00f3: s\u00f3lo lo extra\u00f1o me es familiar. Lo suscribo por completo. Los que nos sentimos fatalmente atra\u00eddos por lo extra\u00f1o, nos encaminamos hacia \u00e9l huyendo de nuestro \u00e1mbito, y no tenemos miedo de la oscuridad, del silencio, de la soledad o de los sue\u00f1os de esa tierra desconocida; al contrario, para nosotros son lo m\u00e1s deseable, el gozo de los gozos. Seg\u00fan el f\u00edsico brit\u00e1nico Arthur Eddington, la vida puede ser no s\u00f3lo m\u00e1s extra\u00f1a de lo que imaginamos, sino tambi\u00e9n m\u00e1s extra\u00f1a de que podemos imaginar. Lo extra\u00f1o es una categor\u00eda est\u00e9tica que modifica nuestra percepci\u00f3n de la realidad, es decir, la relaci\u00f3n entre lo real y lo improbable. Digo extra\u00f1o y no fant\u00e1stico porque, con este conjunto de relatos, no me he zambullido \u00fanicamente en las aguas de lo fant\u00e1stico sino que he continuado explorando el territorio de mis obsesiones tambi\u00e9n en sus orillas, en los contornos que lo delimitan, en su vecindad con las \u00e1reas de la locura, del anhelo art\u00edstico de lo absoluto, de la paranoia provocada por el poder o por la suplantaci\u00f3n de la personalidad.<\/p>\n<p>Tengo que aclarar que aunque aunque el t\u00edtulo puede sugerir una idea de evasi\u00f3n de la realidad, de refugio contra la tormenta -si lo asociamos por ejemplo al terrible y obsceno momento que estamos viviendo- no es as\u00ed: en este caso se trata de un asunto de enfoque; hay en este libro relatos que son una visi\u00f3n de conjunto de la especie (<i>Contraviaje<\/i>, <i>La torre de Hunan<\/i>, <i>Materia oscura<\/i>, <i>Dibuj\u00e9 un pez de polvo<\/i>, <i>Los t\u00famulos<\/i>, <i>Aramundos<\/i> o <i>La peque\u00f1a y arrogante oligarqu\u00eda de los vivos<\/i>), otros que aplican a los seres humanos una lente de aumento (<i>El s\u00edndrome de Lugr\u00eds<\/i>, <i>Suero<\/i>, <i>Designaciones<\/i> o <i>Dybbuk<\/i>), y otros que podr\u00edamos llamar bifocales, donde se alternan las dos perspectivas a la hora de acercarse a las sombras de la condici\u00f3n humana (<i>Perlas de Indra<\/i>, <i>El confeti de nuestras cenizas<\/i>, <i>\u00c1guila de sangre <\/i>o <i>Las Monta\u00f1as de los Gigantes a la ca\u00edda de la tarde<\/i>).<\/p>\n<p>C.M.:\u00a0En tus cuentos, la desesperanza prima sobre cualquier otro sentimiento, \u00bfnos quedan fuerzas para cambiar esto?<\/p>\n<p>A.O.:\u00a0Me temo que al pesimismo natural de mi car\u00e1cter (que acent\u00faa el paso del tiempo y la perenne ferocidad o codicia de algunos individuos) se une mi gusto por lo sombr\u00edo, por esa corriente que Mario Praz defini\u00f3 como \u201cromanticismo negro\u201d en su obra <i>La carne, la muerte, el diablo<\/i>, y que abarca lo bello y lo siniestro, Blake, los simbolistas, Villa Diodati, las series negras de Goya, Poe, los decadentistas, Kubin, los sue\u00f1os y las tinieblas, etc. Opci\u00f3n est\u00e9tica que me hermana con el maravilloso ilustrador argentino -y querido amigo- Santiago Caruso.<\/p>\n<p>Es cierto, la desesperanza, la melancol\u00eda, est\u00e1n presentes en mis cuentos, pero por desgracia tambi\u00e9n en la \u00e9poca que estamos viviendo: el mundo es amargo, la vida muerde, sufrimos adversidades, todo lucha contra todo hasta destruirse, algunos semejantes se alimentan de nuestros destinos, parece que a diario nos despedimos de la esperanza; sin embargo, creo que pese a todo podemos encontrar un asidero salvador en el peque\u00f1o fuego de la creaci\u00f3n, en la luz consoladora de la belleza, del arte, de la cultura, de la compasi\u00f3n, de la fraternidad. Que podemos elevarnos sobre los peque\u00f1os infiernos que acarrean la avaricia y la ruindad. Con <i>Las frutas de la luna<\/i> -y de forma mucho m\u00e1s directa en el siguiente libro, <i>Breviario negro, <\/i>a\u00fan in\u00e9dito- sigo poniendo mi humilde granito de arena, tratando de crear belleza, de buscar un mundo propio, otros \u00e1ngulos de visi\u00f3n, relatos que perduren, una imagen m\u00e1s potente que las palabras que lo componen, tratando en definitiva de metamorfosear la oruga fea, ca\u00f3tica y doliente de la realidad en una estilizada mariposa. En un momento en que los poderes pol\u00edtico y econ\u00f3mico pervierten a diario las palabras, rob\u00e1ndoles su sentido, es responsabilidad del escritor devolverle su delicadeza, su hermosura, su autenticidad, su carga imaginativa, su fulgor genuino, su capacidad de inaugurar mundos, de convocar realidades, de crear emociones.<\/p>\n<p>C.M.: He notado en tus historias un deseo no de crear un mundo diferente, sino de denunciar este en el que vivimos, \u00bfDios, pensemos que existe sea cual sea su forma o credo, se ha convertido en un mero espectador a la espera de que terminemos con lo que \u00e9l empez\u00f3?<\/p>\n<p>A.O.:\u00a0En <i>Las frutas de la luna<\/i> hay un aura m\u00e1s fatalista, casi de revelaci\u00f3n b\u00edblica, m\u00e1s universal, donde el dolor, las derrotas o las atrocidades de la vida nos alcanzan como especie. Pero a\u00fan subyace el deseo de lograr que lo inveros\u00edmil resulte veros\u00edmil, de grabar im\u00e1genes v\u00edvidas en el lector, de potenciar el misterio de la realidad a la hora de reinterpretarla. El lector encontrar\u00e1 veinte historias que se bastan a s\u00ed mismas y tienen sus propias leyes; temas recurrentes de mis anteriores libros (las visiones inquietantes, el v\u00e9rtigo, el asombro, las cosmogon\u00edas, las relecturas de la tradici\u00f3n cultural, los contratiempos que alteran la l\u00ednea temporal o espacial) pero hallar\u00e1 adem\u00e1s la ternura, el desencanto, la redenci\u00f3n, las segundas oportunidades y otras experiencias inherentes a todos los destinos humanos. Me ha interesado m\u00e1s la sensaci\u00f3n de extra\u00f1eza provocada por su lectura que la propia naturaleza, extra\u00f1a o no, de los hechos narrados. Privilegiar el efecto logrado en la mente del lector. Es cierto que en algunos casos se narran acontecimientos excepcionales o, tambi\u00e9n, acontecimientos comunes contados de forma poco com\u00fan, pero no es el asombro por el asombro; lo interesante de los libros, como apunta Javier Mar\u00edas, son las posibilidades e ideas que nos inoculan a trav\u00e9s de sus historias imaginarias.<\/p>\n<p>En cuanto a la denuncia que se\u00f1alas, muchos lectores han visto reflejados en los relatos del libro conflictos reconocibles de este presente atroz, a s\u00ed mismos como personajes a merced de tormentas imprevistas, a esa sombra de fatalidad que enrarece nuestras existencias. Por ejemplo, ven en <i>Contraviaje<\/i> una clara met\u00e1fora del desmantelamiento del mundo al que estamos asistiendo at\u00f3nitos. Y, en <i>Materia oscura,<\/i> una s\u00e1tira de las corporaciones que manejan a placer nuestros insignificantes hilos. Supongo que ese demiurgo que protagoniza <i>Dibuj\u00e9 un pez de polvo <\/i>convendr\u00eda en que estamos viviendo una \u00e9poca de recrudecimiento de la vileza humana por parte de una minor\u00eda codiciosa, insaciable, que siempre ha estado ah\u00ed, pero que ya ni se molesta en ocultar su condici\u00f3n criminal, revolvi\u00e9ndose incluso contra los que afean su conducta cruel y despreciable. Imagino que ese demiurgo tendr\u00eda la impresi\u00f3n de que estamos todav\u00eda en un estadio primitivo de la historia humana. Puede incluso que suscribiera la frase de Edward Abbey: \u201dSiempre hay que estar preparado para defender a tu pa\u00eds contra su propio gobierno\u201d.<\/p>\n<p>C.M.:\u00a0Quiero salvar a la ni\u00f1a de <i>Perlas de Indra<\/i>, quiero que no sufra todo lo que cuentas, \u00bfno pensaste en perdonarle la vida?<\/p>\n<p>A.O.:\u00a0De hecho, una de las posibles interpretaciones del final ambiguo de este relato es la salvaci\u00f3n de la ni\u00f1a. Comprendo perfectamente tu deseo, pues se trata de un relato aterrador. No hace mucho lo le\u00ed en un club de lectura que dirig\u00eda Valeria Tittarelli, y fue una experiencia desgarradora para los oyentes e incluso para m\u00ed mismo: no calibr\u00e9 los sentimientos que pod\u00eda remover, las sensaciones que pod\u00eda despertar, y llegu\u00e9 a pensar que tal vez algunos temas s\u00f3lo permitan una lectura interior y silenciosa, o que quiz\u00e1 algunas historias no deban contarse.\u00a0 En cualquier caso, cuando lo escrib\u00ed, pensaba que el b\u00e1lsamo del lenguaje me permitir\u00eda llevar protegido al lector hasta ese lugar. Porque el lenguaje de <i>Perlas de Indra<\/i>, como el de los dem\u00e1s relatos del libro, est\u00e1 empapado de poes\u00eda, es una prosa precisa, densa y exuberante a veces, trabajada a conciencia siempre, cercana al desconsuelo metaf\u00edsico, a la intensidad eleg\u00edaca, una prosa que -seg\u00fan la idea de Sartre- se sirve de las palabras pero tambi\u00e9n sirve a las palabras. Son por tanto p\u00e1ginas que hay que leer despacio, saboreando cada palabra, como movimientos de un p\u00e9ndulo que busca hipnotizar. Especialmente en este libro, quer\u00eda conseguir una exquisita conciliaci\u00f3n de las asperezas de la realidad con la idealidad del arte (nunca olvido que ha de haber alg\u00fan v\u00ednculo entre las palabras y el mundo). Creo que la mirada imaginativa de mis relatos -que no fantasiosa- tambi\u00e9n es una forma de conocimiento eficaz para desenmascarar las obscenidades de lo real, para contar las cosas que nos conciernen a todos. E intento hacerlo desde el rigor estil\u00edstico, con un lenguaje rico y elaborado que convierta en sustancia est\u00e9tica los misterios de la existencia, del amor, del dolor, de la locura, del paso del tiempo.<\/p>\n<p>C.M.:\u00a0De pronto, ley\u00e9ndote, pens\u00e9 en Borges y en el <i>Popol Vuh<\/i>, \u00bfc\u00f3mo consigues reunir la disecci\u00f3n brit\u00e1nica que caracteriz\u00f3 a Borges y lo ancestral del maya?<\/p>\n<p>A.O.:\u00a0Quiz\u00e1 esa impresi\u00f3n sea el resultado del aspecto que, como te se\u00f1alaba antes, singulariza <i>Las frutas de la luna<\/i>: el af\u00e1n totalizador de bastantes de sus relatos, escritos desde una perspectiva que pretende a veces abarcarlo todo, yendo de lo particular a lo planetario o incluso a lo c\u00f3smico, como esas ilustraciones de Escher que reflejan todo un mundo en una esfera. La cosmogon\u00eda, de la que se dice que es el m\u00e1s antiguo de los g\u00e9neros literarios, quiz\u00e1 se convierta aqu\u00ed -si me permites el f\u00e1cil juego de palabras- en cosmoagon\u00edas, en proyecciones ontol\u00f3gicas, en cuentos en los que se intenta recoger el ovillo de un universo lanzado al abismo.<\/p>\n<p>O tal vez se deba a la variedad de registros del libro (cartas, sue\u00f1os, diarios, di\u00e1logos, memorias, etc.), a lo heterog\u00e9neo de los marcos geogr\u00e1ficos y temporales (unas narraciones transcurren en espacios cerrados y otros en lugares inconmensurables hasta el v\u00e9rtigo), a la diversidad de referencias (un viaje a la tramoya del Universo, macabros rituales vikingos, objetos que atraviesan los siglos, cuadros imposibles, un afilador capaz de detener el tiempo, la orilla donde convergen los vivos y los muertos, reliquias sacr\u00edlegas, un apag\u00f3n c\u00f3smico, bestiarios fant\u00e1sticos, un peine japon\u00e9s, la pesadilla de la repetici\u00f3n del molde humano, monstruos creados por la timidez, dioses en un desv\u00e1n, la brillante red de los actos justos).<\/p>\n<p>A pesar de dicha pluralidad, albergo la esperanza de haber logrado transmitir con estos relatos algunas de las pocas experiencias fundamentales o dicho algo sobre la condici\u00f3n humana. Como se pregunta Thoreau en <i>Walden<\/i>, \u00bfpodr\u00eda ocurrirnos un milagro mayor que mirar por un instante a trav\u00e9s de los ojos ajenos?<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/files\/2013\/05\/\u00c1ngel-Olgoso.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-222 alignleft\" alt=\"\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/files\/2013\/05\/\u00c1ngel-Olgoso.jpg\" width=\"283\" height=\"194\" srcset=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/files\/2013\/05\/\u00c1ngel-Olgoso.jpg 785w, https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/files\/2013\/05\/\u00c1ngel-Olgoso-300x206.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 283px) 100vw, 283px\" \/><\/a>C.M.: Han sido muchos a\u00f1os de silencio entre <i>Los l\u00edquenes del sue\u00f1o<\/i> que public\u00f3 Tropo hasta estas frutas, \u00bflos cuentos requieren m\u00e1s meditaci\u00f3n que cualquier otra obra literaria?<\/p>\n<p>A.O.: Son muchos m\u00e1s a\u00f1os en realidad, puesto que <i>Los l\u00edquenes del sue\u00f1o<\/i> es una reedici\u00f3n de los relatos que escrib\u00ed entre 1980 y 1995. <i>Astrolabio<\/i> fue, en sentido estricto, el \u00faltimo libro escrito -all\u00e1 entre 2002 y 2003- aunque <i>La m\u00e1quina de languidecer<\/i> fue el \u00faltimo que se public\u00f3, en 2009. Entretanto, con textos anteriores, se ha editado un bestiario artesanal en edici\u00f3n limitada (<i>Cuando fui jaguar<\/i>), un ebook multimedia con traducci\u00f3n de Paolo Remorini (<i>Racconti abissali<\/i>) y est\u00e1 a punto de salir un librito ilustrado (<i>Almanaque de asombros<\/i>).<\/p>\n<p>Todos mis libros requieren una labor ardua ya que est\u00e1n escritos en clave de orfebre: intento amoldar cada palabra minuciosamente, trabajar con tes\u00f3n cada frase hasta que traslade alguna felicidad al lector, engastar experiencias comunes o ins\u00f3litas con precisi\u00f3n y belleza, plegarme por entero a las necesidades de la narraci\u00f3n, hallar la forma adecuada para contar aquello que quiero contar. <i>Las frutas de la luna, <\/i>en particular<i>,<\/i> es fruto de una parsimoniosa fermentaci\u00f3n de tres a\u00f1os en la barrica. Y uno de sus relatos, <i>El s\u00edndrome de Lugr\u00eds<\/i>, me consumi\u00f3 ocho meses de escritura y por tanto de vida. Este relato -con el que creo humildemente haber descrito un s\u00edndrome nuevo o, al menos, haberle puesto nombre a algo que no lo ten\u00eda- tal vez redima a los dem\u00e1s del conjunto.<\/p>\n<p>No obstante, la forma en que trabajo mis historias siempre ha estado condicionada, a partes iguales, por mi perfeccionismo y por la lentitud que causa mi torpeza. No resulta f\u00e1cil lograr que un cuento inquiete o conmueva, que acompa\u00f1e al lector mucho despu\u00e9s de su lectura, que perdure. Los relatos son mi punto de partida y mi meta (llevo treinta y cinco a\u00f1os entregado a ellos con absoluta devoci\u00f3n), y yo soy de los que piensan que los frutos del arte y de la imaginaci\u00f3n deben madurar en la penumbra del silencio, la calma y la soledad; que toda energ\u00eda debe concentrarse en buscar la excelencia literaria, en armonizar fondo y forma; que escribir es, como la ciencia, una determinada forma de contemplar el mundo, un modo de cambiar la percepci\u00f3n de la realidad, un ejercicio de reconstruir o amplificar la vida. Azor\u00edn dec\u00eda que el estilo es una consecuencia ineludible de la vida. Mi trabajo es crear el mejor arte que pueda, aunque me lleve mucho tiempo conseguirlo.<\/p>\n<p>C.M.: Est\u00e1s considerado uno de los mejores cuentistas de nuestro pa\u00eds, \u00bfen qu\u00e9 estado de salud se encuentra el g\u00e9nero?<\/p>\n<p>A.O.: Te agradezco enormemente tu generosa apreciaci\u00f3n, aunque yo me sigo sintiendo imperceptible, al menos para los grandes cr\u00edticos y los suplementos nacionales. Como dec\u00eda Bernard Shaw, florec\u00ed antes de los veinte a\u00f1os, pero casi nadie aspir\u00f3 mi aroma hasta despu\u00e9s de los cuarenta: me cost\u00f3 veinte a\u00f1os -hasta 1999- publicar en ediciones que pudieran verse en el escaparate de una librer\u00eda, y otros diez m\u00e1s -hasta 2009- publicar en una editorial de alcance nacional. Pero me enorgullece haber ido ganando lectores entusiastas a pulso, poco a poco, uno a uno casi literalmente. Ahora hay incluso traducciones en marcha al rumano, al griego y al japon\u00e9s.<\/p>\n<p>En cuanto al estado del g\u00e9nero breve, recuerdo que en otra entrevista de hace dos d\u00e9cadas dije lo siguiente: \u201cMe da la impresi\u00f3n de que comienzan a condensarse algunas sombras: la saturaci\u00f3n, su enga\u00f1osa facilidad de composici\u00f3n, el hecho de que lo confundan con un caj\u00f3n de sastre, esos autores consagrados que lo venden como retales. No se trata de una actitud elitista, \u00fanicamente me gustar\u00eda que no se llegara antes a la banalizaci\u00f3n que a la normalizaci\u00f3n. Har\u00eda falta una consistente red de revistas especializadas -y pagadoras- y, por supuesto, un cambio muy considerable en la percepci\u00f3n que tienen de la narrativa breve los editores y los lectores\u201d. S\u00f3lo me queda insistir en que el cuento contin\u00faa siendo un g\u00e9nero incomprensiblemente menospreciado (puede que sea el precio a pagar para mantener su condici\u00f3n de <i>delicatessen<\/i>, de lugar ideal para la exigencia, la transgresi\u00f3n, la experimentaci\u00f3n, ajeno a los circuitos comerciales). A\u00f1adir, tal vez, que Internet y las redes sociales parecen estar incubando tantos lectores como autores y multiplicando las piezas hasta el infinito. Concluir con la sensaci\u00f3n vehemente de que el relato se mantiene invisible para los cr\u00edticos m\u00e1s afamados, quienes no pueden otear m\u00e1s que las novelas, esa vianda \u00fanica (piltrafas en ocasiones) que los grandes grupos editoriales les dejan justo bajo los ojos.<\/p>\n<p>C.M.: Despu\u00e9s de leerte, de nuevo, me queda una duda y una punzada en el est\u00f3mago, \u00bfde verdad los seres humanos somos tan pat\u00e9ticamente id\u00e9nticos como cuentas en el soberbio <i>El s\u00edndrome de Lugr\u00eds<\/i>? \u00bfDebemos acabar con lo que somos para renacer o terminaremos como Manuel Lugr\u00eds en un psiqui\u00e1trico sin poder reconocernos?<\/p>\n<p>A.O.: El personaje de este relato siente, en mitad de una calle atestada, un momento epif\u00e1nico pero terrible (la regularidad de todos los rostros humanos, la pesadilla de la repetici\u00f3n de los rasgos f\u00edsicos de la especie) que acaba llev\u00e1ndolo a la locura. Pienso que vivimos en la conciencia de un \u00fanico yo, que cada uno de nosotros se cree el centro del mundo -algo l\u00f3gico, producto de la tiran\u00eda de nuestra conciencia individual y de las viv\u00edsimas sensaciones f\u00edsicas proporcionadas por nuestro cuerpo-, cuando no somos m\u00e1s que la microsc\u00f3pica parte de un cardumen, de un enjambre, cuando no somos m\u00e1s que integrantes an\u00f3nimos de las infinitas arenas de una playa. Me gusta pensar en <i>El s\u00edndrome de Lugr\u00eds,<\/i> y en los dem\u00e1s relatos de <i>Las frutas de la luna<\/i>, como ventanitas desde las que asomarse a las simas de la condici\u00f3n humana, desde las que\u00a0 preguntarse qui\u00e9nes somos y cu\u00e1l es nuestro lugar en el universo. Las experiencias, los sue\u00f1os, destilados por medio de la alquimia de las palabras, permiten singladuras \u00fanicas a cada lector, viajes siderales al fondo de cada uno donde descubrir que no somos m\u00e1s que polvo de estrellas.<\/p>\n<p>Ser\u00eda muy deseable ese renacer que se\u00f1alas. Aramundos, el afilador del cuento del mismo t\u00edtulo, se esfuerza in\u00fatilmente cada primavera en detener el tiempo con el sonido de su flaut\u00edn, siente la misma l\u00e1stima cada a\u00f1o porque sabe que los hombres, \u201cfirmes en el asidero de sus h\u00e1bitos, nunca han dado indicaci\u00f3n cierta de cambio\u201d. A pesar de todo, \u00e9l persevera en su faena, tratando de darnos otra oportunidad: \u201cSu presencia y el silbo graneado de su flauta anuncian una ocasi\u00f3n renovada, pero es arduo para la civilizaci\u00f3n regresar al comienzo, cuando el mundo era nuevo y los hombres, ben\u00e9volos, viv\u00edan en la inocencia y la hospitalidad. Y \u00e9l sue\u00f1a igualmente con ese d\u00eda. Aunque, resignado, Aramundos sabe tambi\u00e9n que ellos pueden volverse luz y siempre quieren quedarse sombra\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde que la editorial P\u00e1ginas de Espuma publicara en 2009 La m\u00e1quina de languidecer, \u00c1ngel Olgoso ha permanecido en un prudente silencio que le ha permitido ir conformando su nuevo libro, Las frutas de la luna (Menoscuarto). Olgoso trabaja cada uno de los cuentos con una meticulosidad propia de otro tiempo, cuando la \u00a0reflexi\u00f3n a\u00fan<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/2013\/05\/20\/angel-olgoso-sobre-las-frutas-de-la-luna\/\">Leer m\u00e1s&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":221,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","enabled":false},"version":2}},"categories":[5,1],"tags":[],"class_list":["post-220","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-los-escritores-tambien-hablan","category-otras-entradas"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/files\/2013\/05\/frutas-de-la-luna.png","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2Zb7Q-3y","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/220","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=220"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/220\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":224,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/220\/revisions\/224"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/media\/221"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=220"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=220"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/carmenmoreno\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=220"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}