{"id":567,"date":"2016-11-05T15:31:33","date_gmt":"2016-11-05T15:31:33","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.culturamas.es\/anamarch\/?p=567"},"modified":"2016-11-05T16:13:27","modified_gmt":"2016-11-05T16:13:27","slug":"la-resistencia-como-categoria-de-las-bellas-artes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.culturamas.es\/anamarch\/2016\/11\/05\/la-resistencia-como-categoria-de-las-bellas-artes\/","title":{"rendered":"La resistencia como categor\u00eda de las Bellas Artes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">No importa cu\u00e1n limitadas -o ilimitadas- sean las posibilidades de desplazarse: trasladarse de sitio carece de significaci\u00f3n si lo que se mueve es uno por el mundo, y no el mundo dentro de uno. Tendemos a pensar que todo viaje encierra una experiencia, pero la mayor\u00eda de las veces la asepsia de los lugares comunes -o com\u00fanmente tur\u00edsticos- deja intacta la expectativa, y volvemos sin que nada se haya modificado en nosotros. Ya pueden hacerse mil o ning\u00fan viaje, si el asombro o la intrepidez no se prenden a la mirada, nada cambia. Pero este no es el caso de lo que nos propone el libro <strong>\u2018<em>Viaje al Macondo Real\u2019<\/em><\/strong> (Pepitas de Calabaza, 2016) del periodista colombiano <strong><em>Alberto Salcedo Ramos<\/em><\/strong> (Barranquilla, 1963). La experiencia de desplazarse por la abrupta geograf\u00eda de las cr\u00f3nicas que lo componen alberga intensidad: la que dibuja la mirada saturada de valent\u00eda y fascinaci\u00f3n de su autor, y se vuelve imposible completar la traves\u00eda de la lectura sin advertir, de cuando en cuando, en medio de las detonaciones de verdades dulces o \u00e1speras combinadas con la biograf\u00eda intrincada de sus protagonistas, que uno se encuentra frente a uno de esos libros capaces de hacernos mutar -a base de una poes\u00eda sutil-, de una vez y para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Salcedo Ramos forma parte de esa estirpe de narradores que exhibe con maestr\u00eda la expresi\u00f3n, la intenci\u00f3n y el arte de contar la cultura popular desde la mirada que mira de frente y no rehuye, sino encuentra en los detalles m\u00e1s sutiles\u00a0y las historias m\u00e1s dispares material para entretejer lo m\u00e1s amargo y lo m\u00e1s tierno del acontecer humano, y lo hace con suficiente encanto como para embelesarnos sin descanso. Es de aquellos escritores que nos regalan, en esencia, el placer de comprobar que una historia bien contada, no s\u00f3lo se saborea, sino que puede deshacernos desde la boca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A trav\u00e9s de una prosa \u00e1gil y desprovista de l\u00edmites ideol\u00f3gicos el escritor\u00a0nos presenta una comitiva de seres marginales y excepcionales: m\u00fasicos de taberna, bufones, boxeadores olvidados, ind\u00edgenas, futbolistas travestidos o pueblos fantasmas que de pronto saltan a las noticias por alguna atrocidad. Personas\u00a0que nos dan la mano para\u00a0introducirnos en su mundo. Un mundo que no necesita recurrir a nada m\u00e1s que a los hechos para volverse fant\u00e1stico. La realidad como categor\u00eda de lo m\u00e1gico, donde las convenciones son tomadas por asalto y la cultura se reduce a su caos primario; mostr\u00e1ndonos que el mundo alberga en su gente m\u00e1s sencilla y en los paisajes m\u00e1s singulares e inaccesibles, la experiencia de lo sublime, si uno sabe mirar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La memoria es un disfraz de niebla, pero Salcedo la esculpe usando la palabra como una piedra viva. Lo humano se desviste ante su prosa y no hay rinc\u00f3n que escape a sus ojos \u00e1vidos de una buena historia, convirtiendo cada cr\u00f3nica en un examen de las leyes m\u00e9tricas de lo vivo. Aprendemos entonces que la fatalidad es un barco que naufraga s\u00f3lo si el sentido se ha descoloreado y queda desprovisto de su esencia, pues Salcedo hace l\u00facida la capacidad de sus personajes para mantenerse a flote en un mundo que, en muchos casos, les ha privado de la victoria, pero les ha brindado en cambio: sabidur\u00eda, dignidad y la excelsa y sencilla virtud del que resiste.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/anamarch\/files\/2016\/11\/macondo2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-570 aligncenter\" src=\"http:\/\/blogs.culturamas.es\/anamarch\/files\/2016\/11\/macondo2.jpg\" alt=\"macondo2\" width=\"192\" height=\"262\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta rese\u00f1a fue publicada originalmente en la revista <a href=\"https:\/\/buensalvaje.com\/\">Buensalvaje Espa\u00f1a<\/a>\u00a0VIII<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No importa cu\u00e1n limitadas -o ilimitadas- sean las posibilidades de desplazarse: trasladarse de sitio carece de significaci\u00f3n si lo que se mueve es uno por el mundo, y no el mundo dentro de uno. 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